Capítulo 3 Ambiente

CATALINA

Pienso en que Damián vino con bien y me siento aliviada pero ahora que estamos en mi habitación no puedo evitar sentir la necesidad de estar con el; de desearlo y que me sienta hasta más no poder.

—Catalina... —Damian suspiró mientras yo le acariciaba su abdomen y le dejaba besos allí. Desabroché su pantalón y se lo bajé. —Por Dios —jadeó mientras le lamía su miembro, y se lo acariciaba. Quiero que se sienta en las nubes y llevarlo el paraíso.

Yo, con el deseo ardiente en mis ojos, continué sus caricias, decidida a llevar a Damián al éxtasis. Cada movimiento, cada beso, estaba cargado de pasión y amor. La habitación se llenó de susurros y gemidos mientras nos entregaban el uno al otro con una intensidad abrumadora.

—Catalina, eres increíble —murmuró Damián, sus manos recorriendo suavemente mi cuerpo mientras dejaba escapar gemidos de placer. —Te deseo más de lo que puedo expresar.

El deseo mutuo nos unía de una manera inquebrantable. Los dos compartíamos un momento de intimidad apasionada, en el que no importaba nada más que el amor que sentíamos el uno por el otro. La intensidad del momento aumentaba con cada caricia, cada beso, cada mirada de deseo compartida.

Yo estaba decidida a llevar a Damián al paraíso, y podía sentir el mismo deseo ardiente en él. La pasión nos envolvía en un abrazo íntimo, y nuestros cuerpos se entrelazaban en una danza de amor y deseo.

El tiempo se detuvo mientras nos perdíamos el uno en el otro, y el mundo exterior desaparecía. En ese momento, solo existíamos los dos, compartiendo nuestro amor y pasión en la intimidad de la habitación. El romance y la pasión se entrelazaban en una melodía perfecta, y el amor que sentían el uno por el otro se expresaba de la manera más apasionada.

—Te amo —susurró Damián mientras eyaculaba dentro de mi—Y quiero formar una familia contigo. Catalina, casémonos.

La propuesta me tomó por sorpresa obviamente pero también me llenó de felicidad.

—¿Que? —cuestioné asombrada.

—Eso, quiero casarme contigo y que estemos juntos por siempre, mi amor. No puedo respirar si no estas conmigo. Estoy dejando todo atrás por ti, estoy haciendo una nueva vida y estoy arreglando los problemas que se nos pueden venir encima. Pero confía en que tendremos una vida normal.

Sonreí ante su proposición, la emoción no cabe en mi pecho.

—Si quiero, Damián, claro que quiero casarme contigo. —respondí, besándolo.

—¡Catalina, ya llegué! ¡Max, estoy aquí, traje la cena! —mi hermana Paula se escuchó en la entrada.

Miré a Damián con algo de temor.

—Quédate esta noche en mi habitación, ya no quiero que estes en ese horrible ático. ¿Tienes hambre? Tenemos mucho de que hablar —le sonreí.

—Está bien. Ve con tu hermana, no quiero que venga a buscarte acá —susurró. Asentí mientras buscaba un camisón y me lo ponía. Salí de la habitación en el mismo momento en que Max salía de la suya. ¿Todo este tiempo estuvo aquí? ¿Nos habrá escuchado? Eso es bizarro.

—Voy a cenar —le dije a Max con algo de pena.

—Yo igual —murmuró mientras caminábamos escaleras abajo.

Caminamos juntos escaleras abajo, Max y yo, compartiendo un silencio incómodo. La idea de que Max hubiera estado presente durante mi momento íntimo con Damián pesaba en mis pensamientos, creando una sensación extraña en el ambiente.

—Catalina, lamento haber estado aquí en un momento tan inoportuno —dijo Max, rompiendo finalmente el silencio—. No era mi intención escuchar lo que estaban haciendo.

Catalina, con un suspiro, le sonrió con simpatía y vergüenza.

—No te preocupes, Max. Las circunstancias nos han llevado a vivir situaciones inusuales, y estoy segura de que no eras consciente de lo que estaba sucediendo arriba.

—¿Todo bien? —inquiere Paula empezando a sacar la comida empacada. —¿Han ocurrido más eventos cuando me fui?

—No, —respondí sentándome—Todo normal.

—Igual hablé con la policía y dijeron que dos oficiales cuidarán la casa desde afuera. Me siento más segura así.

La idea de que habrán dos oficiales afuera me aterraba, no por mi sino por Damián. Ya no podrá salir libremente.

La cena transcurrió en un ambiente de incomodidad, pero Max estaba visiblemente preocupado y un poco enojado. A medida que compartíamos la comida, la conversación giraba en torno a planes futuros y la idea de mudarse a otro lugar.

—¿Que dices? —cuestione a mi hermana—No me iré.

—¿Por qué no? Será un nuevo comienzo.

—He vivido aquí toda mi vida y acá tengo mi universidad.

—Puedes viajar, Catalina. Este barrio se volvió peligroso desde que ese tal Damián se mudó aquí. No es sano y no voy a permitir que dañen a mi familia.

—Estoy feliz de que hayas encontrado a alguien que te haga sentir tan bien, Catalina —dijo Max, intentando encontrar un punto de reconciliación con la situación porque si seguimos así mi hermana y yo terminaremos discutiendo.

—No estoy de acuerdo.

Mi hermana solo calló.

La noche transcurrió de manera tranquila, aunque la sombra de la inusual situación que había vivido continuaba presente. La cena en familia había proporcionado un respiro momentáneo de la intriga y el peligro que habíamos enfrentado, y juntos estábamos metidos en esto. Paula no pero los enemigos de Damián la conocía. Yo no podía dejar de pensar en la idea de mudarme a otro lugar, no quería pero quizás mi hermana tenga razón y sea más seguro para ella. Justo ahora solo pienso en ella y en Damián. Quiero que estén a salvo. A pesar de todo también me preocupo por Max, se que está enamorado de mi pero no puedo corresponderle porque mi corazón le pertenece a Damián.

—Gracias por la cena —dijo Max.

—No hay de que, Max. Ya eres parte de mi familia. Me alegra que estes aquí mientras no estoy así se que Catalina no está sola. —Paula nos dio una última sonrisa y subió las escaleras, supongo a su habitación.

Tomé los platos y los llevé al fregadero para lavarlos, Max me ayudó.

—No es necesario, Max, puedo sola.

—No, te ayudo. Encontré un nuevo trabajo —dijo para liberar la tensión del ambiente.

Lo miré.

—¿En serio? ¿Donde?

—En una agencia, necesitaban un fotógrafo de manera permanente, les mostré mi trabajo y decidieron contratarme. Mañana empiezo.

—¿Y la universidad?

—Iré después de clases, no te preocupes.

—Me da gusto por ti —le sonreí—Al menos a ti te va bien en la vida.

—No te cases con el —soltó de una vez así que lo miré con horror.

—¿Que?

—No quiero que te cases con Damián, Catalina, su vida esta llena de maldad y peligros. Mejor... —Max me tomó de las manos—.... Cásate conmigo.

Max me miraba con seriedad, con una expresión de profundo deseo y preocupación en sus ojos. Su propuesta tomó por sorpresa a mi corazón, y me dejó sin palabras por un momento. Las palabras de mi hermana resonaban en mi mente, advirtiéndome sobre Damián y la peligrosidad que lo rodeaba.

—Max, es una decisión importante, y no puedo tomarla a la ligera. Mi corazón pertenece a Damián, y eso no cambiará —le dije con sinceridad.

Max parecía desanimado, pero también entendía que no podía forzarme a sentir algo que no estaba en mi corazón. La tensión en el ambiente se hizo más palpable mientras sostenía su mirada.

—Entiendo, Catalina. Solo quiero que estés segura y feliz. Si alguna vez cambias de opinión, estaré aquí para ti.

Terminamos de lavar los platos en un incómodo silencio. La noche avanzaba, y mi mente estaba llena de pensamientos y emociones contradictorias. Mi relación con Damián y la propuesta de Max me habían llevado a un cruce de caminos, y no sabía cuál sería mi elección final.

Mientras subíamos las escaleras para retirarnos a nuestras habitaciones, Max se detuvo y me miró con ternura.

—Buenas noches, Catalina. Piensa en lo que te dije. Si necesitas hablar, estaré aquí.

—Gracias, Max. Buena noche.

Cada paso en mi habitación era un recordatorio de la noche con Damián, y la propuesta de matrimonio que me había tomado por sorpresa. Mi mente estaba llena de pensamientos turbulentos, y sabía que debía tomar una decisión importante en los próximos días.

Mientras me sumía en mis pensamientos, me preguntaba si mi amor por Damián sería suficiente para superar los peligros que lo rodeaban y si Max tenía razón al advertirme sobre el camino que había elegido. La incertidumbre llenaba mi corazón, y no sabía qué depararía el futuro.

Finalmente, me acurruqué en mi cama junto con Damián, con el corazón dividido entre dos hombres y las complejidades de las decisiones que se avecinaban. La noche se cernía sobre mí, y en la oscuridad de mi habitación, me quedé perdida en mis pensamientos, tratando de encontrar respuestas en el laberinto de emociones que me envolvía.

A la mañana siguiente, me dirigí a la universidad con la mente llena de pensamientos tumultuosos. La propuesta de matrimonio de Max y la advertencia sobre Damián seguían rondando en mi cabeza, y la incertidumbre me pesaba. A medida que llegaba a la universidad, intenté concentrarme en mis clases y dejar de lado mis dilemas personales.

Sin embargo, mi día no tardó en tomar un giro inesperado. Durante la pausa entre clases, me encontré en el pasillo con una compañera de curso, Carolina. Habíamos tenido diferencias en el pasado, y no era un secreto que nuestras personalidades chocaban con frecuencia.

—Catalina, ¿puedo hablar contigo un momento? —dijo Carolina con una sonrisa falsa en el rostro.

Sentí una corriente de tensión en el aire, pero asentí con cautela.

—Claro, ¿qué pasa?

Carolina comenzó a hablar en un tono condescendiente, criticando mi elección de novio y desestimando mi relación con Damián. Sus palabras eran hirientes y malintencionadas, y no pude evitar sentirme enfurecida por su actitud.

—No sé cómo puedes estar con alguien como él, Catalina. Deberías reconsiderar tu elección. Estás poniendo en riesgo tu futuro y tu vida —dijo Carolina con una mirada desafiante.

La ira creció dentro de mí, y no pude contenerme más.

—Carolina, no te metas en mi vida personal. Mi relación con Damián es asunto mío, y no tienes derecho a juzgarme ni a hablar mal de él de esa manera.

Nuestra discusión se intensificó, y en medio de un tumulto de palabras hirientes, ambas perdimos la calma. La tensión en el pasillo era palpable, y algunos estudiantes se acercaron para ver lo que estaba sucediendo.

—Deja a Max libre entonces.

De eso se trataba: ella estaba enamorada de Max.

—Yo no tengo que ver con Max.

—Pero el no deja de pensar en que tienen una oportunidad, hazme un favor y sácalo de esa duda.

Las palabras de Carolina habían cruzado una línea, y yo no estaba dispuesta a tolerar su actitud arrogante. Nos enfrentamos con palabras afiladas, y en medio de la discusión, no pude evitar soltar una acusación que la dejó sin palabras.

—Carolina, ¿es que acaso tienes envidia de lo que Max y yo compartimos? ¿Es eso lo que te está molestando?

La expresión de sorpresa en su rostro fue evidente, y finalmente, se retiró, dejándome sola en el pasillo con un nudo en el estómago. Mi enfrentamiento con Carolina había dejado heridas en ambas partes, y la tensión en el ambiente era palpable.

Me encontré preguntándome si Max tenía razón, si la elección que estaba haciendo con Damián estaba poniendo en riesgo mi vida y mi futuro. La lucha interna continuaba, y mi mente estaba dividida entre dos mundos opuestos: el peligroso pero apasionado mundo de Damián y la estabilidad propuesta por Max.

Yo me casaré con Damián, no hay vuelta atrás.

Mientras regresaba a clase, me sentía atrapada en un torbellino de emociones y decisiones que estaban más allá de mi control. El futuro seguía siendo incierto, y las consecuencias de los actos de Damián comenzaban a hacerse evidentes en mi vida universitaria. Parece que todos sabían sobre lo que Damián era y lo que hacía, conocían su mundo y ahora todos sabían que yo era la mujer de un mafioso.

Rodé los ojos y me fui en búsqueda de Max que estaba saliendo de la universidad.

—Max —lo llamé, este se giró a verme y me sonrió—¿Te puedo acompañar? Vas para tu nuevo trabajo.

—¿De verdad? Por mi encantado. —sonrió.

—Si, me gustaría ir.

—Vamos entonces —ambos nos subimos a su coche y Max arrancó. Aún está en mi mente su propuesta y sobre casarme con el. ¿En serio me quería tanto que hasta me propuso matrimonio?

—Le gustas a Carolina Cox —murmure en el camino.

—¿Que?

—Si, ella me lo reclamó hace rato en el pasillo. Quiere que te deje en paz.

—Carolina Cox... compartimos clases juntos y siempre está persiguiéndome. Lo siento si te molestó, le diré que no lo haga de nuevo.

—No le digas nada. Esta bien. En parte tuvo algo de razón.

—No estoy interesado en Carolina, Catalina. A mi solo me gusta una persona —me miró, me sentí alto nerviosa en ese momento.

—Está bien, cuéntame más sobre tu trabajo.

Sonrió de lado y asintió.

Mientras Max hablaba emocionado sobre su trabajo y sus expectativas, mi teléfono sonó una vez más. Era Damián. Lo miré, sintiendo que la tensión volvía a apoderarse de mí.

—¿No vas a contestar? —preguntó Max, notando mi expresión preocupada.

—Sí, debo hacerlo. Disculpa, Max.

Contesté la llamada de Damián, y de inmediato, su voz sonó tensa y cargada de celos.

—Catalina, ¿dónde estás? —preguntó en tono acusatorio.

—Estoy con Max, lo estoy acompañando a su nuevo trabajo. ¿Qué pasa, Damián?

La respuesta de Damián fue un suspiro exasperado.

—No entiendo por qué estás siempre con Max. Deberías estar pensando en nosotros, en nuestro futuro.

La conversación con Damián continuó en esa línea, con él expresando su descontento por mi relación con Max y su insistencia en que debía priorizar mi tiempo con él. La llamada fue incómoda, y la tensión entre Damián y Max solo aumentó.

Finalmente, después de colgar, me encontré atrapada entre dos hombres. Max y yo llegamos a su nuevo lugar de trabajo, pero la incomodidad seguía presente. Max intentó aligerar el ambiente.

—Lo siento si esa llamada te molestó. Estoy seguro de que Damián solo está preocupado por ti.

Asentí, aunque la preocupación sobre mi relación con Damián no desaparecía. Max entró a su trabajo, y mientras observaba desde la acera, me preguntaba si mis elecciones personales estaban poniendo en peligro mi futuro y mis amistades.

Mi teléfono sonó nuevamente, era Damián. La tensión en mi vida seguía en aumento, y me encontré luchando con la decisión que se avecinaba, mientras caminaba sola por las calles de la ciudad.

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