Capítulo 5 Pedida

Llegué a casa pero me detuve de inmediato al olvidar algo super mega importante.

¡El auto de mamá!

Saqué mi celular y le marqué a Oliver de inmediato.

—¿Aileen?

—Oliver, olvidé el auto de mi madre en la oficina.

—Mandaré a alguien por el.

—Traigo las llaves.

—¿Qué sugieres que haga?

—Hmm olvídalo. Iré por el más tarde —corté de inmediato. No sabía por qué le había marcado como primera opción.

—¿Aileen? —la voz de mi madre me hizo saltar del susto, iba a medias escaleras. —¿Donde está el auto? Saldré con mis amigas.

—Hmm... el auto, lo llevé al taller. Sí, parece que se explotó una llanta. Lo traerán en la tarde.

—¿De verdad?

—Sí, por eso me trajo un... amigo.

—¿Que amigo? —se cruzó de brazos. Mi madre iba lista para su clase de tenis con sus amigas. Sin embargo tenía que decirle de una vez sobre Oliver. Suspiré profundo y me decidí en hacerlo. Además no era una niña para que me dijera con quien salgo o con quien no.

—Mamá, tengo algo muy importante que decirte.

—¿Qué cosa?

—Tengo novio y es Oliver Price —dicho eso subí escaleras a paso rápido hasta llegar a mi habitación.

—¡Aileen! —segundos después mi madre estaba de pie en mi puerta—¿Que fue lo que me dijiste? ¿Me lo puedes repetir porque no escuché bien? Dijiste algo sobre Oliver Price. ¿Qué pasó con ese tipo?

—Es mi novio —saqué el hermoso vestido y lo puse en mi cama.

—¿¡QUÉ?!

—Nos enamoramos y ahora no podemos estar separados —parecía un robot repitiendo cosas sin sentido.

—No estoy para bromas. ¿Y ese vestido? Se ve que es caro pero esta hermoso. ¿Me lo prestas un día?

—Mamá —suspiré profundo, era hora de sacar mi modo sentimental para que pudiera creerme sino no me creería. Ella me conocía y sabía que si se lo decía en modo sin sentimientos sabía que algo más pasaba.—Ven, siéntate —nos sentamos en el borde de la cama—Hace unos meses conocí a un chico, empezamos a salir, a conocernos y nos dimos cuenta de que tenemos muchas cosas en común. Además me di cuenta de que es una muy buena persona a como pensaba que era. Me hace reír, me hace enojar mucho también, pero nos llevamos muy bien. Tenemos nuestras diferencias pero las hemos sabido sobrellevar muy bien. Lo quiero y ahora se que quiero estar con el.

—¿De quien me hablas?

—De... Oliver Price.

Mamá se quedó un momento en silencio pero después se echó a reír.

—No sigas bromeando, dime de una vez quien es.

La miré con cara aburrida.

—¿No estás bromeando?

—¿Me ves que me estoy riendo? —rodé los ojos.

—¿En serio es Oliver Price? ¿El que sale en las revistas? ¿El dueño de la empresa Price? ¿El billonario? ¿El soltero más codiciado del país?

Asentí.

Bueno, viéndolo así yo tampoco lo creería.

—Vendrá a las cuatro a pedirte mi mano.

Mamá seguía sin entender.

—Y-yo... esta bien. Si eso quieres lo esperaré —se puso de pie un poco rara, parece que mi clase de tenis se cancela—fue sacando su celular de su falda—estaré en la cocina, cariño, llámame si me necesitas. —salió de mi habitación. La seguí, abriendo o puerta. Iba por el pasillo y parece que llamaba a alguien.

—¿Tuti? Si, es Aileen, creo que esta delirando. Imagínate que me dijo que Oliver Price pedirá su mano —se rió—Si, esta niña cada vez va empeorando.

Cerré la puerta y la ignoré completamente. Al parecer nadie creía que yo podía conquistar a un chico y menos a uno como Oliver Price... ¿a quien engaño? No podría hacerlo JAMÁS. Me quité la ropa y me probé el vestido. Me quedó Justo a la media. Era delgada, tenía mi abdomen plano y buena figura. Lo que pasa es que no tengo dinero para sacarle provecho a mis atributos. Busqué unos tacones negros que tenía de hace mucho tiempo y me los puse. Si, creo que servirían. Me quité de nuevo la ropa para no dañarla y me puse mascarillas en mi cara, me senté frente al espejo y empecé a alisarme el cabello. Y eso que no le he dicho a mi madre que Oliver quiere que me mude con el. Bueno, es parte del trato. Además, ni siquiera les he dicho a las chicas.

Tomé mi celular y escribí en el grupo:

Aileen: hola, hola. Adivinen qué? Están invitadas a mi fiesta de compromiso.

Enviar.

Segundos después obtuve muchos mensajes como respuesta:

Vane: ¿¡QUE!? En qué momento pasó todo esto? AILEEN, RESPONDE

Trisha: por qué nosotras no sabíamos nada? Quien es tu novio? Lo conocemos? Cuánto tiempo tienen juntos? Por qué no nos contaste? :(

Aileen: fue algo imprevisto, como amor a primera vista <3 no les había contado nada porque quería estar segura pero después de unos meses saliendo a escondidas entendimos que éramos el uno para el otro.

Vane: interesante insertar carita pensativa

Trisha: cuando es la fiesta?

Aileen: Les enviaré las invitaciones en un rato. No me juzguen!

Dejé el celular de lado y continué planchándome mi pelo. Me sentía nerviosa muy en el fondo. Saber que estaba engañando a todos, incluso a mi madre. Me hacía sentir un poco mal, pero recordé una frase que leí en algún que dice: A veces en la vida tienes que tomar decisiones y a veces esas decisiones te toman a ti.

Aunque no se si en realidad era así.

Da igual.

Terminé.

Guardé las cosas, mirando a cada rato el reloj. Eran las dos de la tarde, aún tenía tiempo. Las chicas no vendrían porque estaban en la universidad y saldrían tipo cinco o seis se la tarde. Pronto estaré también por esos lados. Abrí mi laptop y empecé a mandarle mensajes a mis ex profesores, ellos me felicitaron porque vieron mi nombre de nuevo entre los estudiantes. Les pedí los trabajos de los últimos meses, los temas, las investigaciones y mas. Había mucho que hacer, era muchísimo trabajo por realizar. Pero como me gustaba improvisar hice una lista de todos los temas vistos, los resumiría. Luego hice una lista de todas las tareas, también las investigaría y las resumiría lo mejor posible. Hice una lista de las investigaciones, también las resumiría lo mejor posible. Tenía todo, ahora solo necesitaba material para empezar todo. Como tenía unas carpetas por ahí, aproveché el tiempo libre, poniéndome a investigar el primer tema. Era un poco largo, leí todo el tema, pensé y medité y anoté.

—¡Aileen! —el grito de mamá me hizo salir de mis pensamientos. Me dolía un poco la cabeza. Miré el reloj: ¡eran las cuatro de la tarde! Mierda, me había atrasado.

—¡Ya voy! —terminé de escribir lo último del tema, cerrando el cuaderno. Taché el primer tema. Igual tenía una semana para hacerlo. Me quité la mascarilla de la cara rápidamente, me puse un short corto y una camisa de tirantes y bajé. Oliver estaba de pie cerca de la puerta. Tenía una mano metida en el bolsillo de su pantalón y la otra de fuera.

—Señor Price, venga por aquí —mamá lo guió hasta la sala.

—Por favor, dígame Oliver.

—Bueno, solo si me dejas de tratar de usted y me dices Sofía.

—¿Y bien, mamá? —me crucé de brazos mirándola.

—Aileen, siéntate a la par de tu novio.

Me senté junto a Oliver.

—Te extrañé—susurró Oliver, dándome un tierno beso en la mejilla. Mamá se nos quedó viendo entre sorprendida y emocionada.

—La verdad cuando Aileen me dijo que eran novios no le creí, pensé que estaba loca —mamá rió un poco—Me siento sorprendida.

—Verás, Sofía, Aileen y yo nos conocemos desde hace un tiempo y nos enamoramos.

—¿Como se conocieron?

—En una fiesta —fue sincero—Me insultó porque me culpaba sobre una beca de la universidad. Lo hablamos, nos entendimos. Siendo sincero no tenía ni idea sobre esa beca pero después lo pudimos resolver. Ya se la devolví.

Mamá me miró. Yo asentí.

—No lo puedo creer, volverás a la universidad.

—En la otra semana.

—Nos odiamos desde un inicio pero bien dicen que del odio y el amor hay un solo paso —murmuré.

—Eso es muy cierto —mamá estuvo de acuerdo.

—Ahora que hemos decidido estar juntos quise venir a conocerte —le dijo a mamá—Y a pedirte la mano de Aileen porque me quiero casar con ella —Oliver tomó mi mano y la besó. Mamá estaba fascinada, siempre le había gustado el romance y todas esas cosas cursis.

Suspiré.

Lo que uno tiene que hacer para cumplir sus sueños, pensé.

—Por supuesto que si. Me da gusto que Aileen vaya a casarse y que más que contigo, Oliver, se ve que eres un hombre serio y que la harás muy feliz.

Asentí.

—La fiesta de compromiso será hoy —sacó unas invitaciones muy bien fechas y muy bonitas—Mi secretaria te las envío por correo —me dijo. ¡No puede ser! Por estar con las tareas olvidé enviarlas.

—Ya las vi —mentí.

Oliver le dio la invitación a mamá.

—A las seis de la tarde en el Romanoff. —leyó mamá. El Romanoff era el restaurante más caro y lujoso de por aquí. —No puede ser, no tengo nada elegante que ponerme.

—Eso no es problema.—dijo Oliver. El timbre de casa es tocado.

—Yo abro.

—¿De que estas habiendo? —lo miré misteriosa.

—Como no le respondiste a mi secretaria supuse que no viste el mensaje así que me encargué de enviar las invitaciones a tus amigas y he traído a un maquillista para que las arreglé.

—¡Aileen! —Vanesa y Trisha aparecen en mi campo de visión.

—Chicas —me puse de pie. Detrás de ellas pude ver a cuatro chicas más. Traían maquillaje y vestidos, muchos.

—Hola, soy Vanesa —saludó a Oliver con una sonrisa de oreja a oreja.

—Mucho gusto, Vanesa —respondió el.

—Yo soy Trisha, te he visto en la universidad un par de veces —saludó mi otra amiga.

—Es un gusto, Trisha.

—No sabía que ustedes eran novios. —murmuró Vanesa.

—Si, nos tomaron por sorpresa.

—Pues si, cosas que pasan —respondí.

—Yo me tengo que ir —me dijo—Vendré por ti a las seis de la tarde, ¿está bien?

Asentí.

Mamá estaba viendo todos los vestidos.

—Nos vemos, chicas.

—Adios, señor Price —dijeron ellas al unísono. Oliver se despidió de mi madre también para después irse. Cuando se fue pude soltar el aire que tenía contenido y ahora tendría que lidiar con estas dos chicas que querían una explicación.

Mamá carraspeó.

Tres, son tres chicas.

—¿Que esperamos? Tenemos que alistarnos.

—Aileen, ¿por qué no nos dijiste? —intervino Vanesa.

—Para ser sincera cuando a mi me dijo no le creí —siguió mamá.

—Quizás no te hubiéramos creído —ahora fue Trisha quien habló—Pero ¿Oliver Price? Aun no me cabe en la cabeza como fue que se conocieron o se enamoraron.

—Les contaré todo mientras nos alistamos. Mientras tanto vayan haciendo un espacio en sus almuerzo porque en la otra semana estaremos almorzando juntas en la universidad.

—¿¡Qué?!

—No me lo puedo creer. —chillaron de la emoción.

Sentía que toda esta emoción tenía un precio que pagar.

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