Capítulo 2 UNA NUEVA VIDA I

ARIELE NOWAK

LONDRES, INGLATERRA

[ACTUALMENTE]

COTRONIS COMPANY

El día es realmente increíble, mis ojos no se apartan de la pantalla mientras sigo trabajando en mis obligaciones y me encanta saber que puedo sumergirme tan profundamente en lo que tanto me gusta. Hace tres años que comencé a trabajar en una de las empresas multimillonarias más prestigiosas de Londres, descubrí que aparte de la publicidad, ser community manager ha sido una experiencia nueva y de las mejores cosas que me ha tocado vivir.

Ahora no solo me limito a crear y redactar contenido sobre las últimas novedades que aparecen en el mundo artístico, también puedo gestionar blogs corporativos, administrar la elaboración de una celebración especial o involucrarme con respeto en los aniversarios de las empresas aliadas.

— ¡Ariele, estoy hablandote! — la voz de Milene, me saca de mis pensamientos y me aturde un poco cuando me sobresaltó.

— ¿Te has vuelto loca? — refunfuño — No escuche nada de lo que has dicho, lo siento. Estaba muy concentrada.

Blanquea los ojos y niega con la cabeza.

— Siempre distraída en el trabajo — asiento de acuerdo con ella — No hay día que no estés sumergida en tus cosas.

— No es del todo mi culpa — me defiendo.

— Tienes una llamada de arriba — anuncia y bajo la mirada para encontrar que tiene el aparato contra su mano.

— ¿Puedes creer que ni siquiera lo escuche? — agarro el teléfono y le sonrio en forma de disculpa.

— No me hagas pucheros y atiende — se ríe.

— ¡Eres un sol! — le aviento un beso en el aire — ¡Te debo una!

— ¡Me debes miles! — contesta y sale dejandome sola.

Es una lástima que tuviera que venir aquí solo para decir que estaban llamando. Soy una despistada cuando estoy haciendo lo mio.

— Buenos días — saludo — Corporation Social Network ¿En que lo puedo ayudar? — digo de forma automática.

— ¿Tan ocupada estás que no puedes atender tú misma? — pregunta mi jefe sin un tono de enfado.

— Román, de verdad lo siento mucho — vuelvo a disculparme una vez más.

Román Levin, es uno de los redactores en jefe mejor remunerados en V.C. Corporation. No solo es bueno en su trabajo, si no que también ha logrado hacer negocios con los mejores y más grandes influyentes del entretenimiento.

— Olvidalo, necesito que subas de inmediato — ordena — ¡Ahora mismo! — cuelga dejandome con una sonrisa de oreja a oreja. Nunca ha sido capaz de regañarme realmente.

No me gustaría sonar arrogante, pero soy una de las mejores empleadas de este lugar, la más disciplinada y jamás faltó para no perder un día de trabajo. Me cuido lo mejor que pueda para no enfermar y viajar a otros lugares me da la oportunidad de respirar nuevos aires.

— ¡Milene! — llamo a mi amiga — Ire al piso superior — le informo y asiente.

— ¿De nuevo saldrás del país? — pregunta.

— ¡Eso espero! — me voy alejando.

— ¡Qué emoción! — dice con sinceridad — Que tengas buena suerte.

Una vez que le dejó saber a donde voy, salgo de mi pequeña oficina/cubículo y voy hasta los elevadores. Un suspiro brota de mis labios y mi pecho late desbocado sin poder evitar sonreír como una tonta soñadora.

Me encanta cuando tengo que salir o presiento que lo haré, es como un regalo mandado del cielo que me permite ir y venir absorbiendo la energía necesaria para estar de buen humor sin parecer demasiado agotada. Una vez que llegó a la cima del edificio y admiro el lugar como siempre que me toca subir y hablar con mi jefe. Me acerco a su secretaria.

— Buenos días, Diane — saludo a la chica — Román me ha mandado a llamar ¿podrías decirle que ya estoy aquí? — asiente con una bonita sonrisa.

— Buenos días, Ariele — me devuelve el saludo con amabilidad — No tengo que avisarte, me ha dicho que apenas llegaras aquí, entrarás a su oficina.

— Es un mandón — me burlo y continuó hasta su oficina.

— Ni que lo digas.

— Gracias, Diane.

Cuando estoy frente a la puerta, mi corazón late con mucha más fuerza y siento el subidón de adrenalina que hormiguea por todo mi cuerpo por los nervios. Con los nudillos doy algunos toques sutiles y solo escucho el “Adelante” de mi jefe.

Al abrir, lo encuentro sentado detrás de su escritorio regalándome una suave sonrisa y sus duras facciones cambian de inmediato.

— Parece que has venido corriendo — se pone de pie y se acerca a mí para envolverme en un abrazo cariñoso.

— No podía esperar un segundo más — digo — Mucho menos después de llegar tan tarde, por cierto, lamento mucho la demora.

— No tienes nada que lamentar, hermosa — se aparta de mi lado — Me alegra que todavía te entusiasme la idea de salir de aquí cada vez que te llamo.

Román, no solamente es mi jefe. También es mi mejor amigo y uno de los compañeros más cercanos después de Milene. Desde que entré a trabajar aquí, no ha sido más que un gran apoyo en todo lo relacionado a mi oscuro pasado.

— ¿Cómo te sientes? — pregunta, pasando su brazo por encima de mis hombros y llevándome al sofá.

— ¡Muy bien! — suelto con entusiasmo — Ahora, deja de perder el tiempo y dime que tienes para mi — se ríe con lo ansiosa que estoy.

— No es algo inmediato, pero tenía que decírtelo para que te prepararas — explica y se coloca a mi lado. Mi sonrisa de pronto comienza a borrarse y el parece notarlo porqué suelta una risita al ver que perdí toda mi algarabía.

— Era demasiado bueno para ser real — me desplomo en el comodo cuero negro de su sofa.

— ¿Qué actitud es esa? — entrecierra los ojos — ¡Arriba esos ánimos! — alienta e intento que regrese ese subidón — Tengo una muy buena noticia para ti.

— ¿Si? No me digas mentiras.

— Jamás te mentiría — es cierto, nunca jugaría con algo tan sagrado para mi — ¿Has escuchado el nombre de Salvatore Vetrov?

Mis ojos se agrandan al escuchar el apellido de semejante personaje. Si algo se de Salvatore, es que es un hombre demasiado poderoso en el mundo del espectáculo, claro que según es toda una fachada porqué trabaja bajo cuerda con la mafia rusa. Pero, es algo que nunca se ha confirmado y el jamás lo admitiría.

— ¡Claro que sí! — aplaudo nerviosa — He querido hablar con él, desde hace muchísimo tiempo, pero el tipo parece tan peligroso.

— Y lo es — admite sin ningún problema — Pero, creo que ahora vas a tener esa gran oportunidad que tanto has querido — me da un golpecito en la punta de la nariz con su dedo índice.

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