Capítulo 1 Noche

SAMANTHA

Noche de Halloween, 2025

Todos tienen miedo sobre lo que no conocen: magia, espíritus, brujería... el diablo. Yo nací en una familia donde esos temas son del día a día. La magia está dentro de mi; el poder de hacer hechizos y conjuros son parte de mi vida. Desde que tengo uso de razón mis padres me han enseñado todo lo que se tiene que saber de brujería pero nunca me enseñó sobre lo que era la amistad, ser sociable, ser como una persona normal.

Toda mi vida he vivido aislada. La casa de mis padres está en el bosque, un poco alejada de los demás. Es una casa grande, con su propio cementerio, con árboles frondosos y mucha vegetación. Cada Halloween tengo que soportar ver a los chicos del pueblo venir y lanzar cosas al patio. Todos se retan a entrar pero ninguno lo logra. Es la única vez cuando puedo ver a tanta gente cerca de mi.

Mamá y papá ponen dulces en la entrada cada noche de Halloween pero nadie se atreve a comerlos. Ahora tengo dieciséis años recién cumplidos y nunca he pisado un colegio. Mis únicos amigos son mi hermana Kate y mis gatos. La familia nos visita cada mes para hacer sus reuniones y pociones.

Ansío tanto poder tener una vida normal. Al menos ir al colegio: graduarme, asistir al baile de graduación con el chico de mis sueños... de nada me sirve soñar despierta. Mis padres jamás lo permitirían.

Es casi de noche, los chicos están por llegar. Me puse un vestido negro largo y el típico sombrero de brujas. Digamos que era mi disfraz. Mamá nos dejaba salir esa única vez porque decía que nos podíamos camuflar entre tantos. Peiné mi largo cabello negro y me maquillé un poco. Aunque yo no era una persona que necesitaba maquillaje. La familia Holley nacía con el don de la belleza. Es por eso que creo que los hombres quedaban embobados cuando nos veían. Para las mujeres del pueblo era peligroso y era otra razón para ser odiadas.

—¿Lista? —Kate entra a la habitación, ella es un año menor que yo. Usa un vestido corto, adherido  a su cuerpo y su largo cabello negro también va suelto. A pesar de ser hermanas éramos muy diferentes físicamente y claro, en la personalidad. A mi hermana le gusta socializar, ser el centro de atención pero a mi no, prefiero pasar completamente desapercibida. Sin embargo, tengo un pequeño problema: mi ira. Suelo enojarme muy rápido y a veces me da miedo de lo que puedo llegar a hacer.

—Lista.

—¡Es hora de las brujas! —exclama tomándome de la mano y llevándome abajo.

—Niñas, recuerden lo que les dije —nos intercepta mamá.

—Si, mamá. —respondí aburrida. Ya he hablado muchas veces con ella sobre salir al mundo real pero parece no entenderlo.

—Solo quiero cuidarlas —responde.

—Nos podemos cuidar solas —respondí—al menos que de algo sirva tener magia —elevé las cejas.

—Sammy, por favor. Sé por qué estás así. Ya hemos hablado de eso.

—Y no lo volveré a repetir —dije—es algo que quiero hacer y créeme que lo haré. Estoy cansada de este maldito encierro —tomé de la mano a Kate y salimos de casa.

—¿Crees que mamá pueda ceder y podamos salir de una vez por todas de acá? Siento que me estoy perdiendo mucho acá dentro. Afuera hay todo un mundo —dice Kate.

—Lo hará —suspiré—O cuando cumpla mis dieciocho me iré muy pero muy lejos.

—A donde sea que vayas yo iré contigo —le da un leve apretón a mi mano y yo le sonrío.

No tomamos nuestras escobas para volar y transportarnos a otros lugares. Somos brujas modernas: usamos coche. Mi padre me regaló el auto cuando cumplí quince, tratando de calmar mi berrinche de querer salir. Al menos sirvió de algo.

Manejé al pueblo donde todo estaba vestido de Halloween. Las casas decoradas perfectamente con fantasmas, telarañas, monstruos de las películas. Me reí a mis adentros porque si supieran lo que de verdad son los espíritus... una vez me tocó ver uno y no fue nada agradable.

Cuando nos bajamos del coche a buscar palomitas de maíz la gente nos quedó viendo raro. No era novedad. Quise comprar una pero el vendedor se alejó.

—¡No les vendemos a brujas! —exclamó él y se fue. Me sentí mal en el fondo, se supone que ya debería de estar acostumbrada.

—Olvídalo, Sammy, en casa haremos palomitas. Te dije que debíamos usar máscaras.

—No quiero esconderme de la gente solo para ser aceptada —susurré. A lo lejos escuché a un grupo de chicos reír. Estaban en grupo, platicando de cualquier cosa y riendo. Me gustaría tener amigas algún día.

—¡Mira, Sam, hay manzanas bañadas en chocolate! —Kate me arrastró hasta el puesto donde estaba un chico de nuestra edad. Apenas nos vio se puso algo nervioso.

—¿Me das dos? —le pide Kate.

El chico asintió con mucho nerviosismo y le dio las manzanas.

—Gracias —Kate tomó el dinero e intentó pagarle pero él no quiso tocarla.

—Cortesía de la preparatoria —sonrió nervioso.

—¿En serio? Muchas gracias —respondió ella—Soy Kate, por cierto. ¿Como te llamas?

El chico abrió la boca para responder pero no lo hizo. Tomé la mano de Kate y la saqué de ahí.

—El chico no quería recibir nada nuestro, Kate, por eso nos regaló las manzanas. —le dije tirando la manzana al piso—Nos tienen miedo; creen que los vamos a embrujar. —suspiré frustrada—Estoy arrepintiéndome de haber venido.

—Por favor, Sammy, no seas negativa...

—Pero miren quiénes son... —escuché una voz. Giramos y miramos al mismo grupo de chicos. —Las brujas del pueblo. Qué valor tienen al venir aquí.

—No son bienvenidas. Es una celebración para gente del pueblo. —dijo otra chica.

—No sabía que tenía que pedir permiso para venir al pueblo en el que vivo. —les dije.

—Ustedes no viven aquí. Viven en el exilio, en el bosque donde pertenecen. Aún no entiendo cómo no las hemos linchado —se burló otro.

Estaba sintiendo el enojo recorrer todo mi cuerpo. Kate lo notó y me tomó del brazo.

—Solo estamos aquí para divertirnos un rato —dijo ella a mi defensa—Nos iremos pronto.

—No las queremos aquí —dijo otro.

—Si, váyanse —se unió alguien mas. De pronto nos sentimos acorraladas. Los del pueblo empezaron a gritar que nos fuéramos y, de pronto, empezaron a lanzarnos frutas y otras cosas.

—Sam, vámonos—suplicó Kate pero ya era tarde. Me había enojado.

—¡Ya basta! —grité y todos quedaron en silencio. —Todos ustedes son unos idiotas —el viento sopló más fuerte—Inútiles —y más fuerte.

—Sam...

—Unos ignorantes que no conocen absolutamente nada de nosotros...

—Sam, basta.

—Dicen que somos brujas, ¿eh? Pues entonces les daré una pequeña demostración de lo que realmente puedo hacer.

—Samantha, basta.

De pronto hice que los cables de electricidad explotaran, lanzando chispas por todas partes. Después de eso el cielo se volvió gris y las nubes llenas de lluvia empezaron a llorar.

—¡Sam, es peligroso!

Los cables seguían chispeando. Los pobladores empezaron a correr lejos de nosotras. Un chico cayó al piso, donde había un charco de agua y un cable suelto estuvo a punto de electrocutarlo pero Kate lo detuvo. Congeló el cable y corrió hacia el chico para quitarlo de ahí. Un auto apareció de repente: eran mamá y papá.

—¡Samantha, es hora de irnos! —mamá nos tomó del brazo y nos metió al coche. La lluvia cesó y los cables dejaron de chispear. Tenía tanta rabia y tanta decepción conmigo misma que no dije nada más: solo me quedé callada en un estado de desánimo total.

—¿Para eso quieres salir al mundo real, Samantha? —me dice mi padre. —Olvídalo.

—Calla, Raymond. Samantha ha cometido un error muy grave esta noche: ha expuesto la magia y ahora será peor poder salir siquiera a la esquina. Deben irse. Sam, estoy muy decepcionada de ti. Ahora tu castigo será lo que tu quieres: irás a la preparatoria pero no acá. Tu y Kate irán a Hammond, nadie las conoce. Vivan solas, manténganse solas. Solo así podrán entender el por qué las teníamos ocultas por tanto tiempo. —dice mamá.

Aún no podía creer lo que estaba escuchando. ¿Mamá me estaba dando la libertad que tanto quería?

—¿Qué? ¿Hablas en serio? —pregunté.

—Muy en serio. Llevas años suplicándome eso. Creo que necesitas un golpe de realidad, Samantha. Cuando todo salga mal aquí estaremos para cuidarte.

—Mamá... —susurró Kate—... ¿qué haremos solas?

—No lo sé, cariño, tu hermana te cuidará. Se irán en enero, cuando las clases empiecen. Les alquilaré una pequeña casa en el pueblo así que vayan preparándose.

Sea bueno o malo, castigo o no me sentía bien de que por fin sería libre y me iría de este lugar; donde nadie me conoce y donde podré ser la persona que siempre quise ser. Sonreí para mis adentros mientras mi padre conducía en silencio el coche hacía la mansión embrujada.

ENERO, 2026

La luna siempre ha sido mi aliada.

Esa noche que salimos de casa hacia nuestra nueva vida la luna me acompañó en todo el camino. Empacamos todo, incluso algunos libros de hechizos solo por si acaso. Mamá y papá nos visitarían seguido para cerciorarse de que estamos bien y de que no hemos cometido locuras.

-Hoy hay luna llena -murmuró Kate con su cabeza recostada en el vidrio del asiento copiloto-Debimos esperar hasta mañana para poder viajar y así poder disfrutar de la luna en el bosque.

-Es mejor momento para viajar con la luna guiándonos. No estamos muy lejos, solo son dos horas a Hammond. -dije-Llegaremos antes de la media noche.

-¿Crees que estaremos bien? -me pregunta Kate un poco preocupada.

Miré la luna y sonreí.

-Claro que si.

-Sé que quieres esto tanto como yo pero siento un poco de miedo. Por favor promete que no vas a enojarte ni a hacer nada tonto. Esta es una nueva oportunidad para poder demostrarnos que somos más que brujas.

-No digas esa palabra más, Kate. Acá no somos brujas, solo somos adolescentes normales. -le sonreí.

-A veces me das miedo. Pero esta bien, hermana. Solo somos adolescentes normales. -dijo-¿Crees que ahora si puedo emborracharme?

-Eso creo.

Le subí el volumen a la música y aceleré un poco más. He manejado por mucho rato y estaba rendida. Suspiré aliviada cuando miré el nombre del pueblo en el letrero dándonos la bienvenida. Ya había escuchado de Hammond; no es un pueblo tan santo como parece. También hay cosas oscuras, pero mientras estén alejadas de mi no habrá problemas. Cuando entré al pueblo sentí una vibra extraña pero lo ignoré, pensaba dejar todo eso atrás.

Llegué a la casa que mamá nos alquiló: es de dos pisos, pequeña y color blanca. Lo que más me sorprendió es que la casa tenía otras casas alrededor: estábamos en un vecindario. Kate y yo nos quedamos unos segundos viendo todo.

-Tenemos vecinos -dice ella.

-Así es.

Salimos del coche y empezamos a sacar las cosas.

-Buenas noches -nos saludó un señor que paseaba a su perro. Ambas nos miramos extrañas.

-Buenas noches -respondimos al unísono. Nunca nadie nos había saludado con tanta amabilidad.

-Esto está empezando a gustarme -dice ella.

Metimos todo a la nueva casa y dejé el coche estacionado en el garaje. Mamá se había encargado de todo: muebles, televisor, despensa. Al menos no nos dejó tan desamparadas.

-Estoy nerviosa, Sam, pero confío en que esto saldrá bien. Iré a buscar mi habitación. Estoy cansada.

-¿Activaste el nudo? -quise saber.

-No... te espero para que lo hagamos juntas.

-Está bien.

Kate subió las escaleras y yo me quedé organizando algunas cosas para la casa. Encendí la televisión y me senté un rato en el sofá para ver qué había de nuevo. Solo pasaban en el noticiero la desaparición de una chica en este pueblo. Al parece no había rastros de ella. La última vez que la vieron portaba una chaqueta amarilla con capucha. Cuando vi su foto sentí algo en mi pecho: solo sabía que esa chica no estaba viva y estaba en algún lugar del bosque. Sentí pena por ella.

Fui a la cocina y preparé algo de comer. Le mostraré a mamá que puedo sobrevivir sola y cuidar de Kate.

-Es media noche -dice Kate.

-Es hora.

Estábamos en el lago de Hammond no muy lejos de casa. Nos quitamos la ropa y nos metimos al lago a nadar bajo la luna llena. Siempre hacíamos eso cada mes. En unas horas empezaría nuestra travesía de asistir a la preparatoria y me sentí feliz por eso. El agua estaba muy fría pero se sentía genial.

-No puedo creer que seamos libres -rio Kate emocionada-Admito que me sentí un poco mal por lo que pasó esa noche de Halloween pero sirvió para que nuestros padres cedieran.

-No quiero recordar esa noche. -dije, pero de inmediato miré hacia el muelle. Sentía que había alguien ahí observando.

-Kate, acércate, no estamos solas. -ella también miró. A pesar de que a simple vista no podíamos ver nada podíamos sentir esa presencia ahí. Era ago tan fuerte y tan profundo que me hizo sentir un cosquilleo en mi estómago. -Es hora de irnos.

Nadamos hacia el muelle y salimos. Sabía que nos habían observado desnudas pero era lo de menos. Al parecer había alguien raptando jovencitas en este pueblo y teníamos que tener más precaución.

Nos pusimos la ropa, nos fuimos al coche rápidamente y nos fuimos a casa.

-¿Qué crees que era? -pregunta Kate, secándose el cabello. -Pude sentir su energía, era muy pesada.

-No lo sé-respondo pensativa también. Estaba sentada en el sofá, pensando en eso, era algo que no me podía sacar de la cabeza.

-¿Crees que en este pueblo haya gente como tú y como yo? -se sentó frente a mi un poco preocupada.

-Si los hubieran nuestros padres nos hubieran advertido; pero creo que no eran como nosotros -dije-sea lo que sea era diferente: algo más malo. Tenemos que tener mucho cuidado.

-Deberíamos hacer un hechizo de protección en toda la casa.

Asentí.

Buscamos el libro de hechizos y nos dispusimos a hacer un conjuro de protección para ambas y para la casa también. Con cautela salimos y pusimos sal en los cuatro puntos de nuestro terreno. Solo espero que eso sirva para que, sea lo que sea que haya allá afuera, no pueda entrar.

Decidí dormir con Kate esta noche, la luz de luna entrando por la ventana me hizo sentir segura y me quedé dormida de inmediato

La alarma sonó y me desperté rápidamente. Tenía mucho sueño, nos habíamos dormido casi a las tres de la mañana, no habíamos descansado nada. Una desventaja del colegio: levantarse temprano.

-Bienvenida al mundo real -dice Kate poniéndose en pie.

-Oh Dios -me quejé-tengo mucho sueño.

-Tengo un remedio para eso -Kate sale de la habitación.

-Esta es la vida que querías, Samantha, aquí tienes a una adolescente completamente normal -me puse en pie y me dirigí al baño rápidamente.

Nueva vida, aquí vamos.

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