Capítulo 4 FUEGO CRUZADO

–En esta provincia la ley soy yo, enfermera, de modo que es inútil que intentes ocultar tu pasado –sentencia Dante, arrojando el expediente sobre la mesa de caoba mientras las fotografías de mis cuentas bancarias y movimientos financieros quedan expuestas bajo la luz. – Sé perfectamente que estás sola en el mundo, que tus deudas con los prestamistas superan los seis dígitos y que este empleo era tu última tabla de salvación antes de que te encontraran en una fosa común.

Acerco mis manos al escritorio, conteniendo el temblor de rabia que amenaza con delatarme, aunque me obligo a clavar las uñas en el borde de la madera para sostenerle la mirada con una intensidad que altera el aire de la habitación.

–Es usted un monstruo despiadado, un manipulador que utiliza las tragedias ajenas para encadenar a las personas a su conveniencia –le escupo con desprecio, manteniendo el cuerpo firme y pegado a la línea de la mesa, midiendo de reojo la distancia exacta hacia la salida. – Un verdadero líder no necesita extorsionar a una enfermera para imponer su autoridad.

–Llamame como quieras, Anya, pero este monstruo es el único que va a pagar cada una de tus deudas corporativas antes del amanecer –me asegura él, deslizando un contrato de confidencialidad leonino junto a un bolígrafo de oro. – Vas a garantizar el cuidado exclusivo de mi hijo y, a cambio, tu vida cambiará por completo, siempre y cuando cumplas mis condiciones sin protestar; cualquier información que reveles sobre mí o sobre la organización se pagará con tu propia vida.

Miro las cláusulas del documento, comprendiendo que firmar ese papel significa entregarle el control absoluto de mi destino al diablo, pero las cifras del embargo bancario parpadean en mi mente como una sentencia peor.

–Tiene dos opciones: firma el acuerdo ahora mismo o camina hacia esa puerta para permitir que mis guardias terminen con tu vida –me advierte Dante, inclinándose sobre el escritorio hasta quedar a escasos centímetros de mi rostro, emanando una peligrosidad que me corta el aliento. – Decida antes de que pierda la paciencia.

Sostengo su mirada gris durante cinco segundos que se sienten como una eternidad, hasta que presiono el bolígrafo contra el papel y estampa mi firma con un trazo rápido, ocultando la fragilidad de mis dedos.

–Bienvenida a mi infierno personal, Anya –susurra él, tomando el documento para guardarlo en la caja fuerte de la pared mientras me señala la salida. – Tu primera noche como la sombra de mi hijo comienza ahora mismo, y te sugiero que no olvides que cada palabra que pronuncies estará bajo mi estricta vigilancia.

Dos días después de firmar aquel maldito papel que me ata al líder de la mafia, la realidad de mi confinamiento en la mansión se vuelve un hecho absoluto e innegable, transformando esta propiedad blindada en mi prisión de oro. Sin embargo, la inesperada conexión que desarrollo con el pequeño Leo se convierte en el único bálsamo capaz de mitigar la asfixia de este encierro, ya que el niño no se separa de mi lado ni un solo instante. Pasamos las horas en la sala de juegos, donde el calor de su pequeña mano aferrando mis dedos me demuestra una devoción que desconcierta profundamente al personal de la casa y en especial a su frío progenitor.

–Anya, ¿mañana me llevas a la escuela? –pregunta el pequeño con su voz aún un poco ronca, aferrando la manga de mi suéter con esa timidez característica que me rompe el corazón.

–Por supuesto que sí, mi amor, te prometo que estaré justo aquí para prepararte el desayuno y ayudarte con tus juguetes –le respondo con una sonrisa sincera, acariciando sus cabellos castaños mientras intento alejar la constante sombra de Dante de mis pensamientos. – Nadie va a impedir que cumplamos nuestra rutina.

–¿Aunque papá se enoje? –insiste Leo, buscando una certeza que su entorno lleno de secretos y violencia jamás le ha podido otorgar, mirándome con unos ojos enormes que suplican protección.

–Tu papá puede gritar todo lo que quiera, Leo, pero yo no me voy a ir a ninguna parte porque mi trabajo es cuidarte y asegurarme de que nada malo te suceda –afirmo con firmeza, acomodando los bloques de construcción que tiene a su lado para cambiar el rumbo de sus pensamientos. – Somos un equipo ahora.

De repente, un estruendo seco y ensordecedor destroza los gruesos cristales del gran ventanal que domina la propiedad, desatando una lluvia de esquirlas brillantes que caen con violencia sobre el piso. El sonido característico de los proyectiles de alta potencia impactando contra las paredes de concreto resuena con una velocidad alarmante, confirmando de inmediato que la mansión está sufriendo un ataque perimetral coordinado por francotiradores externos del clan rival.

–¡Al suelo, Leo, ahora mismo! –ordeno con una calma glacial y alarmante, cubriendo instantáneamente el pequeño cuerpo del niño con mi propio torso mientras me pego por puro instinto a la base de la pared más gruesa.

–¡Anya, tengo miedo! –grita el niño, comenzando a hiperventilar debido al pánico que amenaza con desencadenar un nuevo y mortal broncoespasmo.

–Escúchame bien, Leo, necesito que te concentres únicamente en mi voz y que cierres los ojos mientras nos movemos –le instruyo con total frialdad analítica, levantándome del suelo en cuclillas sin perder un segundo y manteniéndome como un escudo humano sobre él. – Vamos a caminar muy rápido hacia las escaleras, así que abrázame fuerte del cuello y no te sueltes por nada del mundo, porque yo sé exactamente a dónde ir.

Los impactos de bala continúan perforando la estructura de la mansión mientras las alarmas de alta seguridad comienzan a emitir un ulular ensordecedor que tiñe las paredes de luces rojas intermitentes. Avanzo a paso veloz por el pasillo principal con una seguridad pasmosa, esquivando los escombros que caen del techo y demostrando un conocimiento táctico que ninguna enfermera convencional debería poseer en una situación de fuego real.

–¡Acribillen a ese infeliz!– Los gritos de los guardias de Dante que repelen la agresión resuenan en los pisos inferiores, pero mi único objetivo es la recámara principal del líder de la mafia, el lugar exacto donde sé que se encuentra la fortaleza indestructible de esta propiedad.

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