Capítulo 2 No quiero nada

Por Valentina

Lo miré, antes de hablar, sabiendo que dependía de cómo exponía lo que pretendía, si iba a tener éxito o no.

Tomé aire, sin querer extender el momento.

Simplemente estaba estudiando la expresión del que hasta este momento, fue mi marido.

Con él aprendí que, no podía mostrar jamás mis cartas y hasta ese momento lo había logrado.

Oculté demasiado y aunque no cambió el resultado final, que eran esos papeles que decían que de ahora en adelante no tendríamos nada en común, al menos el divorcio es lo más sincero de nuestra relación.

Leonardo no tiene idea de lo que pierde económicamente con el divorcio.

Isabella no es quién dice ser, pero yo no lo voy a sacar de su error.

Su mundo se va a caer a pedazos y yo voy a estar al lado del camino, observando, aunque no sin dolor.

Tampoco puedo hablar de esa mujer, él no me creería y no está en mí hablar de la mujer que él considera perfecta para su estatus y de la que desde hace rato, lleva con orgullo de su brazo.

Eso duele, duele tanto que se asombraría si alguna vez se entera.

De nada valieron mis rezos, cuando pedía que él se enamorara de mí.

Lo dejé todo por él.

Mi abuelo, que me adoraba, no se pudo negar cuando encarecidamente le pedí ser la mujer que Leonardo llevara al altar.

Liam Valcárcel, el abuelo de Leonardo, le había impuesto a su nieto una regla clara, para heredar el 51 % de su herencia, debía casarse.

Escuché esa conversación y en esa época, yo aún creía en los cuentos de hadas y en los finales felices, logré ser la mujer que el hombre de mis sueños llevó al altar.

Y ahora…

-Quiero corregir una cláusula, no quiero llevarme nada de este matrimonio, pero tampoco veo justo que se congelen mis cuentas en el extranjero.

La sonrisa de Leonardo se acentuó.

Debía pensar que yo tenía unos pocos euros y que eso me ayudaría a sobrevivir por unos meses.

-También deseo conservar la vieja mina abandonada de mi abuelo, es una herencia y lo único que me queda de mi familia.

-¿La mina que heredaste de tu abuelo?

Preguntó jocoso.

-Sí.

Le respondí con seriedad y logré que mis ojos se llenaran de lágrimas.

-Sabes que yo adoraba a mi abuelo y es lo único que me quedó de él y creo nadie tiene derecho a controlar mi propiedad..

Bajé la mirada, demostrando mucha angustia emocional, en una actuación que sí sería actriz, me valdría un Oscar.

Él me miraba casi con lástima, pensando que estaba peleando por cosas insignificantes.

-A cambio no quiero nada, ni un solo vínculo comercial, ni un centavo, luego de ver a los abogados, cerramos la cuenta bancaria dónde me depositas los doscientos euros mensuales para mis gastos personales.

Le recalqué esa cifra, porque era insultante esa cantidad, estoy segura que él, en su amante, gasta cien veces más por mes.

-Dalo por hecho.

Para mi sorpresa, Leonardo aceptó enseguida.

-Por favor, que me entreguen una copia de los papeles en ala este, que es dónde voy a estar estas últimas horas.

Leonardo me miró asombrado, nunca le había hablado con esa resolución, no le estaba exigiendo nada, simplemente le indiqué dónde llevar los papeles.

-Ya mismo instruyo los cambios, lo tienes que firmar esta noche.

-Por supuesto.

Me paré, sin que él me indicara que lo hiciera.

Hasta ese momento, Leonardo decidía cada uno de mis movimientos.

Me miró sin saber qué hacer con ese pequeño gesto de independencia.

Estoy segura que se debe estar replanteando muchas cosas.

Sin decir nada más, tomó su teléfono y habló con su abogado, que yo sabía, se encontraba en la mansión.

En su arrogancia, y no solamente la suya propia, sino también la del bufete entero de abogados que tenía contratado, no investigaron nada sobre la vieja mina.

Caminé unos pasos, lo hice con lentitud, esperando que él apenas de la orden, terminara la conversación.

Lo conozco y sé cada uno de sus movimientos.

Cuando terminó de hablar por teléfono, volví sobre mis pasos.

-Otra cosa.

-¿Más?

Preguntó, aunque yo sé que a sus ojos no me había brindado casi nada.

-Quiero salir de este matrimonio con la frente en alto.

Él abrió los ojos con más asombro que antes.

Estoy segura que pensaba que le iba a pedir otra ridiculez.

No dije nada más y debe haber pensado que lo mío fueron solo palabras que se sentían en defensa de mi amor propio.

Lo que sucedió, es que decidí, a último momento, que lo que tenía que decir, se lo iba a decir luego de la reunión con sus abogados.

Debe estar pensando que digo palabras para llenar el aire, de puro tonta.

Di la vuelta y caminé erguida y con la frente alta.

Él no sabía cómo me sentía.

Tampoco sabía que nuestro vínculo ya no se podría romper jamás, a pesar que los documentos digan lo contrario.

Considero que estoy manejando todo de manera impecable, aunque el divorcio no era lo que yo quería, sin embargo, comprendí que no puedo utilizar un lugar que nunca fue mío.

¡Él no tiene idea de quién es su amada Isabella!

A mi me acusó de aprovechada, de casarme con él por el status que eso significaba.

No supe qué camino debía tomar para acercarme a él, intenté todo…

Nunca me miró como mira a Isabella.

Solamente había un destino al que quería llegar, pero no lo logré, siempre viajé sola, aunque hubo momentos en que me permití soñar que todo podía cambiar.

Dejé pasar señal tras señal, para poder sobrevivir, para ahogar el dolor cuando su indiferencia y su crueldad, hacían sangrar las llagas de mi amor, que siempre estaban en carne viva, pero no me permití llorar.

En silencio, recorrí estos últimos cinco años de mi vida, eché una última mirada hacia arepas, hacia mis recuerdos…

No puedo atravesar el tiempo.

Mi vida a su lado, acaba de terminar y la caducidad tenía fecha y esa.

Cinco años…

Ya no esperaría contando los segundos, para saber a qué hora él volvería a nuestro hogar, ¡Esta mansión no fue un hogar!

Eso me lo repetí muchas veces, tal vez de esa manera, dolía menos.

Pero mi corazón no entendía a mi razón.

Por fin tocaron mi puerta y su abogado, sin decir mucho, pero sin dejar de lado su media sonrisa llena de desprecio, me extendió los documentos.

-Mañana no se avergüence llegando tarde a la sede del grupo Valcárcel, allí termina todo, sus pretensiones estaban muy por encima de sus posibilidades y también de su merecimiento.

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