Capítulo 5 Luz
Por Valentina
El asombro de Leonardo, al escuchar mis palabras, que eran casi alegatos, era mucho, posiblemente, él jamás imaginó que yo podría plantear cómo resolver los inconvenientes que surgirían con nuestro divorcio.
Al mirar su cara, vi que su asombro era total y por un momento pensé que sería conveniente seguir aparentando ser sumisa, y resolver todo desde otro lugar. Luego miré los documentos, ya firmados sobre la mesa y supe que no había vuelta atrás, que nuestro matrimonio estaba disuelto, que no había nada que salvar y que lo mejor que podría hacer era retirarme con dignidad. Por ese motivo, me concentré en disimular el dolor que se apoderaba de mí.
Podía aguantar unos minutos más sin derrumbarme, simulando una fortaleza que no tenía; sabía qué luego tendría tiempo de derramar todas las lágrimas que ahora estaba aguantando. Yo me consideraba una mujer inteligente y en este momento solamente podía manejarme con estrategia, porque no lo hacía solo por mí.
También tuve que concentrarme en no llevar la mano a mi abdomen, era un hábito que tenía desde que lo supe.
Al ser ignorada por el servicio de la mansión, podía salir y entrar sin que nadie reclamara jamás mi presencia. Con hacerme el test en el consultorio de mi médica y amiga, no había ningún rastro que marcara algo que nadie se tenía que enterar.
-Perfecto, hasta ese día sigues durmiendo en ese sector de la mansión, luego de esa noche, te quiero fuera.
Sonreí, sin emoción.
-Recuérdale a tu asistente, que no se presente a esa gala, que tenga la dignidad que no tuvo hasta ahora.
-¿Tú hablás de dignidad?
-¿Por qué no?
-¡Te casaste conmigo por dinero y estatus!
-¿Quién te dijo eso? ¿Alguien alguna vez lo confirmó?
No supo qué contestar, aunque luego siguió repitiendo esas palabras con total seguridad.
-Lo sé.
-Ambos firmamos los papeles de matrimonio y ambos firmamos los documentos del divorcio, dónde cada uno se quedaba con lo que tenía.
-Por supuesto, no pienso regalarte nada.
-¿En estos años, me has regalado muchas cosas? ¿Acaso tengo vestidos de alta costura que has pagado para mí? ¿Bolsos y zapatos de diseñador? ¿Casas, autos? ¿Vacaciones en lugares exclusivos? ¿Joyas?
La cara de Leonardo era indescifrable.
-Me di cuenta a tiempo de que eres una interesada, por eso no te brindé nada de eso.
-Ni siquiera quiero algo tuyo al irme, ¿Puedes pensar que, a lo mejor, hubo alguna otra razón?
Abrió la boca y la cerró.
-Piensa, quizás yo tuve otras razones, porque de nuestro matrimonio, no obtuve ningún beneficio económico ni social.
-¡No mereces nada de nada!
-No entiendo tu odio, te demostré que no me llevaba el interés y te lo demostré, sino lo entiendes en este momento, quizás algún día te des cuenta de tu error.
-¿Error?
-Cometiste muchos muchos errores y los sigues cometiendo, pero no es problema mío, al parecer, una asistente, para ti, merece mucho más que una esposa legal.
-¿De eso se trata todo esto? ¿Estás celosa?
Dijo, riendo, sin saber que su risa era un puñal, clavándose en mi corazón..
-¿Celos de una amante? No te equivoques, en algún momento te vas a dar cuenta quién es quién.
Valentina sabía que sus palabras, aunque verdaderas, sonaban a una mujer resentida.
Claro que presentía el desamor de su marido, pero ella sabía, que quizás más tarde que temprano, Leonardo iba a saber que el verdadero parásito era su querida asistente.
-Nos vemos el día de la gala, y recuerda que no la quiero a ella ese día.
Salí de la empresa y sé que él se quedó pensando que mi actitud se debía a los celos que supuestamente yo tenía de su asistente.
Llegué a la mansión y me dirigí al ala este, a ese lugar frío y húmedo, donde Leonardo, desde un principio, lo impuso como mi aposento, quizás para que huya de allí y que el divorcio sea mi absoluta responsabilidad; sin embargo, al estar aislada y sin personal de servicio, me dio el suficiente espacio para que yo pudiera diseñar las joyas, sin que nadie se inmiscuya en mis actividades.
Nadie, en esa casa, sabía que estaba construyendo la empresa más importante de nuestro rubro.
Trabajando con absoluta tranquilidad, me dediqué a diseñar joyas exclusivas que muchos soñaron tener. Con buen gusto y teniendo la certeza de la calidad de material que extraía de las minas que mi abuelo me había dejado, logré que mis diseños fueran únicos y con un sello inigualable y pude fundar mi propia empresa, buscando un nombre que me identificara, la llamé Luz.Quizás eso era lo que yo necesitaba en mi vida, un poco de luz que alumbrara mi matrimonio.
Le dediqué, a mi nueva empresa, todo mi esfuerzo, creé diseños y estaba segura de la superioridad de cada uno de mis bosquejos y de todos mis proyectos.
Mientras que me dedicaba a diseñar y crear las joyas que pronto serían las más codiciadas, le pedí a un viejo amigo que se encargara de restaurar un edificio que heredé de mi abuelo, para la sede que mi empresa tendría en Madrid, de la existencia de ese edificio, mi esposo, o ex esposo, tampoco tenía idea.
Manejaba los días y horarios en los que iba a mi empresa y si, por alguna razón no podía salir de la fría y lujosa mansión, trabajaba desde mi cuarto.
Con cuidado guardé mi computadora portátil, allí tenía guardados la gran mayoría de mis bosquejos, que demostraban que yo era la propietaria intelectual de cada uno de ellos.
Durante algunos días fui llevando mi ropa, que no era mucha, a mi penthouse.
Los bocetos que tenía en papel fueron de las primeras cosas que saqué de esa casa.
Pensé que los últimos días hasta revisarán mi bolso.
Llegó el último día, que yo afronté con la frente bien alta, aunque estaba muriendo por dentro, pero eso, él, lo ignoraba, por supuesto, no podía negar mi ansiedad, porque sólo yo sabía lo que vendría luego.
Un viaje, otro país y seguir adelante con mi embarazo, para llevarme algo de lo que Leonardo no tenía idea y que para mí, era lo más sagrado del mundo.
Solamente había dejado un vestido, uno que él no conocía y que era de un famoso modisto italiano.
Jamás pude lucirme en las fiestas donde lo acompañaba, ya que supuestamente yo no tenía muchos vestidos de gala, tampoco joyas, ni algo que llamara la atención en los demás.
Él había decidido mi lugar y llegó el momento de demostrar lo equivocado que estaba.
Esta vez iba a ser yo, sin esconderme, dejando de lado a esa mujer sumisa e insípida que él pretendió que fuera.
Me coloqué un anillo de zafiro azul, en donde estuvo, hasta hacía poco, esa insípida y peña alianza de casamiento, que un día me ilusionó tener.
Me maquillé y también peiné mi largo cabello, no precisaba de mucho para llamar la atención, ya que era lacio y sedoso.
Mis tacones también italianos y de diseñador, me acompañan, creando un estilo único y exclusivo, tan exclusivo como el collar que, haciendo juego con mi anillo, creando un estilo único.
-Te veo en la puerta del Teatro Real Madrid.
Me mandó decir Leonardo.
Ni siquiera ese día se dignaba en aparecer conmigo.
Salí de la mansión, mi auto ya no estaba allí, posiblemente nadie lo notó.
Sabía que ese era mi último día allí.
La tristeza por mi matrimonio terminado era mucho más que un fracaso, significaba que en cinco años no pude conquistar al hombre al que amaba con todo mi ser.
En la puerta de la mansión Valcárcel me esperaba mi chofer, quien me guio hasta la gala dónde pondría fin ante la sociedad, a mi matrimonio.
Al llegar, vi que Leonardo estaba bajando de su automóvil cuando mi chofer abrió la puerta y con los ojos abiertos, casi hipnotizado, se acercó a mí.
-¿Valentina?
Murmuró y pareció estar preguntando si era yo.
Le sonreí, pero ya no era esa sonrisa de niña enamorada.
Tomó mi mano para besarle los dedos y en lugar de hacerlo, se quedó a medio camino, observando mi anillo, ese que diseñé y que dio lugar a la creación de Joyerías Luz.
