Capítulo 2 Capítulo 2
El rubio tomo asiento, junto a él su padre, Lukyan Neizan, o como muchos lo llamaban, la muerte blanca, del otro lado se encontraba Lev Oslo, el mejor amigo de Vladimir y quien a partir de esa noche seria su mano derecha, todo buen mafioso necesitaba en quien confiar y Vladimir sabía que Lev le seria leal, siempre.
Esa noche comenzaba la historia de Órga, el primer Neizan que asumiría cuando aún su padre estaba con vida, el más joven en toda la historia de la familia, superando incluso a su abuelo Neri, ya que él tenía 20 años cuando asumió como líder del clan, y es que Vladimir contaba con una ventaja y esa no era solo el poder ver el futuro o destellos de este, lo que llevo a Vladimir a ser la cabeza de la familia Neizan a tan corta edad, fue su extraordinaria mente, un niño superdotado que con solo 18 años ya se había recibido de la universidad, aunque muchos integrantes del clan no lo veían capacitado para el puesto que ocuparía, muchos creían que Vladimir tenía algún tipo de problema mental, ya que cuando era niño estuvo años sin hablar, y aunque ese suceso no se había repetido, el pasado no se podía borrar.
— ¿Cómo te sientes? — indago con preocupación su madre, al tiempo que abría y cerraba sus manos, tratando de que el temblor de estas se detuviese, acababa de ser testigo de cómo los cerdos devoraban al asesino de su padre, y aunque estaba feliz por ello, la imagen que vio la había alterado.
— Estoy bien mamá, no debes preocuparte. — pero las palabras del rubio tuvieron el efecto contrario en su madre, aunque para ser honestos, lo que altero a la mujer, fue ver el brillo de satisfacción en los celestes ojos de su hijo mayor.
— Bien, yo… nos adelantaremos con tu padre, iremos unos días a la cabaña, tu deberías regresar con Lev a la mansión, así lleva a su hermana de regreso a casa.
El rubio solo asintió, no se sentía capaz de seguir fingiendo, por suerte su madre se marchó rápido y solo entonces Vladimir dejo ver su enorme y blanca sonrisa.
— Mierda, pareces un lunático. — susurro Lev al llegar a su lado. — A mí me tiembla hasta el alma. — el moreno había presenciado una que otra muerte, pero le sucedió lo mismo que a Dasha, una cosa era ver una ejecución y otra era ver a los cerdos devorar a una persona. — Creo que aun escucho sus gritos. — aseguro tocando sus oídos.
— Esa fue la mejor parte, sus gritos. — Lev vio a su amigo a los ojos y supo lo mismo que Dasha, algo cambio esa noche en el interior de Vladimir, quizás las personas tenían razón, el rubio no era “normal”.
— En verdad Órga, tu cara es la misma que la de un lunático.
— ¿En verdad? ¿Y a cuantos lunáticos conoces? — se lo veía divertido, como si fuera un niño que acaba de salir de un parque de diversiones, y no como un mafioso recién asumido.
— Además de mi hermanita, a ti. — las carcajadas de los jóvenes llamaron la atención de los custodios a su alrededor, entre ellos Aleksander.
— Tus abuelos estarían orgulloso de ti. — aseguro el moreno canoso, mientras palmeaba el hombro de Vladimir.
— Eso espero.
— ¿Y a mí no me dirás nada? — indago Lev y su padre sonrió.
— Te felicito por no vomitar, y ve por tu hermana por favor, yo iré a cuidar a tu madre.
