Capítulo 5 Capítulo 5
Lev salió de su hogar, ya no queria escuchar a su padre, en el camino a la mansión decidió que lo mejor sería mudarse, luego de la conversación que había tenido con su padre, ya no se sentía cómodo allí, además debía escapar de Lucya y sus sesiones de maquillaje.
— Bonito labial, ¿ya estás dispuesto a salir del closet? — la burla de Vladimir lo hizo saber que no se había pasado la toalla tan bien como creía.
— Muy chistoso, pero solo para quitar tu curiosidad, cuando te dije que mi hermana era un monstruo no mentía. — refuto al tiempo que tomaba el pañuelo descartable que el rubio le extendía.
— Si lo que digas. — murmuro tratando de recordar que le había dicho Dima sobre Lucya en la mañana, pero no pudo, luego de la charla con su hermano, Vladimir había cometido un error de novato, se podría decir, y ese fue pasar la línea de consumir lo que vendes, algo que su padre le había dicho miles de veces que no hiciera, pues el veneno se vende, no se consume. — Ahora que, si pareces mi mano derecha, acompáñame a los calabozos.
— Sabes que a veces olvido que tu hogar está construido sobre las ruinas de un castillo. — Vladimir sonrió, en el fondo la mansión Neizan le encantaba, no solo por la cantidad de pasadizos que tenía y que le era de utilidad si en algún momento necesitaban escapar de algún ataque, también era el hecho de que no tenían que ir muy lejos para tratar con los traidores o como en este caso, los infiltrados.
— Cuando quieras puede ser tu hogar también, mis padres están a punto de mudarse, se irán una temporada a Nueva York, Estrella la prima de mi padre, se rehúsa a aceptar que el cáncer de Lucero está en fase terminal.
— Pobre. — murmuro el moreno y Vladimir lo vio raro, pues los Bach podían ser muchas cosas, menos pobres, ya que era la familia más poderosa del mundo, eran los que hacían tratos tanto con la mafia como con las agencias gubernamentales. — No me veas así, me refiero a que de nada le sirve tener tanto dinero y poder si no pueden curar a su madre.
— Mi padre dice que la enfermedad de Lucero es por pena, su esposo Eros murió hace dos meses, era el hermano mayor de mi abuela Zafiro, por lo que te puedes imaginar que Lucero ya es muy mayor, Estrella debería comprenderlo.
— ¿Qué su madre muera de pena?
— Que todos moriremos algún día, nadie vive por siempre. — Vladimir al igual que muchos mafiosos, eran más conscientes de este hecho que cualquier ser humano, ya que, en su mundo, debía lidiar con la idea de morir cada día, y agradecer cada noche de seguir respirando.
Todos morimos algún día, se repitió Lev durante toda la tarde, sintiendo pena por aquellos agentes que estaban torturando junto con Vladimir, nunca se había puesto a pensar en que las personas con las que acababan tenían familia, siempre los vio como enemigos, objetivos con los cuales acabar, pero esa tarde, luego de la conversación que tuvo con su padre y de lo que Vladimir le había dicho, comenzaba a comprender que no todo sería tan fácil en su vida, esa noche, por primera vez desde que acepto ser la mano derecha de Vladimir, la conciencia le paso factura y no pudo dormir.
— Vladimir, Vladimir. — era Domingo, el único día que el joven mafioso se tomaba para descansar, la cabeza le latía, el alcohol aún estaba en su sistema, y solo abrió los ojos porque el que lo llamaba era Dima.
— ¿Y ahora qué? — susurro mientras abría la puerta de su cuarto.
— Vladimir, no encuentro a Lucya. — el rubio vio a su pequeño hermano, y acto seguido vio por ambos lados del pasillo.
— Dile a mamá, papá, o a alguna empleada, Dios, Dima, necesito descansar, no estoy para ayudarte a buscar a tu amiga. — giro sobre sus talones decidido a seguir durmiendo, pero el pelinegro aún no había terminado de hablar.
— No lo comprendes, estábamos jugando a las escondidas y ya no la encontré… anoche la soñé, tenía sangre en el rostro y estaba en los calabozos y solo tú puedes ingresar allí. — Vladimir maldijo en su interior, de solo recordar que el día anterior él y su mano derecha habían matado a dos agentes del F.B.I en los calabozos, pues el mayor podría ser muy sanguinario a la hora de acabar con un enemigo o espía, pero nunca le gusto que los niños vieran ese tipo de crueldad.
— ¿Qué carajo estabas haciendo con tu amiga allí? — refuto apretando los dientes y colocándose los tenis.
— No estábamos allí, estábamos en el jardín, pero conociendo lo curiosa que es Lucya… ayer los vio a Lev y a ti salir de los calabozos y queria saber que había en aquel lugar, pero no le dije, sé que está prohibido que ingresé a los calabozos, pero Lucya es muy curiosa. — Dima conocía a la pequeña desde que iban a kínder, la única niña que no lo veía con miedo y lo trataba como a cualquier otro niño, su única amiga.
— Espero por su bien que no esté en los calabozos. — susurro el mayor antes de salir seguido por Dima.
