Capítulo 6 Capítulo 6

Capítulo 4

El pelinegro no se equivocaba, Lucya era aún más curiosa que un gato, la morena tenía alma aventurera, aunque no comprendía tan bien como Dima a que se dedicaban los Neizan, solo sabía que ante la mención de aquel apellido, muchos palidecían, aun recordaba los primeros días en el kínder, llena de ilusiones con ganas de tener amigas, pero todos los niños la veían raro, y la hacían a un lado, hasta que un día no soporto más y pregunto; aun con la corta edad que tenía, la respuesta de los pequeños la hirió, “ Eres negra”, “No eres como nosotros”, “Nos mancharas si nos tocas”, por un segundo se sintió como personaje de Harry Potter, ¿Ella era el equivalente a la sangre sucia? Estaba a punto de romper en llanto, cuando el pálido de ojos azules y cabello negro se colocó a su lado; “Ella pertenece a la familia Neizan” “Y es mi amiga”; lo reconoció de inmediato, era el hijo de los jefes de sus papás, aunque hasta ese día nunca había cruzado ni media palabra con él, pero, aun así, pudo ver como todos los pequeños retrocedían, ser un Neizan te garantizaba que nadie te lastimaría, al menos eso pensó Lucya, y de ese día fue inseparable amiga de Dima.

— Ayuda… por favor…ayuda. — los pasos de la pequeña dejaron de sonar en el oscuro lugar, cuando escucho la voz áspera de un hombre, Dima no se había equivocado, la curiosidad de Lucya por comprender cual era el trabajo de su hermano, la había llevado al interior de los calabozos.

— ¿Qué le ocurre señor? — Lucya se acercó al hombre que estaba de rodillas cubierto de barro.

— Estoy herido… por favor…ayúdame. — en un mundo como lo es el de la mafia, los niños y su inocencia es lo más difícil de proteger.

— ¿Cómo puedo ayudarlo? — indago con inocencia Lucya acercándose un paso más.

— Necesito la llave. — susurro, se veía agotado, la niña pensó que debía estar sediento, quizás su hermano se olvidó de él la noche anterior, ¿acaso habían hecho una pijamada? Se pregunto al distinguir que había otro hombre durmiendo detrás del que estaba arrodillado pidiéndole la llave del cuarto con frente de reja en el que estaba.

— Mmm, déjeme que la busque. — el agente Marsh, vio a la niña rebuscar en un escritorio.

La impotencia que había sentido durante toda la noche al saber que cada persona de su equipo estaba muerta, fue sustituida por la furia de saber que el clan Neizan era peor de lo que imaginaba, no podía creer que adiestrara a niños tan pequeños para servirles en el futuro, pero tenía sentido, durante años trato de encontrar algún empleado que estuviera dispuesto a entregar al clan, pero era inútil, cada uno de los que atrapaban preferían cumplir sus sentencias, no importaba la cantidad de años que les diera, nunca consiguió nada que le sirviera para atrapar a los mafiosos, a los verdaderos lideres, ahora comprendía porque.

— ¿Será esta? — los ojos del agente se llenaron de lágrimas cuando la niña abrió la reja. — ¡Si lo es…! ¿Por qué llora? — indago a menos de cinco centímetros del agente, quien le sonrió con las pocas fuerzas que tenía, mientras acariciaba su rostro.

— Eres una niña muy buena, eres mi salvación.

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