Capítulo 26 Sus ojos me odiaban

—Baja el arma, mi amor —dijo Antonia con una calma aterradora—. Sabes que no vas a dispararme. No frente a tu pequeña e insignificante invitada, esta perrita que ahora usas y acuestas en tu cama.

—Da un paso más, Antonia, y te pongo un tiro entre los ojos antes de que tus peones alcancen a apretar ...

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