Capítulo 3 El collar
Me muevo sobre el colchón varias veces. Las imágenes de Soler, tomándome en brazos, rugiendo ordenes, no salían de mi mente.
Su ridícula forma de mirarme, esa sonrisa arrogante.
Deja de pensar estupideces.
Tome una ducha lenta, y me vestí para ir a la tienda. Habían pasado dos semanas desde mi accidente.
El fantaseo nocturno y los sueños no tardaron en aparecer los días próximos. Soñaba con el. Y mi cuerpo se estremecía con su presencia. Tampoco tardaron las pesadillas. Esas que, me despertaban a media noche sudando del miedo.
Me miro en el espejo y no me agrada tanto lo que veo pero aun así salgo del departamento de prisa. Tomo un taxi hasta el super mercado y empiezo a lanzar en el carrito las cosas que necesito para preparar el almuerzo de hoy.
—¿Emely? — una mujer dice mi nombre mientras sostengo los tomates en mi mano y giro para ver su rostro.
Antonia. Ex amiga de la universidad, me regala una sonrisa tan grande como su busto, y giro mentalmente los ojos. Es una total desgraciada sin tacto, que, solía manipularme y que, casualmente arruino mi vestido en la fiesta de graduación.
— Antonia. — saludo de vuelta sonando totalmente hipócrita. La odio.
— Cariño, cuanto tiempo. — me hala hacia ella y planta un beso en mi mejilla, para luego darme un apretado abrazo.
Quisiera que la tierra me comiera.
— Te he llamado cientos de veces. No sabes todo lo que ha pasado. ¿Como esta tu hermana? ¿Cómo era que se llamaba? — Como si no hubiéramos sido amigas por casi tres años seguidos.
Aun tiene el descaro...
— Rosa. — sonrió. — y claro, debemos encontrarnos un día de estos, a comer quizá.
Aparto los ojos de ella y vuelvo al carrito de compras.
— Debo irme. — una voz ruge a mis espaldas.
La sangre empieza a fluir en todas direcciones y maldigo tres veces. De repente empiezo a cuestionar por que me vestí tan mal hoy. Por que no me puse un poco mas de perfume. Esa voz me parece dramáticamente conocida.
Me doy una cachetada mental y finjo que no me importa el hecho de verle de nuevo.
Gonzalo Soler me mira de arriba a abajo y no se que expresión poner cuando llega a mis ojos. Se ve tan sexy como cuando lo conocí. En un traje negro, corbata azul, labios carnosos.
Todo en el grita "Prohibido"
Y todo en mi grita zorra, ahora mismo.
— Amorcito, ella es una amiga de la universidad. — nos presenta, como si no nos conociéramos.
¿Dijo amorcito?
— Emely, mi novio Gonzalo. — lo muestra como si fuera un premio y casi se me sale una carcajada por la ridiculez. Mis ojos lo escanean de arriba a abajo sin pena y no me toma nada deducir que el no quería estar aquí.
— Gonzalo Soler. — el, extiende su brazo hasta mi lugar y su mano toma la mía sin permiso, sosteniéndome firme. Dejando que el calor de su cuerpo invada el mío de repente.
— Emely. — lo reto con la mirada sin entender su juego y trato de romper la tensión que hemos creado alejando la mirada. Le digo mi nombre fingiendo también que nunca lo he visto.
Hace calor.
— Un placer. — dice y finjo una sonrisa, asintiendo.
— ¿Qué tal si vamos a comer ahora mismo? Están preparando unos platos maravillosos en casa, y me encantaría que todos disfrutemos. ¿Nos acompañas? — dice Antonia tomando la mano de Soler, como si yo fuera a quitárselo en cualquier momento.
— No puedo. — contesto sin pensarlo.
—¿Por que? Si es por tu hermana, dile que venga. —propone y niego con la cabeza repetidas veces. — Seria divertido hacer algo juntas.
— Gracias, pero hoy no puedo. — agradezco e intento sonar sincera.
— Si ella no quiere acompañarnos, no hay por qué obligarla. — deja en claro Gonzalo Soler, que mi presencia le molesta y parpadeo ignorando el hecho de que no haya intentado convencerme en lo absoluto.
Me despido para luego girarme e irme a otro pasillo, para finalmente pagar todo, y abandonar el super mercado.
~
Una vez en el departamento me dispuse a cocinar, prepare un par de platos al estilo mexicano. Tenía mucha hambre para cuando terminé, dejé la comida de Rosa en el microondas, dispuesta a servirle cuando llegara.
Al terminar de comer, deje todo en su sitio y me di un baño de nuevo, esta vez, arreglándome un poco para mi. Me puse un sostén blanco y unos pants negros para estar más cómoda. Limpiaría toda la casa, limpieza profunda como diría mi abuela.
Aunque no me habían levantado aún el reposo de la oficina, ya necesitaba volver a la misma rutina de siempre. Estar en casa me volvía loca.
Me puse los audífonos y empecé a limpiar cada rincón del cuarto. Luego fui por el de Rosa, y acabe en la cocina. Que, estaba sorprendentemente limpia. Puse una canción de J Balvin, y moví las caderas al ritmo de la música dejando que mis labios cantarán la canción.
Mi espalda choco con algo... ¿O alguien?
— Hola.
— ¡¿Qué hace en mi casa?! — grité con fuerza por inercia.
Tropecé varias veces con mis propios pasos y puse la mayor distancia que pude. Mi corazón saltaba dentro del pecho. Esto no podía estar pasándome.
Mis manos temblaban y mi cuerpo se puso en alerta. Quería tomar el teléfono pero ni siquiera recordaba dónde estaba, lo habia usado por toda la casa, no tenia tiempo para buscarlo. Todo volvía a nublarse y no dejaba de temblar.
Vacile antes de volver a gritar, el miedo estaba tomando el control de mi cuerpo. Habia venido a matarme.
— ¡Fuera de mi casa! — volví a gritar con más fuerza.
El miedo atrapó mis sentidos. Reconocía ese olor, el era quien me había golpeado para bajarme del auto sin contemplación. El era quien había robado todo.
—¡Lárgate de mi casa! ¡Ayuda! — Grité aun más fuerte. Moví las piernas tan rápido como pude para deslizarme por detrás de los muebles y que quedara mucha más distancia entre ambos.
Este sonrió. Sus dientes amarillentos saltaron a la vista.
Debía salir del departamento.
—¡Vete! ¡Te has quedado todo desgraciado! ¡Vete! — Se carcajeo al volverme a escuchar gritar.
— Tranquila hermosa. Estoy aquí por algo más.
— ¡Lle-llevate todo! ¡Pero lárgate ya! — temblaba tanto que ya no sentía ni una célula de mi cuerpo. Traté de calmar mi respiración para poder controlarme y pensar con la cabeza fría.
El hombre se sentó plácidamente en mi sillón y clavó un cuchillo en el.
— Quiero saber una cosa. — saco un arma de su pantalón. La puso junto al cuchillo y me miró fijamente. — ¿Dónde esta el collar?
Mi mandíbula se tenso. No tenia una respuesta para eso, porque, ni siquiera podía entender lo que estaba preguntando.
—No se de que habla.
—¡Dime! ¡¿Donde esta?!— volvió a clavar el cuchillo en el sillón gritando y esta vez se levanto, sosteniendo el arma entre sus manos. — ¡¿Dónde esta el collar de Gonzalo Soler?!
