Capítulo 4 Comienza el juego

Bastan solo unos segundos para que su mano esté sobre mi cuello y mi cuerpo debajo del suyo. Me arrebata el jarrón que he tomado en mano y lo lanza contra el suelo.

Escucho como se rompe y reprimo las lágrimas. El miedo me toma una vez más y me culpo por no hacer algo para que pare mientras me analiza lentamente para saber si llevo puesto alguna prenda.

— ¡No tengo el collar! ¡No me ha dado nada! — estoy gritando desesperada.

Las nauseas me toman y el se aparta de mi con furia, ira, rencor.

— Maldita, estas mintiendo. — se pone las manos en la cabeza sin girarse. Me observa.

Me abrazo como puedo y dejo que mi espalda se pegue a la pared. La puerta está cerrada y nadie entra. Nadie viene.

— Gonzalo te dio el maldito collar. ¡Donde está el collar! — sigue gritando con rabia y me apunta con el arma.

Tiemblo en mi lugar y no logro sostener más las lagrimas. Quiero correr hasta el para arrebatarle el arma y la puerta se abre, un hombre de traje se asoma.

Corre hasta nosotros y yo me agacho por inercia detrás del sillón. Intentan quitar el arma de sus manos y forcejean tirando al suelo todo a su paso.

Desde ese momento, todo ocurre rápido.

—¡Emely! — Rosa grita desde afuera, reconozco su voz y quiero correr hacia ella en el acto.

Me levanto rápidamente sin importarme el número de hombres que comienzan a entrar a la habitacion de repente, todo lo que rompen y los golpes que se escuchan son apagados por mis ganas de llegar a ella. Solo veo a mi hermana.

Corro hacia ella y antes de que pueda alcanzarla lo veo.

Gonzalo Soler esta junto a ella. Sosteniendo su brazo.

— ¡Sueltala ahora mismo! — grito enfurecida y me voy hacia el con toda la fuerza que tengo.

Me toma por sorpresa cuando envuelve mi cuerpo en sus brazos y me hace una equis. Inmovilizando mis manos.

—¡Sueltame ahora mismo hijo de perra! ¡Te matare si le haces algo! — pataleo en todas las direcciones.

— Calmate ya, o no podremos salir de aqui. — me susurra. — Debes sacar a tu hermana ahora. Asi que corre. — me lanza con fuerza hacia la pared y soy consciente cuando Rosa se interpone entre ambos para tomar mi muñeca y correr hacia abajo.

Hacia las escaleras.

Bajamos a grandes zancadas del edificio por las escaleras de emergencias.

Hago un escudo con mi cuerpo sobre Rosa cuando salimos por las puertas del sótano. No entendemos nada, pero por alguna razón seguimos a Gonzalo lejos del escándalo. Nos acompañan dos hombres mas y huimos del bullicio a nuestras espaldas.

— ¡Suban! — ordena rápidamente haciendo que subamos a una camioneta junto a él. — ¡Agachad la cabeza joder! — dice y echamos a andar con rapidez.

Rosa llora y yo intento calmarla pero me encuentro en la misma situación.

Inestable. Golpeada.

— Tranquila. Estamos juntas, estoy aquí. — Sostengo su cabello mientras ella intenta calmarse y no deja de llorar. — Ros, estoy aquí por favor, mírame. — le pido a mi hermana y me parte el corazón.

No entiendo una mierda y estoy a punto de golpear a Gonzalo cuando intenta tocar mi brazo.

— ¡No me toque! — le grito. — ¡No se que demonios está pasando, pero esto es por ti!

— Estas herida. — advierte.

—¿Ahora le importa? ¿Usted sabe lo que ha hecho? — le reclamo.

— Lo se.

— ¡¿Y que hará ahora?!

— Se irán conmigo. — Frío. Eso es lo que demuestra. Frialdad.

— El iba a... yo...— trato de formular algo que decir pero la adrenalina sigue subiendo por mi pecho, me he quedado sin oxigeno.

— No habrá explicaciones aun. Si estas pensando en eso. — me dice sin tacto.

Parpadeo varias veces para alejar las siguientes lagrimas que siento en los ojos. Si tengo miedo. Pero no puedo demostrarlo, no otra vez.

— Necesito que me diga, que esta pasando.

— No hay tiempo para esto, debemos enfocarnos en otras cosas. Primero pongamos a su hermana a salvo.

— ¡Desgraciado!

— Asusta a su hermana, Emily. ¿No se da cuenta? — hace un gesto con la barbilla.

Siento el rostro mojado y paso una mano por mis ojos para sacarlos y mejorar mi visión.

El auto corre por las avenidas y el corazón me late sin parar. Rosa se acurruca en mis piernas y me pregunto que es lo que está pasando.

— Estoy aquí. — susurro para ella y solo la miro ocultar lo que siente.

No hacemos preguntas, no nos movemos. Porque ya conocemos como se siente que te ataquen.

Rosa y yo, ya sabemos lo que se siente que amenacen con quitarte la vida.

— Se quedarán conmigo, hasta que las cosas se calmen. — Gonzalo Soler vuelve a hablar y el ruido de los autos afuera lo acompañan.

— Dijeron que me diste un collar. — le digo. Veo sus ojos por, primera vez claramente durante la noche y mantengo la mirada.

Aunque me intimida soy valiente. Mi hermana necesita a alguien valiente.

— Lo hablamos luego. — dictamina sin mirarme.

Ignorando por completo el hecho de que acaban de destruir nuestro hogar y de que el mismo tipo casi me mata, por el.

— ¡Destruyó mi casa!— le grito por impulso.

Rosa vuelve a llorar.

— ¡Ese hombre estaba buscándote a ti, y a un collar! ¡Esta no es nuestra guerra! — le digo presa de la rabia.

— Cállate. ¿O que quieres? — Sus ojos encuentran los míos. Fríos, oscuros, vacíos. — ¿Quieres que las lleve de nuevo hasta su casa? ¿Quieres que las deje con ese tipo? — pregunta.

Mi garganta se seca y vuelvo a temblar.

— Bien. Fred, gira en dirección al departamento de la señorita Emely. — escucho como ordena.

— No volveremos allí. — le digo con un tono de voz que reconozco y me obligó a controlar mis emociones.

— Fred, a la casa de los Op.

— Perfecto, señor. — contesta el chófer.

— No me tientes, Emily. No juegues conmigo. — sisea con una voz que no reconozco.

— Tengo nauseas. — susurra Rosa en mi pecho y dejo que mis manos protejan su cabeza de nuevo.

Gonzalo extiende una manta frente a mi con molestia, y dudo en tomarla, pero lo hago. Dejando que Rosa cubra su cuerpo, y yo de repente siento frío.

Mi torso desnudo me recuerda que estaba en sostén. No me había vestido al completo.

Siento vergüenza y me tapo rápidamente queriendo olvidar que todos me han visto llorar y estar desnuda.

El mismo jodido día.

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