Capítulo 120 Una sin hogar, uno que quiere un hogar y otra que ofrece el alma

Bea

El peso de las maletas era insignificante comparado con la marea de rabia que me zumbaba en las sienes. Con Alessandro dormido plácidamente contra mi pecho ajeno al caos que acabamos de vivir con nuestra llegada, empujé la puerta del apartamento de Sarita sintiendo que el suelo se me movía bajo ...

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