Capítulo 27 Capítulo 27

Mis tacones de aguja se hunden en el césped húmedo y maltratado del jardín delantero, amenazando con hacerme perder el equilibrio a cada paso, pero la furia pura que me recorre las venas actúa como el mejor de los estabilizadores. Avanzo con la barbilla en alto y los dientes tan apretados que siento...

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