Capítulo 4 Capítulo 4

Salgo de mi letargo momentáneo y adopto mi postura profesional, o eso intento.

Theron hace un gesto hacia la silla, invitándome a tomar asiento frente a su masivo escritorio. Se apoya con calma en el borde de la madera, a una distancia respetable, cruza los brazos y me mira con esa fijeza que me eriza la piel.

—Señora Grimm... —dice, marcando mi apellido con una pausa deliberada mientras sus ojos azul grisáceo repasan mi rostro—. Tengo que admitir que me causó curiosidad el saber que usted haya creado una velada perfecta para ser nueva en esto, señora Grimm. Por cierto, ¿hay un señor Grimm? —inquiere como si me preguntara por el clima.

—¿Disculpe? —replico sin creer que ha preguntado eso.

«¡Te lo dije!». Susurra la inoportuna. Evito resoplar. ¡Que te pierdas!

—Lo que escuchaste —asiente alisando su corbata con gesto despreocupado.

Dejo mi tablet sobre el escritorio y espero que tome asiento en su silla, pero en cambio lo hace en la silla junto a mí, acortando la distancia. Parece un hombre acostumbrado a que se haga lo que él quiere y cuando lo quiere.

Todo en él grita peligro.

Hago un esfuerzo sobrehumano por mantener la postura impecable, cruzando las piernas con elegancia mientras sostengo mi bolso sobre el regazo.

—Es mi apellido de soltera, señor Armstrong —respondo con tono seco y profesional—. Y soy una mujer divorciada, si eso satisface su curiosidad. Ahora, respecto al evento...

Una sonrisa sutil y cargada de satisfacción se dibuja en sus labios al escuchar mi respuesta, aunque no hace ningún comentario al respecto. Simplemente asiente, guardándose el dato.

—Respecto al evento —continúa, cambiando el chip a un tono más serio—. Somos una importadora de objetos de lujo. Es decir, joyas, moda, automóviles, arte, antigüedades —saco mi libreta y bolígrafo antes de empezar a garabatear. —Todo lo que puedas imaginar que quieran la alta sociedad de este país, somos los más solicitado para cumplir cualquier capricho. —Asiento mientras empiezo a tomar notas en mi libreta.

—Un ámbito muy grande el que cubren —espeto evitando mirar sus labios mientras habla.

—Es solo la punta del iceberg. El aniversario de Armstrong & Callahan Luxury Imports no es una fiesta cualquiera. Mi socio y yo estamos en medio de una negociación crucial para expandirnos a áreas financieras más allá de la importación. Y este evento es nuestra carta de presentación ante inversores muy importantes. Necesitamos que todo salga perfecto.

Lo miro, intentando procesar que un gigante corporativo como él le esté confiando algo tan grande a una empresa pequeña como la mía.

—Mi agencia de eventos es pequeña y estamos despegando, señor Armstrong —digo con total honestidad, manteniendo la cabeza en alto antes de tomar la tablet y abrir el catalogo que Gigi y yo hemos preparado—. Pero le aseguro que la dedicación y el detalle que le pondremos a su evento no se lo dará ninguna gran firma.

—Lo sé —interrumpe Theron, mirándome con una intensidad que me corta el aliento—. Anoche vi cómo te manejas bajo presión. Por eso quiero que sea tu empresa la que lo haga. Pero con una condición.

Arqueo una ceja.

—¿Qué condición?

—Quiero estar involucrado directamente en los avances. Lo que significa que tú y yo nos reuniremos seguido para revisar cada detalle.

—¿El señor Armstrong revisando manteles y centros de mesa? —inquiero con una pizca de sarcasmo.

—Solo si los reviso contigo —responde sin pestañear, devolviéndome el golpe con una sonrisa coqueta que me deja sin palabras. —Y, por favor, soy Theron. Nada de señor Armstrong.

Me tomo un segundo para tragarme la turbación que me produce su propuesta. La forma en que pronuncia su nombre suena casi como una invitación privada. Pero me rehúso a caer en su cara bonita y labia.

—Muy bien, Theron. Te haré llegar el contrato lo más pronto posible —digo, acentuando su nombre con profesionalismo para demostrarle que no me altera—. Claro, si esa es la única condición para cerrar el contrato. No tengo problemas, me adapto a tus exigencias. Aunque te advierto que soy bastante meticulosa con cada detalle y estoy segura de que no habrá ningún problema.

—Acepto el reto —sonríe de medio lado, inclinándose apenas hacia mí—. Me gusta la gente que sabe lo que hace y no le tiembla la mano para exigir calidad.

«¡A nosotras lo que nos tiembla son las piernas con esa que tiene!», me recrimina la voz en mi cabeza. La mando de paseo mientras extiendo el catálogo digital.

—Para empezar, necesito que revisemos la paleta de colores inicial y las tres opciones de concepto que preparamos para la gala. Como es un evento para inversionistas de lujo, sugiero algo sobrio, elegante, pero con toques contemporáneos que reflejen la intención de expansión.

Theron toma la tablet, pero al hacerlo, sus dedos rozan los míos deliberadamente. La descarga eléctrica es inevitable, aunque logro disimularla ajustando el botón suelto de mi chaqueta. Él baja la mirada hacia la pantalla, analizando las imágenes con atención real, demostrándome que, detrás de su coqueteo descarado, hay un hombre de negocios implacable.

—La segunda opción —dice tras unos segundos, señalando la propuesta de tonos azul noche, dorado y estructuras de cristal—. Representa exactamente el poder que queremos proyectar.

—Excelente elección. Prepararé el presupuesto detallado con la lista de proveedores para nuestra primera reunión de avance —afirmo, tomando nota en mi libreta—. Georgina, mi asistente debe estar terminando se obtener la información de los planos en la otra sala, pero necesitamos ver el lugar lo más pronto posible.

—Tenemos un salón en el Fairmont Olympic hotel. ¿Qué te parece si vemos el lugar mañana al mediodía y luego podemos almorzar en el restaurante del hotel y hablar más?

Me humedezco los labios y mi primera reacción es negarme, pero sé que sería poco profesional. Entonces pongo una sonrisa y asiento.

—Por supuesto, llámame para confirmar la cita. Es evidente que eres un hombre muy ocupado.

Le tiendo mi tarjeta, la cual toma. Me dispongo a ponerme de pie, pero Theron se levanta primero con la agilidad de un felino y me extiende la mano.

—No te preocupes, limpiaré mi tarde. —Me guiña con coquetería—. Ha sido un placer hacer negocios contigo, Violet —dice, envolviendo mi mano con la suya en un agarre firme, cálido y demasiado prolongado.

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