Capítulo 5 05
Porque ella lo ha soportado.
Porque ella lo ha soportado.
Porque ella lo ha soportado….
Y no es despedida aún.
Negaba con la cabeza, soltando un par de carcajadas, mientras veía a María, junto a otro grupo de empleados que se había reunido frente a mi cubículo para celebrar que ese día cumplía seis meses de trabajar en Sloan BC Company. La primera secretaria que duraba tanto tiempo, desde que Caín Sloan se había convertido en el CEO de su propia empresa, luego de haberla heredado.
Recapitulando la información obtenida con un arduo esfuerzo y chismoseo; Caín era el hijastro del dueño de Sloan BC Company, y al morir éste, todo pasó a sus manos. Respecto al tipo de relación padrastro e hijo no pude obtener ninguna información, solo supe que su madre se había casado con Sloan cuando Caín tenía quince años, y que éste lo adoptó como su hijo y lo instruyó en el manejo de la empresa. Amaba a Waleska, eso aseguraban todos. Fue lo único que pude conocer de aquella historia.
—Si soportas más tiempo, quizás en la siguiente celebración haya una torta más grande. Por ahora solo te tengo esto. —dijo María, entregándome un mini Cake de sabor chocolate.
Se los agradecí grandemente, y luego todos volvieron a sus lugares, antes de que Caín regresara, ya que había salido desde temprano.
—¿Almorzamos juntas? —me preguntó la agradable señora.
—Por supuesto, eso si el desgraciado jefe no tiene otros planes.
—Pues, el desgraciado Jefe sí necesita que le realices un trabajo…
Mi cuerpo entero se estremeció, y la sangre abandonó mi rostro cuando aquella voz, tan grave y áspera, resonó en el lugar. Mantuve los ojos amplios puestos en el rostro de María, quien también me veía perturbada.
—S-Señor Sloan. —tragué saliva, y me puse de pie.
Las piernas me temblaban.
—Y-Yo me disculpo, iré a hacer algo…. En algún lado. —se excusó María, antes de apresurarse hacia el ascensor.
Le pedí ayuda con la mirada, sentía que necesitaba que me salvara de aquella bestia, pero nomás se abrieron las puertas ella huyó, dejándome sola.
¡Carajo!
Me volví para ver a Caín, y noté que ya se encontraba en su oficina, así que me armé de valor y fui a tocar la puerta. Como es costumbre para él, me dejó esperando un buen tiempo por una respuesta, hasta que se dignó en decirme que ya podía pasar.
El ambiente en aquella oficina se sentía realmente frío, y la luz que entraba por el gran ventanal era tenue, ya que la tarde estaba nublada; y ahí estaba él sentado detrás de aquel escritorio, con una expresión sombría en su rostro, mientras veía con atención la pantalla de su laptop.
Tragué saliva.
—Jefe, primero que nada, quiero disculparme con usted, eso estuvo fuera de lugar, yo…
—Tengo dos trabajos para ti —me interrumpió. —. Primero, necesito que respondas a los correos de dos empresas; a una la aceptarás como socia, y a la otra la rechazarás. Redacta los papeles y envíalos hoy mismo —me indicó. —. Lo siguiente que harás, será ir por Ra, Anubis y Seth al veterinario.
—¡¿Qué?! Pero, señor Sloan, es…
—¿Oí un “pero” salir de tus labios? —me preguntó, serio.
—¡Es que sus perros son aterradores! —pataleen un poco. —. Me atacarán.
—No, no lo harán —respondió, poniéndose de pie y dándole un ligero golpe a la superficie de su escritorio. —. Aparte de que estarán sedados. Solo llévalos a mí casa, y ahí te estará esperando el joven que se encarga de cuidarlos.
¿Y por qué no iba él a recogerlos? ¡Joder!
—¿Ya tienes auto? —me preguntó de la nada.
Negué con la cabeza, esperanzada en que me dijera que en ese caso podía dejarlo.
—Puedes llevarte el mío. Date prisa y comienza a redactar la respuesta a las empresas esta misma tarde. Ahora tengo una reunión muy importante con los socios, anúncialo ahí afuera para que nadie me moleste.
Él se retiró de la oficina, dejando las llaves de su auto en mi mano, mientras yo temblaba de terror. ¿Sus perros? Esa seguramente era una manera de castigarme por lo que había dicho, o de lo contrario no me habría enviado a poner mi vida en riesgo de nuevo.
—María, ¡tienes que ayudarme! —pedí, al llegar a la oficina de recursos humanos. —. Intenta castigarme, quiere enviarme por sus perros, la última vez casi me atacaron.
Ella me miró a los ojos, y torció los labios con pesar.
—Sí, es una manera de castigarte, ya lo ha hecho en otras ocasiones —esa fue su respuesta. —. La secretaria antes de tu predecesora fue despedida porque dejó que los perros escaparan, al igual que tú, les tenía miedo —ella suspiró, quitándose los lentes, para luego acariciarse el entrecejo. —. Lo siento tanto, no puedo ayudarte, estás en su poder. Debes hacer lo que te pida, y ese es el motivo por el que se te paga hasta tres veces más de lo que ganaría una secretaria común.
—¡Lo sé! —cerré los ojos y maldije para mis adentros. Claro que era una buena paga, me permitía tener bien a mi familia. —. Pero ¿sabes qué? Si el maldito de Caín Sloan cree que me despedirá el día de hoy se equivoca, ¡Tendrá que seguir soportando ver mi linda y amable cara!
Me puse de pie y salí de su oficina con la frente en alto. ¡Al diablo Caín! Lograría llevar a sus bestias hasta su guarida. Solo debía pensar en una manera de conseguirlo y no terminar sin alguna de mis extremidades en el proceso.
Pensando en eso estaba, mientras me dirigía hacia el estacionamiento a pasos firmes y seguros, lista para llegar a mi destino, y de la nada, luciendo tan hermosa como un ángel, apareció Waleska Sloan.
—Su hijo se encuentra en una reunión con los socios, seguro tardará un poco. —le advertí con amabilidad.
—Oh, bueno —dijo un tanto decepcionada. —. ¿Y tú adónde vas?
—Buscaré a Seth y… ¿Eh?, no recuerdo los otros nombres.
—¿Seth, Anubis y Ra? —me preguntó con curiosidad, arqueando una ceja.
Asentí con frenesí. Ella entornó los ojos, en lo que me veía de pies a cabeza.
—Está tratando de intimidarte, ¿verdad?
¿Cómo lo supo, instinto materno?
—No le prestes atención, se volvió un patán desde que regresó del ejército, pero no lo es a tiempo completo.
—Disculpé, ¿ejército? —inquirí con curiosidad.
—Sí —resopló. —. Pero no te preocupes, yo te acompaño a buscar a los perros, se portan muy bien cuando están conmigo. Y si van sedados será mucho más sencillo. —dijo, enrollando su brazo con el mío para avanzar hacia la salida.
Su acción me tomó por sorpresa. El título de Ángel le quedaba perfecto a aquella mujer.
Luego de un no tan largo trayecto, llegamos a la veterinaria y por poco sufrí un infarto cuando algunos empleados sacaban a los perros, que iban profundamente dormidos, para subirlos al auto. Eran tan grandes que debían llevarlos dos personas.
Los ubicaron en la parte trasera de aquel costoso auto, dos en el asiento y uno en el suelo. Las manos me temblaban, aferrándose al volante con firmeza, mientras conducía con la mirada puesta en la carretera, temiendo voltear y encontrarlos despiertos, viéndome como lo hacían a través del cristal, mientras subía las gradas de la casa de Sloan.
—Tranquila, nena. Están dormidos, míralos, se ven tan angelicales —dijo Waleska, sonriendo enternecida. —. Pero vamos, distráete conmigo, háblame de ti.
Decidí comenzar a hablar para ir relajándome poco a poco. Me preguntó sobre mi familia, mi carrera universitaria, y mi estilo de vida en la ciudad; yo era el centro de aquella conversación.
—¿Volverá a la empresa? —le pregunté, una vez que pude respirar tranquila, luego de llegar a la casa de Sloan.
A partir de ahí, aquellos perros eran responsabilidad del chico que los cuidaba.
—No, me quedaré aquí a pasar tiempo con mis perri-nietos —respondió, y aunque al principio creí que lo decía con sarcasmo, resultó que era en serio.
Le agradecí mil y un veces, y en realidad no besé sus nudillos porque no me lo permitió. Y así, salvada nuevamente por la campana, volví a la empresa, sintiendo que flotaba en una nube de victoria.
Me senté frente a la computadora, sintiendo todavía aquella adrenalina que comenzó a recorrer mi cuerpo desde el momento en que los de la veterinaria subieron a los perros en el auto. Intenté concentrarme en lo que era importante para aquel momento; redactar las notas, pero no salía de mi cabeza el recuerdo de la madre de Sloan diciendo que había estado en el ejército, y lo que parecía una herida de bala en su abdomen.
La curiosidad me invadió; ¿qué historia había detrás de aquel ser tan frívolo y sombrío? No sabía porqué, pero quería averiguarlo.
