Capítulo 50 El peso del imperio y el cristal roto

El silencio que dejó la partida de Gabriel no fue un vacío, sino un peso físico. La inmensa oficina presidencial, con sus ventanales de suelo a techo que dominaban el perfil financiero de la ciudad, se sentía de pronto como una celda mucho más fría y sofocante que el confesonario de madera vieja ...

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