Capítulo 31 Ponte sexy

Amaia.

Dejo de respirar. Mis dedos se aferran al borde de la encimera para no caerme mientras sus ojos continúan fijos en los míos, penetrantes. Me siento hechizada, sumergida en un mar oscuro de deseo y perversiones.

«Que soy suya». Repito su afirmación en mi cabeza, sin parar.

Trato de conv...

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