El jardín herido

El aire en Aethelgard no quemaba; lloraba. El Vacío no solo quemó el Mundo Natal de los Fae; lo silenció. La extensa Ciudadela Esmeralda, una vez una red viviente de cristal y maderas plateadas en flor, ahora era un paisaje de quietud agonizante. La vibrante luz del Sol Eterno, que usualmente bañaba...

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