Capítulo 3 Capítulo 3

Paloma acababa de dejar a Ángela en la guardería, sorprendiéndose de la amabilidad de una de las niñeras, si bien siempre la trataban con cortesía, aquella mañana le había parecido ridículo su forma de actuar, y es que el hecho de recibir la propuesta de ingresar a tomar un café con ellas, le parecía más que incrédulo, ridículo, aun así, no prestó mayor atención porque tenía demasiadas cosas en las que pensar, por lo que se retiró de inmediato como cada mañana.

Aun le quedaba un largo trecho por recorrer hasta su trabajo, mientras sus pies se quejaban no solo ante su peso, sino ante el hecho de que sus zapatillas ya estaban un poco desgastadas, debía de comprar un par nuevo, pero Angela necesitaba ropa nueva, la pequeña había pegado un estirón, y los pantalones ya no podían tapar sus tobillos y eso era algo inaceptable para Paloma.

—Pero mira nada más quién ha llegado, nuestra chef favorita.

Canturrio Amelia, su compañera de trabajo, y Paloma la vio con desconfianza, pues Amelia era su ayudante, era quien estaba tras su puesto de trabajo, era quien se quejaba con el jefe una y otra vez de que, ella sí se había recibido de chef, y no había quedado a medio camino como era el caso de Paloma, aunque por supuesto, a Paloma la respaldaban sus platillos, mientras que, a Amelia, solo la respaldaba un título, que más de un empleado creía que había comprado y no ganado.

—¿Te has levantado de buen humor hoy?

Pregunto tratando de pasar de ella, pero entonces la rubia le colocó el periódico casi en la cara, y el corazón de Paloma por un instante se detuvo, incluso sintió como que una corriente eléctrica la hubiese atravesado, aún antes de terminar de leer el encabezado, solo le bastó con visualizar la foto de Dante Sandoval.

— No puede ser.

Murmuró sintiendo un leve hormigueo en uno de sus brazos y por un segundo, Paloma en verdad creyó que le daría un infarto.

—Pero mira qué bien que lo tenías escondido, porque esta noticia es verídica, ¿o no Paloma?

La lengua de Paloma se entumeció, podría simplemente decirle de que, claro que por supuesto que no era verídica, pero estaba segura de que Amelia era una de las personas que llamaban a bienestar infantil, para informar la cantidad de horas que Angela pasaba a cuidados de terceros, Paloma podía apostar su puesto de trabajo a que Amelia, hacía todo aquello, precisamente para que renunciara, entonces negar lo que el periódico decía, supondría perder a Ángela.

—Eso no es de tu incumbencia, y ahora disculpa, debo de hacer una llamada.

Por supuesto que tenía que hacer una llamada, debía de llamar a esa mujer que en teoría, la había entrevistado para asegurar el bienestar de Ángela, y que sin embargo, había divulgado lo que se suponía era un secreto, aunque en realidad era una gran mentira, quizás con suerte el señor Dante Sandoval aún no había visto el periódico, quizás aún con mayor suerte, podía conseguir que aquella noticia simplemente desapareciera.

—No, tú no puedes moverte de aquí, sin explicarnos cómo una persona como tú, pudo conquistar a un hombre como éste.

—¿A qué te refieres a una persona como yo?

Preguntó Paloma, quizás disociando una vez más, aunque no era su culpa, su cabeza funcionaba de ese modo, primero los problemas pequeños, o dirigir su furia hacia terceros, luego tratar de solucionar los problemas grandes, y al no poder hacerlo, llegaba el tercer paso, llenar su estómago con comida chatarra, sí, ella que era una chef comía basura.

—Por favor, Paloma, ¿acaso no tienes espejo en tu casa?, o me dirás que es muy normal que un hombre tan atractivo como Dante Sandoval, se fije en alguien… con sobrepeso.

Paloma apretó los puños, y luego respiró con calma, porque estaba segura de que si golpeaba a Amelia, esta llamaría aún con más razón a bienestar infantil, a quienes no les importaría el motivo por el cual Paloma pudiese golpear a su compañera de trabajo, porque sólo verían en ella a una mujer violenta, y por supuesto tendrían otra excusa para sacarle a Ángela.

—Amelia, mejor ponte a lavar la verdura.

La golpearía, claro que sí, aunque no con puños, sino en el puro ego, lo sabía muy bien, no había nada más que detestara Amelia que la enviaran a hacer tareas de principiantes.

Pero lamentablemente ya era demasiado tarde, aunque su día recién empezaba, tal parecía, que los magnates multimillonarios, empezaban el día aún más temprano que ella, porque en el preciso instante en que tomó su teléfono móvil, para llamar a la asistente social, el mayordomo de la mansión de Dante Sandoval estaba frente a ella.

—Paloma, este señor pregunta por ti.

Dijo el encargado del Restaurant, y las mejillas de Paloma enrojecieron tanto como su cabello.

—Osvaldo, hola, ¿qué te trae por aquí? ¿sucede algo?

Preguntó con la voz temblorosa, tratando de fingir demencia, pero el mayordomo antes de responder, llevó sus ojos al periódico que la regordeta mujer tenía en su mano, ese mismo que aseguraba que Dante Sandoval estaba pronto a contraer nupcias con ella, para luego verla a los ojos casi con pena.

— Paloma, el señor Dante me envió por ti.

Era el fin, todo estaba perdido, y en su mente, cientos de personas diminutas corrían de un lado hacia el otro, quizás eran sus neuronas, tratando de pensar, de crear un milagro, mientras sus compañeros de trabajo exclamaban con emoción, creyendo realmente que Paloma había atrapado al soltero más codiciado de toda Europa.

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