Capítulo 4 Capítulo 4
Dante no perdió tiempo en darle explicaciones a su madre simplemente finalizó la llamada, y acto seguido llamó a su asistente.
—Daniel, quiero toda la información de este artículo, en especial quiero saber quién demonios es Paloma Sánchez.
—Es su chef señor.
Respondió en automático Daniel, pues él conocía muy bien a la chef de su jefe, no en persona, pero tanto Daniel como Osvaldo, eran los encargados de transmitirle qué tipo de platillos deseaba comer el magnate durante la semana, entonces la joven simplemente se encargaba de realizarlos.
—¿Cómo que mi chef?
pregunto totalmente desconcertado y es que Dante en verdad estaba poco tiempo en su mansión.
—Va cada miércoles señor, organiza sus comidas de la semana, algunas preparaciones las deja cortadas y deja sus indicaciones para que Osvaldo las cociné cuando sea necesario, algunas otras directamente las deja cocinadas y solo hay que recalentarlas.
—Sé cuál es la maldita función de un chef, lo que quiero saber es ¿cómo demonios esa mujer terminó convirtiéndose en mi prometida?, sin que yo lo supiera.
—Supuse que iba a solicitar esa información, y déjeme decirle que ya investigué, tal parece que fue una trabajadora social la que filtró la noticia a la prensa, ya le pedí al gabinete de abogados…
—No, aún no, sólo haz que esa mujer esté en mi mansión, antes de que yo llegue allí.
Y dicho eso Dante salió hecho una furia, por lo que Daniel sin perder tiempo, y sabiendo que Osvaldo llegaría a Paloma antes que él pueda alcanzar a Dante, simplemente llamo al mayordomo y dio la orden.
Paloma se mantenía en silencio en la parte trasera de un lujoso vehículo, uno que había visto fuera de la mansión, sólo desde lejos, incluso sentía pena de que su trasero tocara tan maravilloso asiento.
—Osvaldo, yo puedo explicarlo todo.
Dijo a mitad del camino, porque como toda culpable, no podía seguir guardando silencio, sin embargo, Osvaldo simplemente suspiró.
—Estoy seguro de que así es Paloma, pero no es a mí a quién le debes de explicar.
Paloma no sabía cómo tomar aquello, ¿la estaba ayudando o le estaba condenando?, quizás simplemente era ella que se sentía culpable, aunque en su mente un plan se estaba formando, y era hacer lo correcto, quizás con suerte, si le explicaba toda la situación al señor Dante no la despidiera, al menos si conservaba su trabajo, quizás podría pagarle a alguien para que se hiciera pasar por su prometido, y luego mentirle a la asistente social, asegurarle que sólo fue una broma el haber nombrado a Dante Sandoval, sí, seguro que eso funcionaba.
—Hemos llegado.
Anunció Osvaldo y las mejillas de Paloma enrojecieron aún más, porque se había perdido tanto en su maravilloso plan, que no se había percatado que el automóvil no solo se había detenido, sino que el propio Osvaldo había abierto la puerta para ella.
—Gracias.
Murmuró y comenzó a caminar hacia el pasillo, aquel que llevaba a la puerta de servicio, pero entonces Osvaldo la llamó.
— Paloma, no creo que pueda seguir utilizando la puerta de servicio, el señor Dante te espera en la sala, déjame guiarte a la puerta principal.
Genial, estaba despedida, la habían despedido sin siquiera decirle que estaba despedida, lo peor de todo que seguro ni siquiera le daban una indemnización, en realidad lo había hecho muy bien, muy bien, había arruinado todo de la mejor manera como sólo ella podía hacerlo.
Aun así, no le quedó más remedio que seguir a Osvaldo, jamás se había atrevido a deambular por la mansión, ella sólo conocía el pasillo que utilizaba el personal de servicio, y la cocina por supuesto, y en una que otra ocasión el baño del personal de servicio, pero solo eso, por lo que, al entrar por la puerta principal, no pudo evitar que su boca se abriera, qué suerte que tenían los ricos, aunque decir que era solo suerte, sería menospreciar su esfuerzo.
—Esto debe ser una puta broma.
La voz gruesa de un hombre la hizo tropezar con sus propios pies, y si no fuese porque Osvaldo tenía buenos reflejos, Paloma estaba segura de que hubiese roto su cabeza, contra la pequeña mesa de cristal que había frente a ella, aunque lo más desastroso de todo aquello sería que hubiese tenido que pagar la mesa de cristal.
—Señor Dante Sandoval, hola soy Paloma Sánchez…
Paloma caminó hacia él con la mano extendida, le temblaba y eso era visible, pero no era para menos, ni siquiera cuando fue contratada había visto el rostro de aquel hombre, sí lo conocía era por sus fotografías en revistas, y quizás una que otra vez lo había visto a lo lejos, sólo eso, sin embargo, Dante vio su mano como si fuese excremento.
—Será mejor que nos saltemos las presentaciones y me digas ¿cómo demonios resulto ser que estoy a punto de casarme contigo?
Paloma tragó grueso, una que otra vez había sido regañada por algún jefe, chef que le enseñaban a trabajar bajo presión, a que un platillo saliera presentable y a tiempo, que la comida no se pasara, que quedara en su punto, jamás nadie le había hablado de esa forma, por algo que no estuviese relacionado con la cocina, por lo que Paloma lo sintió como un ataque directo y dio un paso atrás, provocando que Dante soltara un suspiro pesado.
—Lo siento, no quise gritarte, pero creo que a esta altura te darás cuenta, de que necesito una explicación, hasta ahora lo que me han informado es que la asistente social que filtro esta noticia está relacionada contigo, y necesito saber si tienes algo que ver antes de iniciar acciones legales.
Acciones legales, por supuesto, Dante era un magnate, no se quedaría de brazos cruzados mientras ella inventaba una atroz mentira, lo más probable es que quisiera meter la presa, y ahí sí perdería la tenencia de Ángela.
—Yo puedo explicarlo todo, lo juro, pero por favor, no me denuncie, no lo haga o me sacarán a mi hija.
La súplica de Paloma fue acompañada por sus lágrimas, y casi en simultáneo, sus piernas decidieron dejar de sostenerla, por qué desde su punto de vista, había arruinado todo.
