Capítulo ciento treinta y cinco

Mi cabeza latía con fuerza mientras miles de recuerdos inundaban mi cerebro. No podía ver más allá de las imágenes de sangre y el horrible sabor a carne quemada.

No podía sentir nada excepto a las mujeres que seguían tocándome. Quería gritarles que se detuvieran, pero no podía mover los labios. Tam...

Inicia sesión y continúa leyendo