Treinta y dos: Chimia

Lágrimas calientes e implacables corrían por mis mejillas. Estaba desplomada en la esquina del carro, completamente inútil.

Estaba segura de que si me lanzaba contra la abertura con suficiente fuerza podría salir de allí, pero ¿y luego qué? Había dejado que ataran mi magia de manera estúpida. Me ha...

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