Treinta y tres: Mal

Fen estaba, de hecho, en serios aprietos cuando logré entrar. Hades estaba de pie sobre él, con la mano sobre su boca mientras—supongo—trataba de averiguar qué hacer.

—Heeey, mira, es el grandote—dijo la débil y temblorosa voz de Fen.

—¿Cómo estás, amigo?—le pregunté, sonriendo ante la pequeña pil...

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