Capítulo 38

Lirael

El sonido me despertó: un gemido bajo que Sebastian no alcanzó a contener del todo. Abrí los ojos de golpe y lo encontré recargado contra la pared, con el rostro blanco como hueso, respirando a tirones ásperos que le hacían sacudirse el pecho.

Con la mano derecha aferraba el cuchillo táctic...

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