Capítulo 1 Capítulo 1
El auto se detuvo en frente de la mansión Rizzo.
Davide Lombardo observó la mansión con una sonrisa y un brillo en los ojos.
Su cuñado Rico, a su lado le miró con alegría, colocando la mano sobre el hombro.
—Te veo nervioso.
—Lo estoy.
Rico, el cuñado de Davide abrió la puerta trasera para que su esposa Valery saliera.
La pareja, de recién casados -aproximadamente mes y medio- se paró junto a Davide.
—Mis suegros estarán feliz de vernos ¿entramos o les esperamos a mis padres?
—Esperemos —expuso Rico— Es lo que mi cuñado desea.
El pecho de Davide se inflaba y desinflaba con cada suspiro.
Sus pies picaban por ingresar, por llenar de sorpresa a la familia de su cuñado, sobre todo, a Ginevra, su novia. Pero debía esperar. Tenía que estar toda la familia presente.
Otro auto se detuvo, de este descendieron dos mayores.
Otavio Lombardo, y Mariza de Lombardo. Los padres de Davide y Valery.
—¿Todo está bien?
—¿Por qué han ingresado?
Ambos mayores cuestionaron.
—Mi hermano quiso esperarlos.
—Bueno ya estamos aquí. Entremos.
Las cinco personas ingresaron, Davide era el que iba adelante, con la mano apretando y soltando, por lo nervioso que estaba.
Dentro de la mansión, Ginevra tenía reunido a sus padres, los cuales cuestionaron.
—¿Que es lo que vas a decirnos Ginevra?
La joven, a días de cumplir los diecinueve años, apretaba las manos delante de su vestido.
—Estoy... estoy embarazada.
Soltó sin más, porque no podía seguirlo manteniendo en secreto.
Para sus padres, aquello fue un balde de agua fría cayendo sobre sus cabezas.
Las cinco personas que acababan de ingresar, estuvieron sus pasos al escuchar lo que Ginevra había dicho.
—Repite lo que dijiste —le cuestionó, Petro Rizzo, su padre.
—Estoy embarazada.
Laura, la madre de Ginevra se llevó la mano a la boca al volver a escuchar esas palabras.
Petro Rizzo, fijó los ojos en el hombre detrás de Ginevra, y gruñó.
—¡Como te atreviste a embarazar a mi hija sin siquiera ponerle un anillo en la mano!
Ginevra sintió ese aroma en su espalda. Davide había caminado silenciosamente hasta ella.
Al girarse, Ginevra sintió que su mundo se acababa, pues no esperaba que Davide estuviera ahí y hubiera escuchado aquello.
—No he tocado a tu hija, en absoluto —aclaró con mirada fría Davide.
Ginevra, con voz quebrada lo confirmó.
—El hijo que espero no es de Davide.
Esas palabras fueron un golpe seco para este, que pensaba que Ginevra aclararía que todo lo dicho anteriormente, era una mentira.
—Entonces... ¿es cierto? —cuestionó Davide en un susurro— me has traicionado.
Ginevra asintió y al mismo tiempo negó, sintiendo que su pecho dolía.
—No... te traicioné.
—¡¿Entonces como explicas que estés embarazada si entre nosotros no ha sucedido nada!? —gritó furioso como nunca le había gritado.
Ella se estremeció ante ese grito y no pudo responder de inmediato.
—¡Responde! —exigió indignado y ofendido— esto es una broma ¿cierto?
—Yo... no quise hacerlo.
Davide se rio con amargará.
—Tienes que creerme, Davide. Tienes que...
Le intentó agarrar la mano, Pero se la apartó rugiendo.
—¡No me toques!
Sus ojos, de un azul intenso la miraron por primera vez con odio.
—¿Quién es tu amante? ¿Con quién te revolcaste? —exigió mientras la sacudía con ira.
—No tengo amante. No te he traicionado — aseguró con lágrimas cayendo de sus ojos.
Davide la soltó, haciendo que trastabille, Pero no cayó.
—Eres una cínica, una mentirosa y falsa. Acabas de decir que estás embarazada, y ahora dices que no me traicionaste. ¿Es que ese embarazo es obra del espíritu Santo?
—Da... la noche de la boda de mi hermano...
—¡¿Fue ahí?! ¿Fue en ese momento que me engañaste? ¿Con quién? ¿Por qué si yo te amaba?
—¡Cómo que Davide no te ha tocado y estás embarazada!
Furioso su padre la giró, y enfrentó.
Ya con lágrimas en los ojos, Ginevra no supo cómo responder.
Sucedía que, hace mes y medio, en la boda de su hermano, ella despertó en una cama, sola.
Significaba que había pasado la noche con alguien.
—¿¡Responde Ginevra!? ¿¡Quién es el padre de ese embarazo!?
La sacudía con furia para sacarle la verdad.
Era un hombre de principios, con una reputación intachable.
—¡No lo sé! ¡No lo sé, padre! —dijo llorando.
—¡Eres una desvergonzada!
¡Paf!
Una bofetada cayó en el rostro de Ginevra, enrojeciendole la mejilla inmediatamente.
—¡Sucia! ¡Una cualquiera!
Nadie hizo intervenir, ni siquiera Davide, que estaba más cerca.
La decepción en su rostro era evidente, pero nadie sabía el dolor que lo quemaba por dentro.
Sin nada más que esperar en esa casa, se dio la vuelta para marcharse.
Sus pasos eran lentos, pesados, como quien acababa de perder lo más importante de la vida.
Mientras su padre la azotaba por embarazarse sin estar casada, Ginevra vio a Davide marcharse, y su corazón se apretó dolorosamente.
Quiso gritar su nombre, deseó que él se detuviera y evitara que su padre continuara cascándole, pero no lo hizo; sentía que no merecía ni la más mínima intención de parte de él.
—¡Para, padrino!
Quien intervino fue Cleonice, la joven que hace muchos años vivía en la mansión Rizzo, como protegida de estos.
Mientras protegía a Ginevra de la madriza de su padre, miró a Davide marcharse lento y sonrió apenas.
—Apartate Cleo, déjame acribillarla.
Petro era un hombre sumamente despiadado. Cuando se trataba de la honra de su familia, se volvía completamente incontrolable.
Era aberrante para él que su hija saliera embarazada, y que no supiera quién era el padre, sobre todo, teniendo prometido.
Aunque veía el rostro enrojecido de Ginevra, quería seguir.
—Padrino por favor. Ten compasión de Ginevra.
Su madre no hacía nada por detenerlo, aunque le dolía, pero si se metía, también recibiría.
Su hermano, que también estaba a unos cuantos metros, tampoco hizo nada. Estaba de acuerdo con su padre, de que Ginevra merecía ser castigada, por suelta y haber traicionado a Davide, su mejor amigo.
Hace un año, Davide había declarado sus sentimientos a Ginevra, para ella fue una sorpresa, porque Davide nunca la había mirado cuando era una adolescente, siempre la ignoraba. Pero lo que ella no sabía, era que él la observaba cuando ella no miraba, y se mantenía al margen por su corta edad.
Pero hace un año, cuando cumplió su mayoría de edad al fin la miró con intensidad. La sacó a bailar y, a la media noche, lejos del bullicio, le declaró su amor y le pidió fuera su novia.
Ese día fue el más feliz de su vida. Sin embargo, la noche en que su hermano se casó, alguien colocó sustancia en su vino, la llevó a una de las habitaciones del hotel donde habían hecho la reserva, y después de eso no recuerda nada.
Ante el agotamiento, Ginevra se desmayó.
Cuando abrió los ojos, no pudo ver con claridad de lo hinchado que estaban.
—Tranquila —dijo su mamá mientras le curaba el rostro para bajarle la hinchazón.
—Madre —Ginevra intentó agarrarle la mano, Pero le dolía todos sus músculos— juró que no lo busqué.
Su madre no dijo nada, solo se limitó a decir.
—Tienes que hablar. Decir cuál es el nombre del padre, y... así sellaremos ese compromiso.
Pretendían casarla con el mismo hombre que había pasado tocar sin su consentimiento.
—Es que no sé quién es.
—¿Es que tuviste tantos hombres, Ginevra?
—Me doparon, me tocaron sin que yo estuviera de acuerdo. La noche de la boda de Rico, desperté en una habitación del hotel —sollozó, y su madre dejó de limpiarle las heridas— No lo engañé. No tuve amantes. No fue consciente. ¿Entiendes?
—¿Por que no lo dijiste?
—Era lo que trataba de decir, pero padre no me lo permitió.
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Después de limpiarle el rostro, Laura de Rizzo salió de la habitación, y fue corriendo a informarle a su esposo lo que había sucedido.
—¿Ultrajo? ¿Quién se atrevió a hacerlo?
—No lo sabe. La niña despertó cuando no estaba aquel hombre?
Preto apretó los puños con furia.
—Ahora más que nunca, Ginevra debe deshacerse de ese embarazo.
No pasó mucho para que Ginevra se enterada de los planes de su padre.
—Tienes que deshacerte de ese embarazo.
Ginevra negó. Aunque había sido concebido sin su consentimiento, ella no podía deshacerse de esa criatura.
—¿Qué estás tratando de decir?
—Que no voy a asesinar a mi hijo.
Su padre volvió a enloquecer.
—No permitiré que manches el honor de la familia. Te deshaces, o te casas con cualquier peón que esté dispuesto a recoger una mujer sucia como tú.
Laura intervino inmediatamente.
—Ginevra, si te deshaces de esa aberración, Davide podría recibirte de nuevo.
Amaba a Davide con toda su alma, pero si él se había marchado sin esperar su explicación, y dejado que su padre casi la cascara, no merecía su amor, mucho menos que acabara con su bebé, por él.
—Nada hará que cambie de opinión. No me desharé del embarazo —dijo tajante— tampoco me casaré.
—Entonces —dijo su padre con toda la arrogancia del mundo— te largas de esta casa. Te olvidas de esta familia. Desde hoy dejas de existir para mí, y para todos.
