Capítulo 2 EL NOMBRAMIENTO DE JACKSON

Maxine se miró por enésima vez en el espejo de su habitación. Estaba emocionada y a la vez muy nerviosa por su nuevo trabajo. ¿Quién diría que su vida terminaría llevándola de nuevo a reunirse con el amor imposible de su infancia?

—¿Es necesario que me ponga este vestido?

—Por supuesto que sí, ¿acaso no fue orden expresa del papá de Jackson que pasaras desapercibida? —le preguntó su hermana menor, Charlie.

Ella era la mayor de tres hermanas, y todas a excepción de la segunda, llevaban nombres unisex. Eso porque su padre siempre deseó tener varones, pero a cambio, había tenido tres hermosas princesas.

Al menos hasta que Maxine decidió que eso no era lo que quería ser. Su hermana menor también había seguido sus pasos, no en balde, la del medio, Georgia, era la única de ellas que siempre se salió de lo establecido. Algo así como la oveja negra de la familia.

—Pero es que me veo... no sé... rara —se quejó mientras miraba sus curvas.

Maxine tenía un cuerpo espectacular, deseable a la vista de cualquier hombre. Sus largos años de entrenamiento militar le habían dado ese aspecto, pero ella era incapaz de verse más que como esa niña en el colegio a la que le decían gorila.

—Te ves muy bien —le dijo su hermana, que se encontraba tirada en la cama intercambiando mensajes en su celular.

—¿Crees que a Jackson le guste?

—¿Todavía te gusta ese hombre? Creí que lo habías olvidado cuando te fuiste a Irak.

—Pensé lo mismo, pero, verlo hoy fue... no sé. Mi corazón latía acelerado y me temblaban las piernas. Eso hasta que vi que una tipa salió de su habitación y le dio un beso.

—¡¿Tiene novia?!

—Creo que no, ni siquiera se sabía el nombre de la chica —le dijo con una risita.

El vestido que llevaba puesto era de un color rojo vino que realzaba cada uno de sus atributos. Aun así, Maxine se guardó el arma en el cinturón que llevaba oculto debajo de la falda. En el tacón se escondió una pequeña navaja, y entre los pechos llevaba otra pistola pequeña.

—Eres un arma letal, y lo digo en todos los sentidos —bromeó su hermana.

Maxine le sonrió y dejó que ella la maquillara porque de eso sí que no sabía absolutamente nada. Una vez que estuvo lista, se apresuró a subir a su auto para no llegar tarde. Se supone que debía buscar a Jackson en su casa, así que condujo hasta el punto de encuentro, solo para darse con la sorpresa de que él ya se había ido.

La mucama se lo informó cuando ella tocó la puerta.

—¡¿Cómo que se fue?! ¡Ese idiota! ¡Si no lo matan esos tipos lo haré yo! —declaró con furia.

Volvió a subir a su auto y condujo hasta la empresa ArmTech Labs. El edificio era tan imponente como cualquier empresa de armamento en Washington, tuvo que mirar hacia arriba, y quedó impresionada al ver lo enorme que era.

Por dentro estaba feliz de ver que su amigo había logrado grandes cosas, y no podía esperar a saber de qué se trataba ese revolucionario invento del que todo el mundo hablaba a voces.

En la entrada del edificio había una alfombra roja, a sus lados, cordones que impedían el paso de los centenares de periodistas que les tomaban fotos a todos los empresarios e invitados involucrados en el negocio.

Se suponía que primero harían la ceremonia ahí, y luego la fiesta se trasladaría a "The Mayflower Hotel", que era donde más riesgo correría de que lo atacasen.

Maxine observó a todas las personas en el lugar para ver si encontraba a alguien sospechoso, pero todo parecía ir en orden por el momento.

Cuando se acercó, los periodistas ni siquiera repararon en ella, pues en ese momento iba entrando alguien importante, aunque no sabía quién era.

Avanzó hasta dentro con el pase de seguridad que le habían dado y se quedó maravillada al observar todo el lugar. Definitivamente le hacía honor a su nombre, pues el edificio era todo un asombroso logro tecnológico.

Entre los invitados de traje y corbata, reconoció a Jackson a la distancia, iba del brazo de una mujer rubia y muy guapa. De nuevo, esa chispita de los celos ardió en ella.

Caminó con paso decidido y le tocó el hombro al estar cerca de él. Llevaba una copa de champán en las manos y estaba riéndose a carcajadas.

—Oh, estás aquí Max, ven, quiero presentarte a mis amigos.

Ella difícilmente reparó en alguno de los sujetos que tenía en frente, mucho menos en la mujer.

—¿Puedes venir un momento? —preguntó con voz baja.

—Nos estamos divirtiendo, no puede... —Jackson no terminó de hablar porque ella lo tomó de la mano y lo jaló en contra de su voluntad a la vista sorprendida del pequeño grupo.

Sus amigos no demoraron en murmurar que aquello les pareció de lo más raro, pero se echaron a reír y siguieron en lo suyo.

—¡Ey! ¿Qué crees que haces? —preguntó con tono de reclamo.

Maxine se lo llevó hasta una esquina apartada donde nadie podría oírlos.

—¿Qué crees que haces tú? Fui a buscarte a tu casa y no estabas.

—Demorabas demasiado y mi amigo pasó por mí, así que me vine con él.

—¿Olvidas que se supone que tengo que cuidarte? Debías venir conmigo, algo pudo haberte pasado —recriminó con un refunfuño que a él le hizo gracia.

Jackson no había reparado en ella hasta que la vio cruzarse de brazos e inevitablemente dirigió la vista a sus pechos. El tono vino del vestido le favorecía enormemente al tono blanquecino de su piel.

Al notar que era la primera vez que la veía tan descubierta, no pudo evitar mirarla por completo. Tragó en seco y sintió su corazón acelerarse. Jamás pensó que su amiga pudiera verse tan bien.

—¿Qué? ¿Tengo algo en la cara? —preguntó ella con una ceja enarcada.

Jackson sacudió la cabeza y volvió a mirar sus ojos.

—No, no. —Volvió a sonreír, como si aquello no hubiese pasado—. No seas tan aguafiestas, mejor ven a disfrutar de mi nombramiento.

Le jaló de la mano y la llevó de vuelta hasta donde estaban sus amigos. Ahí le presentó a varios de ellos, sin embargo, le dijo que faltaba alguien más importante, pero no sabía dónde se había metido.

La música suave se detuvo de pronto y entonces el padre de Jackson subió al podio que habían preparado en un escenario para dar el discurso de nombramiento. Su madre también estaba presente, pero cuando vio a Maxine, tampoco la reconoció.

Percival comenzó a hablar, mientras Jackson estaba a su lado con una sonrisa. Ella en cambio observaba a todos desde una distancia más segura y sigilosa, en busca de cualquier persona sospechosa.

—Hoy es un día lleno de emociones y significado trascendental en nuestras vidas. Me dirijo a ti con un orgullo indescriptible, mientras te otorgo el papel de CEO en nuestra compañía de creación de armas tecnológicas. Esta sucesión marca un nuevo capítulo tanto para ti como para nuestra empresa, y estoy lleno de confianza y expectativas sobre el futuro...

En eso, Maxine vio a un hombre que sacaba algo sospechoso de debajo de su chaqueta. Empezó a acercarse a él lentamente y antes de que el hombre pudiese sacar el arma o lo que fuere, se le abalanzó encima. El hombre forcejeó y se quejó, pero, para su sorpresa, ella lo tenía bien sujeto y no planeaba dejarlo ir.

Su intervención había interrumpido por completo el discurso.

—¡Max! ¿Qué estás haciendo? —cuestionó Jackson acercándose a ver qué pasaba.

Los invitados se hicieron a un lado y la miraron con extrañeza.

—Este hombre llevaba un arma —afirmó. Le requisó la chaqueta y en su lugar, encontró uno de esos cañones de confeti.

—¡Suéltame, loca! —exigió. Ella lo dejó ir y entonces Jackson se carcajeó de la risa.

—Solo es el idiota de Luke, no hay problema.

—Tienes fans muy intensas estos días —bromeó su mejor amigo.

Luke la miró de arriba abajo y, a pesar de que ella se le había arrojado encima, le regaló una sonrisa.

—Lamento el malentendido —se disculpó en un susurro.

El padre de Jackson suspiró e hizo como si todo hubiera sido parte de una de esas bromas de iniciación que planeaban los más jóvenes. Rápidamente todo volvió a su cauce y la gente olvidó el hecho, excepto ella, que no podía dejar de pensar en la vergüenza que había pasado.

Jackson por su parte volvió a verla como lo hacía antes. Quizá por fuera había cambiado, pero por dentro seguía siendo la misma chica tosca y burda de siempre.

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