Capítulo 3 INMINENTE
La ceremonia transcurrió sin más incidentes. Para Jackson, era el mejor momento de su carrera, pues, luego de que presentase ante la junta lo que inventó, estaba seguro de que no solo dispararía los números de la compañía, sino que, además, ayudaría aún más a los valientes soldados del ejército estadounidense.
La fiesta se trasladó al Mayflower hotel, donde el ambiente era mucho más ameno y movido. Los meseros iban de aquí para allá con las bandejas de plata repartiendo el champán a los invitados, mientras algunos empresarios hablaban de negocios y patrocinios.
Su amigo se acercó a él después de un buen rato sin dirigirle la palabra.
—¿Dónde está tu fan número uno? —le preguntó con tono sarcástico.
Jackson se echó a reír.
—Es mi mejor amiga —le aclaró.
—Creí que yo tenía ese puesto.
—Lo tienes, ella fue mi amiga de la infancia, casi como una hermana para mí.
—Y a todas estas, ¿por qué hizo eso?
—Mmm, ok, te voy a decir la verdad, pero, solo porque necesito decírselo a alguien —dijo riéndose, hizo una pausa y habló—, en realidad, es mi guardaespaldas.
—¡¿Qué?! —su amigo casi escupe la bebida.
—¡Shh! Es un secreto. ¿Recuerdas hace unas semanas cuando intentaron secuéstrame?
—Cómo olvidarlo, nunca debí dejarte ir solo esa noche.
—Mi padre al parecer cree que podrían volverlo a intentar, así que la contrató para que me cuidase.
—¡Ja! Quién lo diría, Jackson Walton necesitando de una niñera —se burló Luke—. Pero tu padre tiene excelente gusto, porque tu guardaespaldas está... —Hizo un gesto de esos de degustación con las manos, al tiempo que le arrojó un beso al aire, dando alusión a que ella estaba muy buena.
—¿Qué? ¿Kong? No mi amigo, estás un poco ciego —refutó Jackson con expresión incrédula.
Era la primera vez que le escuchaba decir a alguien que su amiga estaba buena. Eso no podía ser. De pronto miró a su amigo, quien no le quitaba los ojos de encima a Maxine, y se sintió extraño.
—El que está ciego eres tú, pero bueno, eso significa que puedo acercarme a ella si quiero, ¿verdad? —preguntó Luke buscando una confirmación.
—Sí, sí, como quieras —dijo con tono despreocupado, aunque en el fondo, le desagradaba la idea de que Luke quisiera acercarse a ella.
Después de todo, sabía muy bien que su amigo era conocido por jugar con las mujeres a su antojo. Sin embargo, no se preocupó porque estaba seguro de que Max nunca le seguiría el juego.
—Eres un gran amigo.
—Hablando de grandes amigos, ¿crees que puedas ayudarme a sacármela de encima un rato?
A pesar de que Jackson la apreciaba, sentía que su amiga era un impedimento para atraer a otras chicas, en especial si se veía así estando a su lado.
—¡Por supuesto! Tú solo dime cómo y cuándo.
—Ahora.
Jackson le había puesto el ojo a una rubia; pues eran su debilidad; y ella no dejaba de mirarlo, pero no se acercaba por la mirada intensa de Max puesta sobre él.
Ambos se callaron cuando ella se acercó. Parecía incómoda, no dejaba de mirar a su alrededor, como si buscase algo en particular.
—¡Maxine! ¿Qué tal la estás pasando? —le preguntó con una sonrisa.
—Bien —le dijo con una mirada que gritaba todo lo opuesto.
—Me gustaría invitarte una copa —le dijo el amigo de pronto.
—Gracias, pero no puedo.
—Vamos, Max, no seas aburrida, ¿qué pasó con esa chica divertida que eras hace unos años? —le preguntó Jackson. Se acercó a ella y le puso las manos en los hombros haciéndole una especie de masaje rápido para que se relajara.
En el momento en que su piel tuvo contacto con la de ella, a Maxine se le detuvo el corazón por un instante. Se rio nerviosa, y en lugar de hacer algo delicado, se volteó y lo empujó de forma tosca, dándole un puño suave en el hombro.
—Déjame, sigo siendo divertida.
—Entonces ve y toma algo con Luke —insistió guiñándole un ojo.
A Max no le gustaba que él la incentivara a acercarse a otros hombres, pero su amigo no parecía dispuesto a ceder así que aceptó.
—Muy bien, pero solo una.
—¡Excelente! —exclamó Luke, quien no desaprovechó para tomarla del brazo y alejarla de Jackson de forma disimulada.
Ella volteó para asegurarse de que aún lo seguía viendo, y como él se quedó de pie allí saludándola, se relajó un poco. Pensó que quizá, si le daba celos con otro hombre Jackson por fin se daría cuenta de sus sentimientos.
No obstante, Jackson no desaprovechó la oportunidad y fue de prisa hacia la chica rubia que seguía mirándolo. El coqueteo no duró demasiado, pues fue bastante fácil susurrarle cosas al oído para que aceptara ir al baño con él.
Jackson la tomó de la mano y se la llevó escabullido entre la gente hasta el baño.
Mientras tanto, Maxine conversaba con Luke.
—¿Hace cuánto que conoces a Jackson?
—Hace algunos años, pero no hablemos de él. Estoy más intrigado en ti. No pareces una chica común —dijo haciéndole un intento de cumplido.
—No sé qué podría tener de extraordinaria.
—Jackson me dijo que eras su guardaespaldas, así que sin duda debes ser excepcional. Percival no pondría a cualquiera a cuidar de su hijo.
Maxine abrió los ojos hasta el límite, se supone que nadie debía saberlo.
—Fui Mayor en el ejército —explicó con cierto orgullo.
Luke también hizo una expresión de sorpresa, nunca se lo imaginó.
—Vaya, cada segundo que pasa te me vuelves más interesante —declaró. Una mano traviesa fue directo a su pierna, pero ella ni siquiera le prestó atención porque estaba buscando a Jackson.
—¿A dónde se fue? —preguntó.
—No lo sé, él sabe cuidarse solo, mejor tú... —Ella lo detuvo en seco cuando le sujetó la mano que estaba a punto de llegar a su muslo descubierto y se la volteó en un ángulo imposible en condiciones normales.
Luke dio un quejido y se dobló.
—¡Auch!
—Primero, no vuelvas a tocarme, y segundo, ¿dónde está?
—Yo no sé... ¡ay! —chillo de nuevo cuando ella le hizo aún más presión en la muñeca—... ok, ok, está en el baño del piso de arriba con una mujer —confesó.
Maxine le soltó la mano y salió disparada, no porque le importase detener el encuentro furtivo que estaba teniendo (aunque tal vez en parte sí); sino porque aquello podría ser una trampa.
Subió a toda prisa las escaleras. El pasillo se encontraba vacío, pues la fiesta no era ahí. Caminó con sigilo hasta el baño y empujó la puerta lentamente. Esperaba escuchar gemidos o ver alguna escena comprometedora, pero en su lugar encontró algo que la dejó estupefacta.
Jackson tenía la boca amordazada y las manos atadas en la espalda, llevaba los pantalones abajo así que no podía correr, y la mujer rubia con quien se había ido, le apuntaba la cabeza con un arma mientras que con la otra mano llamaba por teléfono a alguien más.
Maxine sacó el arma que llevaba escondida debajo del vestido y le apuntó de inmediato.
—¡Aléjate de él! —advirtió.
La rubia se sorprendió y apuntó hacia ella al verla.
—No te metas, estos son asuntos que no te conciernen —siseo con voz amenazante.
Maxine agarraba con firmeza el arma y no pensaba dejar que se saliera con la suya. Rápidamente evaluó todo el lugar para buscar alguna ventaja. Los años de experiencia en el ejército le daban la agilidad para salir de esas situaciones.
—Creo que no estás entendiendo, aléjate de él —ordenó.
Jackson no podía hablar, pero la miraba con los ojos muy abiertos, como pidiéndole que se fuera de ahí.
Ella no le prestó atención, en cambio vio la secadora de manos al lado de la pared donde estaba la terrorista. Sin pensárselo dos veces, disparó directo en el aparato, causando que todo el vapor caliente saliera a chorro contra su piel. La mujer se cubrió los brazos y enseguida ella le disparó en el abdomen.
Jackson se agachó y como pudo logró deslizarse hacia el lado contrario. Entonces Maxine lo tomó del brazo y lo jaló fuera de ahí.
Cerró con seguro la puerta del baño para que la rubia no pudiese escapar, y luego lo arrastró lo más lejos posible de ahí.
Jackson murmuraba cosas ininteligibles, ella le quitó la mordaza y le desató las manos.
—¡Eso fue una locura! ¡Gracias a Dios que apareciste! —exclamó.
—¿Se puede saber qué estabas haciendo? —cuestionó ella visiblemente molesta.
—Bueno pues... es que...
—Esto no te hubiera pasado si no siguieras a cualquier escoba con faldas que se te aparece en frente —espetó.
—¿Escoba con faldas? ¿Acaso la viste? Era muy sexy la condenada.
—¡Pff! ¡Eres un idiota Jackson! Has cambiado demasiado —le dijo con decepción.
—¿Por qué estás tan molesta? Se supone que este es tu trabajo, ¿o es que acaso estás celosa? —preguntó en tono de burla.
Eso la enfureció, pero no tuvo tiempo de responderle porque en ese momento, dos hombres más se aparecieron al otro lado. Maxine sospechaba que debían ser a los que la mujer estaba llamando.
—¡Cuidado! —gritó Jackson, la tomó por los brazos y la hizo girar para ponerla contra la pared, ante el disparo inminente de uno de ellos.
