Capítulo 6 CAPÍTULO 6: UN REGRESO INESPERADO
Jackson jamás imaginó que volvería a ver tan pronto a Georgia, la hermana del medio de la familia Williams, y todo lo opuesto a lo que es su mejor amiga Maxine.
Georgia llevaba un sexy y ajustado vestido entubado que le resaltaba cada curva del cuerpo, y vaya que había curvas en ella.
Siempre fue la hermana favorita entre los chicos, porque ella era la única que nunca se alejó de su esencia femenina. Llevaba también, el cabello rubio suelto en gajos que le caían hasta más debajo de los hombros y le adornaban la cara maquillada.
Jackson se quedó sin aliento.
Hacía algo de seis meses que su relación con ella había terminado. No fue nada serio, más bien fue algo así como amigos con beneficios; muchos beneficios. Pero aquello había acabado cuando Georgia le dijo que tendría que irse de viaje un tiempo.
Él lo olvidó y continuó con su vida, y hasta que Maxine regresó, la verdad ni siquiera había reparado en ello, o siquiera en contarle lo que ocurrió.
Sin embargo, por alguna razón que no tiene del todo claro, se puso realmente incómodo y nervioso, como si de pronto esa fugaz relación con su hermana debiese quedarse en un secreto.
Tuvo miedo de la reacción de Maxine. Volteó para mirarla y la encontró con los ojos muy abiertos, aunque la expresión le cambió bastante rápido por una sonrisa.
—¡Por Dios! ¡Georgia! ¿Qué haces aquí? Creí que estabas en Nueva York —le dijo Maxine y corrió a rodearla con sus brazos.
Su hermana la apretó con efusividad.
—¡Maxi! ¡No puedo creer que te encuentre aquí! Es como una reunión de exalumnos —bromeó con una risita que a su hermana mayor le pareció irritante.
—Lo mismo digo, ¿qué haces aquí? —preguntó con recelo.
Le pareció extraña la forma de saludar a Jackson y por supuesto que no le gustó en lo absoluto.
—Pues…
—Por qué mejor no subimos a mi oficina, ahí podremos hablar más tranquilos —intervino Jackson.
—Bien —respondió Maxine con seriedad.
Georgia avanzó delante de ellos y ella no pudo evitar mirarla de arriba abajo. Era increíble como dos hermanas podían ser tan diferentes.
No era la primera vez que se sentía celosa de ella, pues siempre había tenido una especie de suerte con los chicos, y en casi todo en general, pero verla abrazar y besar a Jackson sin duda fue lo peor que pudo haber visto nunca.
Miró a su amigo de reojo, quien evitó sus ojos acusadores todo el camino de asenso hasta el piso de presidencia.
Ese era el primer día oficial como el nuevo CEO de la empresa y para él, las cosas no podían ir peor.
Una vez llegaron arriba, los tres entraron en la gran oficina. La vista panorámica era asombrosa y Maxine no pudo evitar soltar un gran suspiro de sorpresa.
—¡Wow! Es impresionante.
—¿Verdad que sí? —le dijo Jackson con el mismo tono de emoción.
Georgia en cambio, no reparó demasiado en el diseño del lugar.
—Y bien Maxi, ¿qué haces aquí?
—¿Papá no te lo dijo?
Su hermana negó con la cabeza.
—En realidad acabo de llegar del aeropuerto y quise venir directamente a saludar a Jacks.
«¿Jacks? ¿Por qué diablos tiene que decirle así?», se preguntó en su mente.
—Oh, vaya, no sabía que se conocían tan bien —comentó con un tono sarcástico.
Cuando eran unos simples niños, a Georgia nunca le interesó ser parte de su grupo de amigos, porque decía que los juegos que ellos tenían no eran “de niña”. Ella prefería pasar el tiempo en su casa, jugando con sus muñecas.
—En realidad Maxi, Jacks y yo…
—Pero, Georgia, no nos has contado cómo te fue en Nueva York —interrumpió Jackson.
No quería que le dijese algo equivocado a Maxine, así que optó por interrumpirla antes de que metiese la pata.
—Excelente como siempre, te traje algunos obsequios —le dijo guiñando un ojo.
A Maxine no le gustó lo que él hizo, y mucho menos la forma en la que su hermana le hablaba con tanta cercanía. La idea que se le estaba empezando a formar en la cabeza le carcomía. Si algo había pasado entre ellos dos, iba a morirse.
—Bien, puedes mostrármelos después, pero ahora… este es mi primer día, ¿crees que puedas volver después? Max te puede mostrar la salida. —La forma en la que lo dijo dejó descolocada a Georgia.
—Entiendo —respondió con una media sonrisa.
Maxine la escoltó hasta el ascensor, y mientras esperaban, ella aprovechó para indagar más.
—No sabía que trabajabas para Jacks.
—Y yo no sabía que eras tan cariñosa saludando a mis amigos —soltó sin pensarlo demasiado.
Fue consciente de que el tono resultó agresivo, pero no pudo contenerse. Georgia se rio.
—¿Hace cuánto que te fuiste? ¿diez, doce años? Las personas cambian, hermana. Jacks y yo nos reencontramos hace como un año, cuando él volvió de Inglaterra —explicó.
A Maxine no le tomó demasiado tiempo comprender por dónde iba su hermana con esa explicación.
—¿Hace un año?
—Sí, él regresó hace un año, pero yo me fui hace seis meses. Fue lindo mientras duró.
—¿A qué te refieres?
Su hermana la miró y le guiñó un ojo, justo cuando se abrieron las puertas del ascensor.
El corazón de Maxine se detuvo por un segundo. Tuvo que fingir una sonrisa para que ella no se diera cuenta de que estaba muriéndose de celos en el interior.
Su hermana y el hombre que amaba, ¿juntos? Ni siquiera en Irak vivió pesadillas tan horribles.
—Oh, ya comprendo.
—Creí que te pondrías celosa, como ustedes se la pasaban para arriba y para abajo juntos —dijo antes de entrar—, de cualquier forma, me alegra que hayas vuelto. Te veré en la casa.
Cuando Georgia se fue, Maxine aprovechó para salir corriendo y encerrarse en el baño.
Se le había formado un nudo en la garganta, y se sintió vulnerable y expuesta. Se preguntó qué más podía esperar. Luego de tantos años, más bien fue un milagro no encontrarlo casado y con tres hijos.
Las lágrimas salieron de sus ojos, aunque se las limpió a toda prisa porque tenía que volver.
Se acomodó un poco en el espejo antes de regresar a la oficina de su amigo.
Este la miró con incomodidad y carraspeó la garganta, ya sabía que Georgia no se iba a quedar callada.
—Max, yo…
—Si te atreves a lastimar a Georgia, vas a tener que conseguirte otro guardaespaldas, porque yo me convertiré en tu cazadora personal —amenazó.
Su semblante sombrío lo hizo tragar saliva.
Ella lo amaba, y dudaba que algún día pudiese sacarlo de su corazón, pero sería incapaz de meterse ahora que sabía que su hermana lo quería, y que, además, ya había algo entre ellos.
—¿Ah? ¿De qué hablas?
—Ya me lo dijo, no trates de ocultarlo.
Jackson se rio levemente y negó con la cabeza.
—Ok, está bien, pero no tienes que amenazarme como la hermana protectora, no pasa nada entre ella y yo.
—Pues para no pasar nada, ese saludo fue…
—Ya sabes cómo es Georgia, muy cariñosa —comentó para restarle importancia.
Una parte de ella pareció sentirse aliviada de que él pensase así, porque eso significaba que no estaba tan interesado en ella como creyó al principio.
—De todos modos, no juegues con sus sentimientos. Parece que… que te quiere —dijo con un tono más suavizado.
Lo que en realidad quería decir en el fondo, es que eso era lo que pensaba de sí misma.
—Después de lo que pasó anoche creo que voy a enfocarme en el trabajo, al menos hasta que todo esto pase. ¿Crees que esos terroristas lo vuelvan a intentar?
—Seguramente sí, debemos estar muy alertas.
Maxine se puso a recorrer la oficina mientras él estaba metido en lo suyo. Vio algunas fotos de la familia puestas en la repisa, y luego se puso a curiosear entre los libros, hasta que uno de los objetos de la decoración llamó su atención.
No dudó en tomar aquella roca en forma de corazón que ella le había dado cuando eran niños.
En su inocencia, Jackson había creído que solo era un regalo de amigos, pero para ella significó mucho más que eso. Ver que todavía conservaba hizo que su corazón ardiera dentro de su pecho con un rayo de esperanza.
—¿Y esto? —le preguntó sin disimular la sonrisa.
Jackson levantó la cabeza y cuando se dio cuenta de lo que tenía en la mano, abrió los ojos con sorpresa.
—Oh, ¿la recuerdas? Cuando mandé a organizar la oficina la traje como decoración.
—La recuerdo, vagamente —contestó intentando no darle la importancia que tenía en realidad para ella.
—No olvido ese día, ¿sabes? Fue cuando nos hicimos amigos.
Aquel día se habían conocido por primera vez. Maxine lo vio y quedó flechada de inmediato. Jackson lloraba porque se le había muerto su perro, así que ella se le acercó y le regaló esa piedra para que dejase de chillar.
—Lo sé, parecías un niñito llorón.
—Era un niñito llorón —le admitió.
Ambos se echaron a reír y en ese momento se sintió como si todo fuese perfecto entre los dos. Como si todos esos años no hubiesen pasado.
De pronto tocaron la puerta interrumpiéndolos. Jackson ordenó que pasasen. Ambos voltearon para ver de quién se trataba; nada más, ni nada menos que Luke, quien, además de ser su mejor amigo, también trabajaba en la empresa.
—¡¿Vamos a celebrar o qué?! —preguntó con una botella de ron en la mano.
Maxine rodó los ojos, le parecía un tipo demasiado irritante.
