Capítulo 8 EL PAQUETE

Cuando salió el sol a la mañana siguiente, la casa olía a alcohol y sudor. Por fortuna las mucamas ya se estaban encargando de dejar todo limpio.

Maxine no quiso levantarse por primera vez en mucho tiempo, temerosa de encontrarse de nuevo a Jackson en ropa interior con aquella mujer, sin embargo, se obligó a hacerlo porque era su deber velar por la seguridad.

Las cosas habían estado demasiado calmas, y sabía que esos tipos no se rendirían. Ese día pensó que averiguaría un poco más sobre ellos, quizá la solución no era solo cuidar sus espaldas, sino también acabar con los que lo estaban persiguiendo.

Para su sorpresa cuando se asomó al cuarto de Jackson, ya no estaba.

—¡Este idiota! De nuevo se fue sin mí —exclamó furiosa.

Corrió escaleras abajo y cuando estaba a punto de salir, se encontró con la ama de llaves.

—Señorita Maxine, si busca al señor Walton, ya se fue.

—¿A dónde fue?

—Me dijo que le dijera que iría a hacer una diligencia rápida y volvería por usted para ir a la oficina.

Maxine llevó sus manos a la cabeza con frustración. Si Jackson seguía haciendo tonterías como esa iba a terminar haciendo que lo matasen.

En lugar de perseguirlo sin saber ni siquiera a dónde se fue, decidió regresar a su habitación para darse un baño. Al menos podía estar lista para cuando llegase por ella.

Se deshizo de su ropa y entró a la ducha, pero cuando abrió la llave no salía nada de agua. Intentó varias veces sin éxito, así que no le quedó más que salir para averiguar qué sucedía.

—Señora Marie, ¿sabe por qué no funciona la ducha? —preguntó a la ama de llaves.

—¿No funciona? ¡Oh! la ducha de ese baño siempre ha dado problemas. Puede ducharse en el baño del señor Walton.

—¿No se enojará?

—No, ni lo va a notar, cuando termine lo limpiaré.

—Bien, gracias —le respondió con una sonrisa.

Maxine entró a la habitación de Jackson, todavía estaba desordenada de la noche anterior. Se preguntó qué habría sido de la chica, si es que acaso se había ido con ella.

No quiso darle más vueltas a la idea. Se metió de frente al baño y cerró la puerta, pero sin ponerle seguro.

El baño de Jackson era realmente enorme y elegante. La baldosa negra decoraba parte de las paredes, combinada con una en gris claro. Había una ducha y una gran bañera de estilo antiguo, pero solo en el diseño, porque se notaba que era bastante moderna.

Aunque la bañera se veía tentadora, prefirió meterse a la ducha rápida. Se deshizo de su toalla y cerró la puerta de cristal, que estaba hecha de algún material que impedía que se viese al interior. Abrió la llave y enseguida el agua caliente le cayó encima.

Se sintió bien, así que sin dudarlo se metió de lleno en el agua fresca y cálida que le recorría el cuerpo. Mojó su cabello y por un momento se relajó sin pensar en todo el trabajo que le estaba dando su amigo.

Ya estaba bien mojada en el momento en que recordó que se había olvidado de llevarse su champú.

—Tendré que tomar el de él —dijo para sí misma encogiéndose de hombros.

Jackson llevaba un cabello muy bien cuidado, así que pensó que no sería un problema para ella. Tomó algo del producto y se lo aplicó en la cabeza, luego cerró los ojos para sacárselo en el agua, y cuando iba como a la mitad, de pronto el flujo de agua se detuvo.

—¡Oh no!, ¿qué pasó? —se preguntó.

Tenía los ojos muy cerrados y un montón de jabón en la cara. Movió la manija del agua sin resultado.

—¡Esto no me puede estar pasando a mí! —exclamó con frustración.

A puro tanteo, salió de la ducha para buscar su toalla y al menos poder sacarse el jabón de la cara, la había dejado cerca de la entrada del baño, y justo cuando estaba por tomarla, alguien abre la puerta de improvisto.

Maxine se apresuró a tomar la toalla, pero el impulso de quien abrió la puerta la hace dar un traspiés y resbalar.

—¡Cuidado! —le gritó. Para evitar que se cayera, corrió a tomarla de la cintura, mas, fue inútil. La inercia del movimiento solo hizo que ambos cayeran al suelo.

Maxine supo quién era desde el instante en que escuchó su voz. Había conseguido tomar la toalla y se apresuró a limpiarse el rostro. Jackson estaba por completo sobre ella, mientras se encontraba desnuda, mojada y llena de jabón.

—¡¿Qué estás haciendo aquí!? —gritó ella.

—¡¿Yo?! ¿Qué haces tú aquí? Este es mi baño —se defendió.

—¡Quítate de encima! —exigió.

Jackson no pudo evitar bajar la mirada y ver el borde de sus pechos. Ella de inmediato enrojeció de vergüenza.

—¿Estás segura de que quieres que me levante?

—¡Jackson! Cierra los ojos.

Su amigo estaba aguantándose la risa, asintió y cerró los ojos. Se puso de pie y luego le extendió la mano.

—Date la vuelta —le ordenó.

Él lo hizo, pero no pudo evitar entreabrir los ojos. Alcanzó a ver un poco de la anatomía de su amiga, y se quedó sorprendido al descubrir que tenía unas curvas muy tentadoras. Tragó en seco y entonces se obligó a no mirar. De otro modo, terminaría por abrir los ojos por completo.

—No me has dicho qué haces aquí —cuestionó ella.

—Volví por ti, creí que estabas en tu habitación y tenía ganas de ir al baño. ¿Tú que haces en mi habitación?

—La señora Marie me dijo que podía ducharme aquí, ya que la de mi habitación se ha dañado, pero parece que la tuya también, me quedé a medio enjuague —explicó terminando de cubrirse con la toalla.

Jackson se giró para verla ahora que estaba un poco cubierta, pero la toalla no le hacía mucho favor, pues sus piernas esbeltas y el borde de su pecho todavía se podían ver muy bien, y vaya que a él le gustó la vista.

Se quedó embobado mirándola un momento, hasta que sus ojos se detuvieron en los de ella.

—Ah… este… bueno, iré a preguntarle qué pasó. Espera aquí.

—Muy bien —respondió Maxine ruborizada.

Se dio cuenta de la forma en la que él la había mirado y se sintió extraña.

Cuando él salió, sacudió la cabeza para disipar la idea de que a él le había parecido atractiva. Pensó que seguramente se había sorprendido porque era la primera vez que la veía así.

Al cabo de unos minutos escuchó de nuevo al agua correr en la ducha, así que terminó de bañarse y salió a toda prisa de la habitación.

Cinco minutos después, ya estaba lista.

—¡Vaya! ¡Sí que eres rápida! —le dijo sorprendido.

—¿Rápida? Me demoré demasiado, en el ejército debía estar lista en tres minutos —bromeó, aunque no era tan falso aquello.

Él se echó a reír, no quiso mencionar nada sobre lo que vio en el baño, no quería hacer las cosas incómodas entre ellos.

—¿Qué pasó anoche? Creo que me quedé dormido y todos se fueron.

—Sí, algo así. ¿No has hablado con Luke? —indagó.

—No, no me ha escrito, es raro en él.

Maxine desvió la mirada, no sería ella quien le iba a decir que atacó a uno de sus amigos y que luego los echó a todos.

—Bien, si ya estás listo, podemos ir saliendo.

Tenía ganas de preguntarle a dónde había ido en la mañana, pero tuvo miedo de que le dijera que se había ido con la chica.

—¿No vas a preguntarme a dónde fui?

—Si te fuiste solo es porque no quieres que lo sepa, ¿me equivoco?

Jackson se rio y mordió su labio inferior levemente. Aquel gesto le derritió hasta la consciencia a ella.

—Iba a darte una sorpresa, pero mejor te lo digo ahora. Sé que tu cumpleaños será dentro de poco, así que quise hacerte algo especial, como cuando éramos niños.

Aquello la hizo sonreír de una forma tan genuina, no pudo disimular la felicidad.

—¿De verdad? —preguntó sin disimular su entusiasmo.

—Sí, pero al menos finge que te sorprenderás cuando te lleve con los ojos vendados.

—Lo prometo —le dijo levantando la mano.

Ambos escucharon el timbre, pero no le dieron mucha importancia. Se disponían a salir por la cochera cuando la mucama los detuvo.

—¡Señor Walton! Le llegó este paquete.

Maxine vio el cubo de cincuenta centímetros por lado envuelto en un papel marrón claro y lo primero que notó es que no tenía remitente.

Jackson se acercó para recogerlo, pero ella lo detuvo antes de que pudiese tocarlo siquiera.

—Espera, ese paquete me parece extraño.

—¿Crees que puedan ser los tipos que quieren mi invento?

—No lo sé, mejor déjame abrirlo a mí.

Lo dejaron sobre la mesa, lo primero que hizo fue pegar el oído para ver si había algo dentro que hiciera ruido, pero no.

Maxine se puso unos guantes que sacó de su maletín y desenvolvió el paquete con cuidado. La caja era de cartón y parecía emitir un olor raro. Quitó la tapa con cuidado y ambos retrocedieron cuando vieron lo que había.

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