Capítulo 2 Recuperación
La pequeña Brittany juega tranquilamente con su muñeca en la sala. A pocos metros, su padre, Richard Anderson, intenta asimilar una verdad destructiva: descubre exámenes médicos de hace dos años que confirman que ambos eran fértiles, acompañados de recetas y pruebas de que su esposa tomaba anticonceptivos en secreto. Su obsesión por evitar un embarazo la llevó a fingirlo todo y a comprar una recién nacida.
Al encararla con las pruebas, ella reacciona con frialdad y los abandona a los dos. No conforme con la traición, vacía las cuentas de ahorro antes de marcharse, dejándolos al borde de la quiebra.
Richard camina hacia su hija y se agacha a su altura.
—Mi niña, sé que no entiendes mucho de lo que pasa, pero te aseguro que saldremos de esta. Estaremos bien.
En ese momento, el teléfono de Richard empieza a sonar de forma insistente. La pantalla muestra un número desconocido que no veía desde hace dos años.
—Señor Anderson, van por usted y por la niña —advierte una voz al otro lado de la línea—. Juan está muerto y ya no hay nadie que los proteja. Él juró que no se iría con ese secreto a la tumba y, según mis fuentes, un contingente va en camino a Starville.
—Ustedes me garantizaron que nadie buscaría a la niña —responde Richard, apretando el teléfono con fuerza—. Pagamos una fortuna para asegurar ese trato.
—Lo sabemos, pero no contábamos con que la madre biológica se convertiría en alguien tan poderosa. Si quiere conservar a la niña, le sugiero que la saque de ahí de inmediato.
La llamada se corta de golpe.
─── RECUERDO: El pacto en la sombra ───
Richard jamás conoció la identidad de la madre biológica de Brittany. Todo el trato lo realizó directamente con Juan, el padre de la mujer, quien le aseguró que su hija no quería a la bebé pero tampoco deseaba abortar. Confiado en esa palabra y desesperado por ser padre, Richard entregó los ahorros de su vida sin hacer más preguntas.
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De vuelta al presente, Richard contempla a la pequeña Brittany, ajena al peligro. Acepta que le mintieron sobre el origen de la niña, pero el amor de padre que siente por ella es real.
No va a permitir que se la arrebaten.
Sube rápidamente a la segunda planta para empacar un par de maletas. Sin embargo, antes de meter la primera prenda, el crujido de neumáticos frenando en seco retumba afuera. Un convoy de camionetas oscuras se parquea frente a la vivienda. Varios hombres en traje bajan a toda prisa y golpean la puerta con firmeza.
Las instrucciones de Sarah Taylor son claras: llevar a la niña sin uso excesivo de la fuerza. Gracias a los recursos ilimitados del Conglomerado Taylor, rastrear la dirección de Richard en Starville no le tomó ni una hora.
Richard baja las escaleras a toda prisa. Asustada por el estruendo, Brittany corre a sus brazos. Él la carga contra su pecho y, con el corazón latiendo a mil por hora, abre la puerta.
—Señor Anderson, debe venir con nosotros —ordena el hombre al frente del grupo con voz neutral.
—¿Por qué tendría que ir con ustedes? —cuestiona Richard, retrocediendo un paso.
—No queremos que la niña presencie un evento incómodo como sacarlos a la fuerza...
—Si dan un solo paso más adentro, llamaré a la policía —interrumpe Richard, sacando el teléfono.
El hombre ni siquiera se inmuta.
—Si desea involucrar a las autoridades y explicar cómo la niña llegó a sus manos sin ser el padre biológico ni tener papeles legales, perfecto. Las cosas serán mucho más fáciles para nosotros.
Richard se queda helado. La fría lógica del hombre lo destruye en segundos; sabe que no hay escapatoria y que el poder de quien los busca probablemente ya tiene compradas a las autoridades locales.
—Iré con ustedes —cede Richard, abrazando con más fuerza a la pequeña—. Pero por favor... no le hagan daño.
—Nuestro objetivo no es lastimar a nadie, siempre y cuando cooperen.
Sin más opciones, Richard camina escoltado hacia el vehículo principal. Sube al asiento trasero abrazando a Brittany, mientras en la parte delantera solo van el chofer y el copiloto. El convoy arranca en silencio, dejando atrás Starville y conduciéndolos hacia el inevitable encuentro con Sarah Taylor.
