Capítulo 5 99.99%
Sarah evita permanecer demasiado tiempo en la villa de huéspedes; prefiere estar en un ambiente que controla con facilidad. En algunas ocasiones observa a la niña jugar a la distancia y se pregunta qué se sentirá poder abrazarla. No obstante, como bien se lo dijo Richard, no hay garantía de que sea su hija y se niega a abrir su corazón a alguien que podría ser ajeno.
La pequeña Brittany disfruta correr por los extensos jardines. La villa está repleta de juguetes y muñecas nuevas, algunas de edición limitada, y la niña se apega a ellas sin querer soltar ninguna.
Mientras tanto, Richard luce cada vez más deshecho por la preocupación. El lapso de las setenta y dos horas está a punto de vencerse y pronto saldrá a la luz la verdad. Goza cada minuto al lado de Brittany, sintiendo con angustia que en cualquier momento le arrancarán la vida entera.
Al llegar la noche del tercer día, un guardia se presenta en la villa y le pide a Richard que lo acompañe al salón principal, asegurándole que otro escolta se quedará cuidando a la niña.
Al entrar al salón, Sarah ordena con una seña que todo el personal salga, dejando el espacio a solas para los dos.
—¿Dónde estabas la noche del 25 de julio de 2022? —pregunta ella sin rodeos.
Richard la mira completamente descolocado. No entiende a qué viene una pregunta sobre una fecha tan específica de hace dos años.
—No lo recuerdo... No tengo una agenda donde anote cada lugar al que voy o lo que hago.
—Tengo los resultados del ADN —continúa Sarah con la voz tensa—. Y necesito que entiendas qué pasó esa noche.
Le arroja la carpeta sobre la mesa de centro. Al abrirla, Richard observa varios gráficos que no comprende, pero al deslizar la vista hacia el final lee las observaciones del laboratorio: 99.99% de compatibilidad entre la Muestra 1 y la Muestra 2 con la Muestra 3. Se confirma maternidad y paternidad.
El aire se le escapa de los pulmones. ¿Un 99.99% de compatibilidad paterna? ¿Él es el padre biológico de la niña? ¿Cómo es posible semejante locura?
—¿Sorprendido? —inquiere Sarah, escudriñando cada uno de sus gestos.
—No sé qué decir... No recuerdo haber estado contigo jamás.
—Yo solo he estado con un hombre en toda mi vida —revela Sarah, manteniendo una postura rígida pero con los ojos cargados de una sombra oscura—. Esa noche salí a tomar algo con una supuesta amiga, pero de un momento a otro perdí el control de mi cuerpo. Terminé en la cama de un motel con un desconocido. Mi cuerpo ardía, pero al estar ahí sentí alivio. Al despertar me di cuenta de que el hombre ya no estaba, pero dejó algo olvidado sobre la mesa de noche.
Sarah abre el cajón de su escritorio y saca una cadena fina con un dije en forma de luna.
Richard ahoga un gemido y reconoce la joya al instante. Es el único recuerdo que su madre le dejó antes de morir; el mismo objeto que buscó desesperadamente esa noche y que dio por perdido tras salir de aquel lugar.
—Me acuerdo perfectamente de esa noche —dice Richard con la voz quebrada—, y la recuerdo justo porque perdí lo más valioso que tenía: esta cadena. Yo estaba bastante ebrio tras una pelea con mi esposa y decidí hospedarme en ese motel para no conducir. Momentos después, una mujer entró desorientada a mi habitación. Se veía mal y traté de ayudarla, pero se me lanzó encima y el deseo nos dominó a los dos. Al despertar, no pude verle el rostro porque la luz estaba apagada y se marchó antes de que amaneciera... Jamás imaginé que esa mujer eras tú.
Un silencio pesado se apodera de la habitación. Sarah se queda evaluando toda la situación en su mente. Las cosas han cambiado drásticamente: ya no puede simplemente quitarle a la niña y desecharlo como a un intruso. Richard también tiene potestad sobre Brittany, y lo que es más complejo aún, la ha criado desde recién nacida, por lo que romper ese vínculo de golpe destrozaría a la pequeña.
—Ahora que sabemos la verdad, no puedo alejar a mi hija de su padre —sentencia Sarah, rompiendo el silencio con tono firme—. Menos aún cuando la has cuidado desde su primer día. No obstante, eso no significa que se van a ir. A partir de hoy, ustedes dos se quedarán a vivir aquí. Dejarán la villa de huéspedes y se mudarán a la casa principal. La niña será presentada públicamente como mi hija y la heredera de mi imperio.
—No puedes tomar decisiones sobre mi vida y la de Brittany así como así —se opone Richard, dando un paso al frente con indignación—. Para ella, solo eres una desconocida.
—Sí puedo —responde Sarah, alzando la barbilla con frialdad—. Puedo demostrar ante cualquier tribunal que me arrebataron a mi hija recién nacida y que por eso no estuve con ella. Tienes dos opciones: te adaptas y sigues mis reglas, o te quito del camino legalmente y me quedo con ella.
—¿Y le vas a decir de la nada que eres su madre? —cuestiona Richard, apretando los puños—. Para ella, su madre era la mujer que me abandonó...
—Claro que se lo diré —interrumpe Sarah sin dudar—. Ahora que no hay dudas sobre la sangre, lo sabrá todo a su debido tiempo. Quizás ahorita no me quiera ni me reconozca, pero lo hará en su momento. Aún está muy pequeña para entender la crueldad con la que nos separaron.
