Capítulo 5 Capítulo 5. No es tu problema.

Dante Smith

Me estoy acomodando la chaqueta del traje sin dejar de sonreír, cuando la puerta se abre de repente y aparece mi hermano. Me sobresalto, porque ni siquiera llama, antes de entrar como una exhalación.

Los ojos marrones de Daemon parece un demonio cuando caen sobre mí.

—¿Que cojones te pasa, idiota?

Levanto una ceja, confundido, pero estoy tan satisfecho que solo sonrío con más fuerza.

—Me alegra verte también, hermano. Tu efusividad es estimulante.

Su rostro se tuerce en una mueca molesta, es evidente que no está para bromas. Pero realmente, ¿cuándo lo está?

—¿Estás para juegos? ¿En serio? —Me mira como si estuviera loco o algo lo hubiera decepcionado—. ¿Dónde carajos estabas? ¿Por qué te pierdes? Los invitados andan preguntándose dónde carajos están los novios. Si sospechan, todo esto se puede ir al carajo, y lo sabes.

Pongo los ojos en blanco y me miro al espejo para terminar de acomodar el moño del traje.

—No seas dramático. Estaba encargándome de algo. Layla seguramente hace su papel a la perfección, a ella le encanta actuar y fingir que es feliz, eso debe convencerlos.

Mi tono no oculta el desagrado que siento por mi nueva esposa. A fin de cuentas, Daemon sabe perfectamente, como yo, el tipo de mujer que es.

—¿Qué estabas haciendo, Dante? —insiste, con tono duro, sin dejarme ser.

Resoplo, porque comienza a joderme la paciencia.

—Nada que debas saber —gruño, obstinado.

Siento los pasos de Daemon acercándose. Está claro que no va a dejarme en paz.

—¿Es Melissa? ¿Eres idiota, Dante?

Lo fulmino con la mirada, porque él no tiene derecho a hablarme así y menos, si tiene algo que ver con Melissa.

—No te incumbe mi vida, hermano, te recomiendo que retrocedas ahora mismo.

Mis manos las mantengo quietas, pero me preparo para darle un puñetazo si hace falta. Daemon suelta una risotada al escucharme, aunque no es de diversión.

—¿Te oyes? ¿Eres consciente de lo idiota que estás siendo? Melissa regresó después de una eternidad y ahora vas a tirar por la borda todo lo que tienes.

Que hable así de Melissa me pone de mal humor. Para Daemon no importa nada más, además de que nunca le cayó bien, pero no le voy a permitir que degrade así mi decisión de estar con ella.

—Es la mujer que amo. Pueden pasar años, semanas o días, que ella siempre será prioridad.

Él vuelve a reír, con sorna.

—¿Que amas? No seas hipócrita, Dante. Lo único que amas es tu empresa, y lo haces al punto de casarte con otra, una mujer que odias, para no perderlo todo. No me vengas con estupideces.

Aprieto la mandíbula tan fuerte que me crujen los dientes. Daemon tiene razón en que haré de todo para mantener mi empresa, que tanto me ha costado levantar, pero no tiene ningún derecho a cuestionarme.

—Eso no es tu problema —declaro, cansado de su actitud de mierda.

Daemon sacude la cabeza, y la sonrisa burlona que le quedaba, se deshace. Me mira con frialdad, con esos ojos marrones fijos en mí como cuando yo era un niño y él se ocupaba de mí.

—Pues sí lo es cuando por tu culpa podemos perder todo. Sabes bien que no solo tus joyerías están en juego, mi trabajo de los últimos años puede venirse abajo solo por tu egoísmo. La cláusula era clara, y mientras yo pude haberla tomado, tú decidiste encargarte. Así que ahora todo queda en tus manos, y tienes que hacer lo que te toca, te guste o no. Si Melissa es lo que quieres, deja toda esta mierda y lárgate. Pero sabes bien que no es así para ti.

Quiero replicarle, reclamarle una de tantas cosas que dijo, pero no puedo. No, cuando veo a los ojos de mi hermano, mi aliado y mejor amigo, y sé que tiene razón.

«No es que vaya a decirle que creo eso».

—Toda esta situación no es la que queremos, Dante, pero no nos queda de otra. Si Layla no…

—Layla puede irse a la mierda —espeto, con solo escuchar su nombre la sangre me hierve—. Si estoy aquí, es por su culpa.

Ni siquiera puedo controlar la rabia que me recorre al pensar en ella o mencionarla. Después de años de pensar que había logrado escapar de sus garras, la realidad me golpeó más fuerte de para lo que estaba preparado.

—¿Y por eso vas a arriesgarlo todo? ¿Para castigarle? —cuestiona mi hermano, colmándome ya la paciencia—. Eso no afecta más que a ti mismo.

La exasperación me llena, y prefiero detener esto antes de que se vuelva un problema. Mi molestia es con las hermanas Smith, no con mi hermano. La única persona que de verdad se preocupa por mí.

—Ya deja el tema, Daemon. Ahora saldré y fingiré ser un novio feliz. Bailaremos y…

—Bailarás solo —me interrumpe con un tono cansado—, porque Layla se fue.

Me giro al instante, para verlo. La confusión y la sorpresa se mezclan con la ira que ya estaba calentándose dentro de mí.

—¿Qué carajos? ¿Por qué hizo eso?

Daemon me mira con una expresión que no me gusta. Es como el recordatorio de que ha estado tratando de llamar mi atención y yo solo he ido a mi propio cuento.

Con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón, se encoge de hombros y frunce los labios.

—Digamos que ella también sabe sobre el regreso de Melissa. Ella y su hermana se fueron hace unos minutos.

Me recorre un escalofrío al escucharlo, pero me importa poco si Layla sabe que Melissa está de regreso, o si nos vio. Lo único que me interesa es la parte donde Daemon las vio y no hizo nada para evitar que se fueran.

—¿Por qué no las detuviste? ¿Qué carajos, Daemon? —Mi voz se eleva, pero no puedo evitarlo. La frustración me puede.

Él me mira con los ojos entrecerrados un segundo, luego cambia por una expresión más calmada y se encoge de hombros. Comienza a caminar hacia la puerta.

—Yo puedo lidiar con los problemas, Dante, llevo años haciendo lo que me toca sabiendo que puede no servir de nada. Pero tú hiciste esto para quedarte con tu negocio, para no perder todo por lo que has trabajado. No seas el imbécil que se pierde por una mujer. Melissa y tú han estado separados años, ¿qué más da otros más?

Aprieto los dientes para evitar responder. Puedo decir cualquier cosa, pero sé que tiene razón. Daemon no dice o hace nada que no considere correcto. Y dentro de todo, por más molestia que yo pueda sentir, soy consciente de los riesgos.

Le dije a Melissa que tenía el divorcio preparado para que no molestara más, y porque no puedo ventilar las condiciones de mi matrimonio con Layla. Pero no soy estúpido, y sé muy bien que esto no serán solo unas semanas o pocos meses. Esto va a tomar años.

Veo cómo Daemon sale de la habitación y no lo detengo.

Abro y cierro mis manos, como una manera de controlarme, pero al final termino quitándome la jodida pajarita con rabia y la lanzo al suelo. Me jalo el pelo hasta que me duele la puta cabeza.

Melissa y yo pasamos años separados por culpa de Layla. No puedo olvidarlo, por más que he intentado dejar todo atrás. Ahora estoy obligado a convivir con ella, con la mujer que no es más que una arpía para mí, y dándole el gusto de haberse salido con la suya.

Pero no me quedaré de brazos cruzados. Esta me la pagará con creces, porque voy a demostrarle lo mucho que todavía me debe.

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