CAPÍTULO CUARENTA Y TRES

Podía escuchar un suspiro de alivio y noté que el dolor parecía haber desaparecido. —¿Estás bien?— pregunté de nuevo, honestamente asustado de hacerle esa pregunta.

—Tu bebé parece haberse calmado— murmuró, recostándose un poco. —¿Puedo?— preguntó, solicitando reclinar el asiento, a lo cual accedí ...

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