Capítulo 3 Territorio Marcado

A la tarde siguiente, Camila regresó al imponente edificio del Grupo Marrufo. Cada paso que daba por ese vestíbulo de mármol le provocaba un dolor agudo en el pecho. Este era el mismo lugar donde ocho años atrás la habían humillado públicamente y expulsado como a una delincuente. Ahora regresaba con un solo propósito claro y obsesivo: destruirlos a todos.

La reunión sería más informal, en la terraza privada del piso 30 con una vista panorámica de la ciudad. Sebastián ya la esperaba. Al verla llegar, se levantó rápidamente y le dio un beso en la mejilla que duró más de lo necesario, invadiendo su espacio.

—Camila… cada vez que apareces, mi día mejora notablemente —dijo con voz cálida y profunda, mirándola con un deseo que ya no disimulaba.

Ella sonrió con frialdad profesional, pero por dentro sentía una tormenta violenta. Verlo tan cerca le recordaba todas las noches que había llorado por su traición, todas las veces que se había preguntado por qué no la defendió cuando más lo necesitó.

Se sentaron. La conversación fluyó con facilidad. Sebastián no dejaba de halagarla: comentaba lo brillante que era su propuesta, lo elegante y segura que se veía, y lo refrescante que era su compañía en medio de su vida complicada. Camila jugaba su papel a la perfección: inteligente, seductora y con la dosis justa de calidez para mantenerlo enganchado. Cada palabra, cada mirada, tenía un objetivo claro: acercarlo lo suficiente para poder destruirlo después.

De pronto, una voz cargada de veneno interrumpió el momento:

—Sebastián, cariño… ¿no me vas a presentar a tu nueva “socia”?

Amanda Ferrer apareció en la terraza, alta, rubia y extremadamente elegante. Se colgó posesivamente del brazo de Sebastián y miró a Camila de arriba abajo con desprecio evidente.

Camila sintió que la sangre le hervía. Esa mujer había sido una de las principales responsables de su destrucción ocho años atrás. Fue Amanda quien filtró las mentiras más crueles y quien más disfrutó viéndola caer.

—Amanda, ella es Camila Vale, una importante inversionista —dijo Sebastián, visiblemente incómodo.

—Qué interesante —respondió Amanda con tono falso y hostil—. Últimamente pasas mucho tiempo con tus “inversionistas”. ¿Debería preocuparme, cariño?

Durante los siguientes minutos, Amanda marcó territorio de forma agresiva: acariciaba el brazo de Sebastián, lo llamaba “amor” constantemente y lanzaba comentarios indirectos cargados de advertencia hacia Camila. Esta observaba todo en silencio, pero por dentro su odio crecía como un incendio.

Notó algo clave: Sebastián parecía cansado, resignado y hasta fastidiado de Amanda. En ese preciso momento, Camila tomó una decisión definitiva y fría. No solo iba a destruir a Sebastián. También iba a destruir a Amanda Ferrer. Las dos personas que más le habían hecho daño pagarían con creces.

La reunión terminó en un ambiente tenso y cargado de electricidad. Amanda, claramente molesta, se llevó a Sebastián casi a la fuerza con el pretexto de una cena familiar.

Una vez sola en la terraza, Camila se acercó a la barandilla y miró la ciudad que se extendía a sus pies. Las lágrimas de rabia amenazaron con salir, pero las contuvo.

—Ocho años de dolor —susurró con voz temblorosa pero llena de determinación—. Ocho años de lágrimas, de humillaciones y de noches sin dormir. Juré que regresaría y ahora estoy aquí. Voy a hacer que te enamores de mí, Sebastián. Voy a hacer que confíes ciegamente en mí. Y cuando estés completamente perdido… te voy a quitar todo.

Esa misma noche, en la privacidad de su lujoso apartamento, Camila se quitó los tacones, se sirvió una copa de vino y abrió su laptop. No solo continuó investigando al Grupo Marrufo. Ahora profundizaba sin piedad en los secretos de Amanda Ferrer: sus negocios turbios, sus deudas ocultas y sus relaciones peligrosas.

Una sonrisa lenta y peligrosa se dibujó en sus labios mientras la pantalla iluminaba su rostro en la oscuridad.

Pero lo que Camila no sabía era que, en las sombras de la ciudad, alguien más la estaba observando atentamente… y ese alguien no era quien ella esperaba.

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