Capítulo 5 Sangre y Traición

Dos días después de la intensa cena en “Le Jardin”, Camila recibió una invitación inesperada para una cena privada en la mansión familiar de los Marrufo. Sebastián le había dicho que sería una reunión informal para cerrar los detalles de la inversión. Lo que no le mencionó era que su hermano menor, Rubén, también estaría presente esa noche.

Cuando llegó a la enorme y lujosa residencia, el ambiente ya se sentía cargado de tensión. Sebastián la recibió en la entrada con una sonrisa cálida y una mirada llena de deseo contenido. Pero apenas entraron al gran salón principal, apareció él.

Rubén Marrufo. El hermano menor. Alto, de cabello negro ligeramente más largo y rebelde, ojos verdes más penetrantes y una presencia peligrosa y arrogante que contrastaba con la seriedad de Sebastián. Camila nunca lo había conocido personalmente, pero sabía de su reputación como el “rebelde” de la familia.

En cuanto Rubén la vio, se quedó congelado por un segundo. Sus ojos recorrieron su figura con un interés descarado y hambriento.

—Vaya… —dijo con una sonrisa ladeada y peligrosa—. ¿Y tú quién eres, belleza?

Sebastián se tensó visiblemente.

—Rubén, ella es Camila Vale. Está trabajando con nosotros en una inversión importante. Camila, mi hermano menor.

Rubén se acercó sin prisa, tomó la mano de Camila y la besó en el dorso, demorándose más de lo necesario, rozando sus labios con clara intención.

—Encantado, Camila. Ahora entiendo perfectamente por qué mi hermano ha estado de tan buen humor últimamente.

La cena comenzó en un ambiente tenso. Rubén no dejaba de coquetear abiertamente: le hacía cumplidos directos, rozaba su mano “accidentalmente” y lanzaba comentarios provocadores. Sebastián intentaba mantener la compostura, pero su mandíbula estaba apretada y sus ojos echaban chispas de celos.

—Rubén, suficiente —dijo Sebastián en voz baja pero firme cuando su hermano se inclinó demasiado cerca de Camila.

—¿Qué? Solo estoy siendo amable —respondió Rubén con una sonrisa burlona—. ¿O es que ya la has marcado como tuya, hermano? Siempre tienes que quedarte con todo lo bueno.

La discusión subió de tono rápidamente. Los dos hermanos se enfrentaron con palabras cargadas de resentimiento acumulado durante años. Camila observaba todo en silencio, disfrutando internamente. Esto era mucho mejor de lo que había planeado en su venganza.

En ese preciso momento, Amanda entró al salón con paso firme y elegante.

—¿Qué está pasando aquí? —preguntó con voz cortante—. Se escucha la discusión desde el pasillo.

Tanto Sebastián como Rubén se quedaron en silencio absoluto. La tensión era tan densa que se podía cortar con un cuchillo.

Amanda miró a Camila con desconfianza evidente y luego a los dos hermanos.

—Entiendo… —murmuró con una sonrisa falsa y venenosa—. Siempre hay una mujer de por medio cuando pelean.

La cena terminó de forma incómoda y apresurada. Sebastián acompañó a Camila hasta la puerta, disculpándose en voz baja por el comportamiento de su hermano. Rubén, desde el fondo del salón, no dejaba de mirarla con interés.

Camila fingió marcharse, pero minutos después regresó a la mansión. Había “olvidado” su bolso en el salón, una excusa perfecta. Mientras caminaba por los pasillos poco iluminados, escuchó voces susurradas. Se escondió detrás de una columna y los vio.

Rubén tenía a Amanda acorralada contra la pared en un pasillo oscuro. La sujetaba por la cintura con posesión salvaje y la besaba con fuerza y pasión prohibida. Amanda correspondía el beso con la misma intensidad, aferrándose a su camisa y gimiendo suavemente contra sus labios.

—No es nada —susurró Rubén contra su boca—. Esa Camila solo es un capricho pasajero de Sebastián. Tú y yo seguimos teniendo nuestro trato. Nadie lo va a descubrir.

Amanda lo besó de nuevo, más agresiva.

—Más te vale —murmuró ella—. Si me traicionas…

Camila, oculta en las sombras, lo vio todo con los ojos muy abiertos. Una sonrisa lenta, fría y extremadamente peligrosa se dibujó en sus labios. Ahora tenía una ventaja enorme: conocía el secreto más oscuro de la familia. Rubén y Amanda eran amantes desde hacía tiempo.

Regresó a su auto en silencio, con el corazón latiendo de emoción y adrenalina. Su venganza acababa de volverse mucho más letal y poderosa. No solo iba a destruir a Sebastián. También iba a destruir a Amanda y a Rubén. Tenía todas las piezas del rompecabezas.

Esa noche, en la soledad de su apartamento, Camila se sirvió una copa de vino y se sentó frente a la ventana. Mirando la ciudad iluminada, se repitió una y otra vez su promesa de venganza:

—Ocho años de dolor. Ocho años de lágrimas y humillaciones. Juré que regresaría y ahora estoy aquí. Voy a hacer que paguen todo lo que me hicieron.

Pero lo que Camila aún no sabía era que Rubén, desde una de las ventanas de la mansión, la había visto salir… y una sonrisa oscura se dibujaba en su rostro.

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