Capítulo 6 La Primera Grieta

A la mañana siguiente, Camila no perdió el tiempo. Después de descubrir el secreto entre Rubén y Amanda, decidió acelerar su plan. Pidió una reunión urgente con Sebastián en su oficina privada del Grupo Marrufo. Cuando entró, él la recibió con una sonrisa esperanzada, pero ella no le dio espacio para coquetear.

—Tenemos que hablar de negocios de verdad —dijo con tono serio y directo, dejando una carpeta gruesa sobre su escritorio—. He descubierto irregularidades graves en las finanzas del grupo.

Sebastián frunció el ceño y abrió la carpeta. A medida que leía los documentos, su rostro fue cambiando. Eran pruebas concretas: transferencias sospechosas, cuentas offshore y movimientos que apuntaban directamente a Amanda Ferrer.

—¿Qué es esto? —preguntó con voz tensa, levantando la mirada.

Camila se inclinó hacia adelante, mirándolo fijamente a los ojos. Su voz salió fría y cargada de años de dolor acumulado:

—Tu novia, Sebastián. Amanda ha estado desviando dinero del grupo durante años. Mientras tú te hundías en el alcohol y la depresión después de la muerte de tu padre, ella te robaba a tus espaldas… junto con tu hermano.

Sebastián palideció. Sus manos empezaron a temblar mientras revisaba los papeles.

—Esto no puede ser verdad… —murmuró, pero su voz se quebró. En el fondo sabía que sí lo era.

Camila sintió una satisfacción oscura, pero también un dolor profundo. Verlo así le recordaba al hombre que una vez amó, pero rápidamente aplastó ese sentimiento. Recordó las noches en las que lloró sola, las humillaciones públicas, la traición que casi la destruye.

—Te traicionan en tu propia casa —continuó ella con voz firme—. Tu hermano y tu novia se acuestan a tus espaldas y te roban. ¿Vas a seguir siendo el mismo cobarde de hace ocho años? ¿El que se quedó callado mientras destruían a una mujer inocente frente a todos?

Las palabras salieron más afiladas de lo que pretendía. Sebastián levantó la mirada bruscamente, confundido y herido.

—¿Qué acabas de decir? ¿Cómo sabes eso?

Camila sintió que el corazón le latía con fuerza. Había revelado demasiado, pero ya no podía ni quería retroceder. El odio que llevaba ocho años conteniendo estaba saliendo a la superficie.

—Digo que eres un cobarde, Sebastián. Siempre lo has sido. Hace ocho años permitiste que me humillaran, que me llamaran puta y ladrona frente a toda tu familia. Te quedaste callado mientras me sacaban de tu vida como si fuera basura. ¿Y ahora quieres que te salve?

Sebastián se levantó de golpe, con los ojos llenos de shock y dolor.

—¿Quién eres tú realmente, Camila?

Ella dio un paso hacia él, con la mirada ardiendo de rabia y lágrimas contenidas.

—Mi nombre real es Camila Morales. La misma mujer que amaste y luego abandonaste. La misma que juró que volvería para cobrarse cada lágrima, cada humillación y cada noche de sufrimiento que me causaste.

El silencio que siguió fue devastador. Sebastián retrocedió como si lo hubieran golpeado en el estómago. Su rostro se transformó en una mezcla de incredulidad, culpa y profundo arrepentimiento.

—Camila… —susurró con voz quebrada—. No… Dios mío, no puede ser…

—Lo es —respondió ella con voz temblorosa pero llena de determinación—. Y ahora voy a cobrarte todo, Sebastián. Voy a hacer que te enamores perdidamente de mí. Voy a hacer que confíes ciegamente. Y cuando estés completamente roto y dependiente… te voy a quitar todo lo que tienes. Tu empresa, tu familia, tu orgullo y tu corazón. Exactamente como tú me lo quitaste a mí.

Sebastián cayó sentado en su silla, completamente destruido. Por primera vez en ocho años, Camila vio lágrimas en sus ojos.

—Perdóname… por favor —suplicó con voz rota—. No sabía… no entendí lo que estaba pasando aquella noche.

Camila sintió un nudo en la garganta, pero no cedió. Se acercó y lo miró desde arriba con frialdad.

—El perdón no existe para gente como tú. Ocho años de dolor no se borran con una disculpa.

Salió de la oficina dejando a Sebastián destrozado. Una vez en el ascensor, las lágrimas que había contenido rodaron por sus mejillas. El odio seguía allí, pero también sentía un dolor profundo. Su venganza estaba funcionando… pero ¿a qué precio?

Esa misma noche, mientras Camila revisaba nuevos documentos en su apartamento, recibió un mensaje desconocido:

“Sé quién eres. Y sé lo que estás haciendo. Si sigues, alguien más va a sufrir.”

Camila se quedó mirando la pantalla con el corazón acelerado. El juego acababa de volverse mucho más peligroso de lo que imaginaba.

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