Capítulo 2 Capítulo 2

Un año atrás

Cae la noche y es la hora de que los niños duerman luego de un día agitado, ya listos todos, se reúnen una última vez en el día para decir sus oraciones. La madre superiora permanece de pie frente a los niños, mientras que las otras seis monjas se encuentran a los lados, luego de indicarles que cierren los ojos e inclinen sus rostros… la oración comienza.

Ángel de mi guarda,

dulce compañía,

no me desampares,

ni de noche ni de día,

no me dejes solo, que me perdería,

hasta que me pongas, en paz y alegría,

con todos los santos, Jesús y María,

te doy el corazón y el alma mía

que son más tuyos que míos.

Amen.

—Bien niños, suban de descansar— ordena la anciana luego de terminar la oración.

Luego de que las luces son apagadas y de que las monjas se retiraran a sus aposentos, en el orfanato se escucha un pequeño sonido proveniente de la puerta principal, la cual es abierta cuidadosamente para no provocar mucho ruido. La persona que ingresa a la vivienda, lleva sus zapatos en sus manos, mientras sube las viejas gradas de madera que chirrean al sentir su peso; al llegar a la planta alta, se dirige por los pasillos hacia las habitaciones de las niñas, consiente de cuál es la busca.

— ¡Mami! —exclama la niña con emoción mientras se incorpora en la cama.

Al fin llega, lleva horas esperando su llegada con ansias. La mujer sonríe igual de contenta mientras se acerca a la cama, la escasez de luz les impide ver con claridad, pero ambas ya están acostumbradas a ello. La mujer arriba hasta donde su hija, y la abraza con ternura mientras le recuerda que debe hacer el menor ruido posible.

Con cuidado de no incomodarla en la pequeña cama, se acomoda en una esquina para que la niña pueda acurrucarse a ella, deposita tiernos besos en su frente y luego acaricia su cabello con ternura, la niña le pide que cante una canción, como lo hace todas las noches; la misma canción de todas las noches, su favorita.

A la nanita nana nanita ella nanita ella

Mi niña tiene sueno bendito sea, bendito sea

Fuentecita que corre clara y sonora

Ruiseñor que en la selva cantando llora

Calla mientras la cuna se balancea

A la nanita nana, nanita ella

—Quiero que descanses, mi niña hermosa— le susurra mientras acaricia su mejilla, para luego depositarle un tierno beso en la misma.

—Mami, ¿te quedarás a dormir conmigo? —pregunta dibujando un tierno puchero con sus labios, intentando persuadirla.

—No bebé, mami se tiene que ir, debe trabajar —dice acariciando su cabello—. Tú, solo duerme y sueña, yo mañana regresaré a cantarte para dormir.

—Te amo, Mami —le dice sonriendo antes de recostar su cabeza en su pecho para luego bostezar.

Lentamente la pequeña se va quedando profundamente dormida. La mujer sonríe enternecida mientras la observa sujetar su muñeca con fuerza, sabe que ella no duerme sin que le canten y sin esa muñeca. Entorna sus ojos mientras observa su reloj de manos; a pesar de la escaza luz, logra visualizar la hora: diez y treinta cinco de la noche. Dirige nuevamente su mirada hacia su hija y las lágrimas se acumulan en sus ojos de solo pensar en que tiene que irse nuevamente, sin ella.

Súbita, se pone de pie, besa la frente de su hija y la cubre con una manta antes de salir de la habitación, cuidando con todas sus fuerzas no provocar ningún ruido para no asustar a los moradores del orfanato. Aunque esa acción resulta casi inútil.

—Tú haces que ella no se acostumbre a este lugar.

Escucha una voz, una vez que sus pies descalzos tocan el suelo de la planta baja. Su cuerpo entero se estremece y rápidamente gira su cabeza en dirección de donde ella cree que pudo venir la voz, pero no logra ver nada más que las paredes, hasta que una luz se enciende y del umbral de la cocina se asoma una mujer vestida con una bata de color melón.

—Madre superiora— saluda a la chica, inclinando la cabeza en forma de respeto hacia la mujer frente a ella.

—Katherine, dime qué es lo vamos a hacer contigo y con tu hija, los niños que vienen aquí son para ser adoptados en algún momento— comenta levemente mientras se acerca un poco a ella.

La chica amplía los ojos y un escalofrío recorre su cuerpo al escuchar esas palabras, el solo pensamiento de que den a su hija en adopción la horroriza.

—Por favor madre superiora, solo le pido tiempo, prometo que conseguiré un trabajo mejor y la llevaré a vivir conmigo. Por favor— suplica juntando sus manos en forma de ruego.

La anciana suelta un suspiro antes de verla detenidamente, obviamente ella no está en condiciones de criar a esa niña, no tiene ni siquiera un lugar para poder vivir.

—Eres muy joven Katherine, tu trabajo es muy peligroso... Solo mírate —dice señalándole algunos de los moretones que ella posee en su brazo—. ¿No crees que sería mejor permitir a personas que no pueden tener hijos que la críen y le den un buen hogar?

Sus ojos se cristalizan ante la pregunta, tal vez sea un poco egoísta de su parte, pero no quiere que su hija le diga mamá a otra. Es su hija, su pequeña a la que ama con toda el alma. No quiere perderla, ella es todo lo que tiene.

—No puedo dejarla ir— solloza y las lágrimas comienzan a correr por sus mejillas. Suelta un jadeo mientras limpia su rostro con brusquedad, sintiéndose realmente avergonzada.

La mujer la observa fijamente, intentando comprenderla; pero sin ningún éxito, amar a una persona representa buscar siempre lo mejor para ella, aunque al hacerlo representase mucho dolor.

— ¿Ya comiste algo?

—No tengo hambre, solo vine a cantarle para que pueda dormir, ahora debo irme —se despide con la mano, mientras abre la puerta—. Gracias por cuidarla—dice sonriendo con tristeza antes de salir cerrando la puerta tras ella.


La pequeña Katy, se encuentra acostada en su cama abrazando su muñeca mientras espera a su madre, sus compañeros de habitación ya están dormidos, ya que son pasadas las once de la noche, pero ella no puede dormir, no si su madre no está ahí para cantarle.

No le gusta ese lugar, prefería estar en el viejo apartamento donde su madre y ella solían vivir, pero un día un hombre llegó y les dijo que tenían que desalojarlo, su madre lloraba por no tener un lugar donde vivir así que la llevó allí, pero ella no podía quedarse así que le prometió que iría todas las noches a cantarle. Ya es demasiado tarde, y el sueño la abraza; no puede dormirse sin que su mamá le cante, ella llegará. Aunque es muy extraño, pues esta última nunca había tardado tanto

Decidida a no dormirse, se levanta de su cama y se coloca sus pequeñas zapatillas, lentamente se dirige hacia la ventana de la habitación y observa el exterior. Nada, su mami aún no aparece. No le queda otra opción, si su madre no llega, irá hacía ella.

Toma su muñeca y camina de puntillas fuera de la habitación, baja las gradas hasta llegar a la planta baja y luego se dirige hacia la puerta. Trata de abrirla, pero se encuentra cerrada con llave, ¿será por eso que su mami no pudo entrar? Vuelve a subir las estrechas gradas de madera y avanza nuevamente hacia la habitación. Al sentarse en su cama, sus ojos se cristalizan y un sollozo se escapa de sus labios, está realmente asustada, y teme que su mami se haya olvidado de ella.

De pronto, una fresca brisa sopla en la habitación, observa la ventana por cuestión de segundos mientras siente como las lágrimas corren por sus mejillas, inmediatamente, una extraña idea se cruza por su mente. Se pone de pie rápidamente, casi saltando de la cama, toma su muñeca de la cama y se dirige hacia la ventana. Al asomarse a través de esta, se encontró una vieja escalera de metal pegada a la pared lejana por unos centímetros. Muerde su labio inferior nerviosa antes de inclinarse hacia la ventana y sacar primeramente un pie y luego el otro, parada en el pequeño borde que sobresale de la pared, estira su mano hasta alcanzar la escalera para luego abalanzarse hacia ella, en el proceso su muñeca cae, pero no se angustia porque sabe que en unos segundos podrá recuperarla.

Cuando al fin sus pequeños pies tocan el suelo, una enorme sonrisa pinta sus labios, rápidamente corre hacia el lugar donde cayó su muñeca y la toma para luego abrazarla con fuerza, camina a paso rápido hacia la entrada, pasando de lado al guardia de seguridad que ronca ruidosamente. Consigue salir por el enorme portón sin ningún problema.

Las calles se encuentran desoladas, y a pesar de esto, ella no siente miedo. Está acostumbrada a las calles, casi siempre tenía que regresar tarde a casa con su mami, aunque no sabe que nunca en su vida eso ocurrió a la una de la madrugada

Camina aproximadamente siete cuadras y ya se siente cansada, sus pies le queman y daría cualquier cosa por un vaso con agua, pero debe encontrar a su mamá, no puede rendirse. Sigue caminado cada vez más lento y su muñeca la lleva casi a arrastras, sus parpados le pesan y siente mucho sueño. Un pequeño puchero se apodera de sus labios al mismo tiempo que estos comienzan a temblar advirtiendo que pronto comenzara a llorar. Se perdió.

Avanza unos cuantos pasos más, hasta que su muñeca se resbala de su mano, un sollozo se escapa de sus labios mientras se inclina para recogerla, comienza a sentir mucho miedo, hasta que escucha una ruidosa música. Rápidamente busca con la mirada el lugar de donde proviene, y entonces, localiza un enorme local del cual resplandecen luces muy coloridas. En las afueras de este, hay muchas personas y entre ellas una fila de mujeres, entre las cuales se encuentra esa persona que tanto deseaba encontrar

— ¡Mami! —grita emocionada, olvidando su cansancio y corre hacia ella

La mujer palidece totalmente y siente que su espíritu abandona su cuerpo por cuestión de segundos. El miedo se apodera de su sistema al ver a su hija ahí. Rápidamente deja la fila y corre hacia ella con el corazón en su mano.

— ¡Katy por Dios!, Pero ¿cómo?, ¿qué haces aquí? —cuestiona mientras cae de rodillas frente a ella y la braza con fuerza.

Un sollozo traicionero se le escapa, se separa un poco de la niña y con sus manos temblorosas comienza a revisarla para asegurarse que no le haya pasado nada malo en el camino, al ver que todo está en orden, suspira de alivio.

—Mami, no llegaste a cantarme— reprocha la niña.

—Oh, cariño— dice la mujer con tristeza mientras la abraza nuevamente—. Pero no tenías que escaparte, el camino es muy peligroso y más a esta hora.

La niña baja la mirada sintiéndose realmente triste, no quiere que su madre esté enojada con ella, solo quiere verla y abrazarla. Katherine parece leer sus pensamientos y sin dudarlo la abraza con fuerza, sus manos le tiemblan, está muy asustada y su cuerpo entero se tensa cuando escucha una voz masculina a su espalda.

— ¿Kath?

Frente a ellas se encuentra un hombre caucásico, enorme y musculoso, con su brazo derecho repleto de tatuajes, Katy amplía los ojos, observando curiosa al hombre frente a ella. La vista del hombre viaja del rostro de Kath hacía la niña que se encuentra aferrada a ella, frunce el ceño.

—Trey, puedo explicarlo— dice Kath poniéndose de pie frente a la niña de manera protectora.

— ¿Qué hace una niña aquí? — pregunta apretando los dientes.

—E-ella es... mi hija, te dije que tengo una hija— responde temblorosa y asustada—. No puede dormir sin que le cante—. Intenta explicar, pero es interrumpida por el hombre que aprieta sus manos en puños mientras avanza un paso hacia ellas.

— ¡Eso es una estupidez! —grita y ambas se sobresaltan—. Te he dicho que no pueden venir niños aquí.

—Por favor Trey, sólo déjame llevarla a dormir, no me tomará mucho— suplica con temor ante la mirada de enojo que éste le dedica.

—Si te tomará tiempo, ¿sabes cuánto podrías ganar en ese tiempo que te llevará llevarla a no sé dónde?

—Por favor, no hables de esto frente a ella, te prometo que lo compensaré, por favor— suplica nuevamente.

—Ve, pero tendrás que trabajar horas extras—dice seriamente antes de darle la espalda y volver por donde había llegado.

Kath suspira de alivio, rápidamente carga a su hija en brazos y la coloca en su cadera para luego comenzar a caminar a toda la velocidad, hasta que su cansado cuerpo le permita alejarla de ese ambiente.

Avanza por las calles solitarias muy temerosa de que algo pueda pasar, son casi las dos cuarenta de la madrugada.

¿Cómo pudo una niña de seis años escaparse de un orfanato y llegar tan lejos sola?

Realmente ya no sabe qué hacer con su pequeña, su horrible trabajo no le permite ir a cantarle por las noches, todo se está complicando y la desesperación crece en ella a medida que pasan los días y nota que aún no consigue ni la mitad del dinero que necesita para al fin poder mudarse con su hija a un mejor lugar.

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