Capítulo 4 Capítulo 4

—Mami, ¡Vamos! —grita la menor con emoción mientras camina dando saltitos, tomada de la mano por el hombre de traje.

El rostro de la niña refleja mucha emoción ante la idea de ir de paseo con su madre, lo extrañaba tanto. Desde que se mudó al orfanato solo ha podido verla un poco en la noche. Pero su madre no muestra la misma emoción, al contrario, el corazón de Kath comienza a latir a mil; no sabe qué hacer ante la situación que se representa. Conoce las intenciones de ese hombre. Nadie que consulte a Trey es una persona decente.

— ¡Vamos Kath!— grita el hombre esbozando una sonrisa burlona ante la expresión de preocupación en el rostro de la mujer—. Nos divertiremos como nunca.

Katherine suspira profundo tratando de encontrar valor para enfrentarlo, no lo permitirá, no permitirá que ese hombre se lleve a su hija. Es su pequeña a la que él planea llevarse y no lo permitirá, luchará por ella, aunque le cueste la vida.

— ¡Alto!— grita desde su lugar, el hombre junto a la niña y sus guardaespaldas se detienen al escucharla y giran sus cabezas en su dirección, esperando a que diga lo que tenga que decir—. Katy, ven acá, mi amor— se dirige a la pequeña, quien asiente con la cabeza e intenta obedecerla, pero el hombre no se lo permite al presionarle la mano con fuerza.

—Por favor Kath, solamente vamos a jugar un rato —insiste el hombre sonriendo con descaro mientras carga a la niña en sus brazos—. Además, planeo pagarte cada hora.

Kath amplía los ojos con horror al mismo tiempo que sus manos se cierran en puños al sentir que su sangre comienza a arder de enojo, su pulso se acelera y sabe que si no hace algo pronto, la vida de su hija peligrará. En un movimiento rápido arrebata el arma que Trey siempre lleva en su cinturón y les apunta con ella, los guardaespaldas rápidamente intentan sacar las suyas, pero ella les apunta a ellos también.

—Ni se les ocurra o les dispararé a todos— amenaza incluso a Trey quien levanta las manos en señal de paz.

—Pff, ella no le disparará a nadie— comenta el hombre burlón mientras acaricia el cabello de la niña.

Kath suelta un gruñido de frustración al verlo desafiarla de esa manera, y peor aún, al verlo tocar el cabello de su hija. Mantiene su mirada azuleja puesta en la griseada del hombre, demostrándole que no le tiene ni una pizca de miedo al quitar el seguro al arma y apuntarle a él. La sonrisa en el rostro del hombre desaparece al verla manipular el arma.

—Suelta a mi hija— ordena presionando su mandíbula al igual que su agarre en la empuñadura del arma.

La niña observa a su madre y posteriormente al hombre que la tiene en brazos, ella no está asustada, no entiende nada de lo que ocurre; para ella no es extraño ver un arma, su madre siempre tenía una guardada y le prohibía tocarla, como antes vivían en un lugar peligroso, su mamá siempre tenía un arma y le decía que era un juguete para adultos.

—No dispararás frente de tu hija— insiste volviendo a esbozar su irritante sonrisa ladina.

Kath pone los ojos en blanco soltando un suspiro exasperado, antes de disparar a un lado, muy cerca de los pies del hombre de traje, causando que todos se sobresalten.

— ¡Maldita sea!

— ¡Suelta a mi hija! —repite amenazante.

El hombre la observa sumamente molesto, una ira tan cercana; mientras, deposita a la niña sobre sus pies y se incorpora nuevamente sin despegar la mirada del rostro de la chica. La niña sonríe contenta mientras corre hacia su madre sin soltar su muñeca.

— ¡Mami ¿ya empezó el juego?! —cuestiona con inocencia.

—Katy mi amor, quiero que vayas a casa, ¿sí? —dice sin dejar de apuntarle a los hombres.

—Pero mami, yo quiero ir a jugar con ustedes—responde haciendo un puchero mientras patalea disgustada. No quiere volver allá, quiere quedarse con ella.

—Sí, Kath, la niña quiere jugar— replica el hombre sonriendo con picardía mientras arquea una ceja en dirección a la chica.

El cuerpo de Kath se estremece en gran manera y siente su sangre arder, desearía poder dispararle en ese momento y asesinarlo, pero no puede hacerlo, su hija está presente y aparte tendría muchos problemas con la policía.

—Katy, ve a casa, mamá tiene asuntos que resolver, pero iré tras de ti.

La niña hace un puchero con los labios, triste ante la idea de irse sola nuevamente al orfanato; no se supone que fuese así, se supone que su madre tiene que ir con ella a cantarle. Se aferra con fuerza a la pierna derecha de su madre y la abraza, al mismo tiempo que ella acaricia su cabello sin dejar de apuntarle a los hombres.

— ¿Iras a cantarme?— pregunta sin separarse de ella—. Mami ven conmigo, no quiero que te quedes.

Kath parpadea varias veces al escuchar la suave voz de su hija, la niña se muestra triste y eso le destroza el corazón, es por ella misma porque tiene que protegerla.

—Mi amor, te prometo que te iré a buscar, tú y yo viviremos juntas y felices para siempre — promete Kath bajando un poco la guardia para inclinarse y besar su mejilla. Se incorpora rápidamente al notar un pequeño gesto en uno de los guardias, sabe que debe estar alerta—. Ahora vete amor, corre y no te detengas hasta llegar ¿Ok?— ordena con voz temblorosa y las lágrimas acumuladas en sus ojos comienzan a rodar por sus mejillas mientras la niña voltea y se aleja de ella.

—Adiós señor— dice la niña con amabilidad mientras pasa del lado al hombre.

Éste se despide de ella con un gesto de mano, mientras su ceño permanece fruncido en dirección a la madre de la niña. Katy se detiene un minuto y se gira hacia su madre, esboza una pequeña sonrisa y se despide de ella agitando su mano, antes de girar nuevamente y comenzar a correr alejándose.

—Es peligroso que se vaya sola, Kath— señala el hombre, mientras prensa su mandíbula con fuerza y cierra sus manos en puños.

— ¡Calla! —grita la chica irritada.

Sus lágrimas se desbordan de sus ojos al repetir una y otra vez en su mente la escena de su hija despidiéndose de ella. No lo soportará, no podrá vivir sin su pequeño ángel. No importa lo que le haya dicho a la madre superiora el día anterior, se retracta, una y mil veces. No abandonará a su hija y cree saber una manera de lograr salir de esta situación.

—Deme las llaves de su auto... Y-Y todo... todo el dinero que tenga— ordena la mujer acercándose más al hombre y apuntándole al rostro. Sus manos tiemblan y está muy nerviosa, tiene miedo de que él lo note.

— Así que, ¿esto es un asalto? — pregunta el hombre arqueando una ceja, incrédulo.

—Tómelo como quiera, eso se gana por meterse con mi hija— responde Kath mientras toma las llaves de las manos de uno de los guardaespaldas y el dinero de la mano del hombre.

—Trey, ¿dejarás que se vaya? —pregunta el hombre frunciendo el ceño en dirección del que mantiene su mirada puesta en la chica.

— ¡No se mueva!, ni tú, Trey, porque estoy dispuesta a matar a cualquiera que se cruce en mi camino— amenaza intentando mostrar confianza en sí misma.

— Esto es absurdo, Trey mátala, o yo la mataré y luego a ti, saldrás perdiendo— amenaza de igual manera el hombre.

Kath observa de reojo a Trey, sabe que él no lo hará. Trey aparenta la imagen de un hombre rudo, pero por dentro en un sentimental de mierda, muy malo para su negocio.

—Ahora me iré, no me sigan o dispararé— continúa mientras avanza de espaldas en dirección al auto, asegurándose de que ninguno de ellos se atreva a moverse.

— ¡Te lo advierto Trey!— gruñe el hombre furioso una vez que la chica se aleja lo suficiente y ya no tiene un arma apuntándole a su bello rostro.

Trey suelta un gruñido mientras saca su otra arma apuntando directamente hacia Kath, quien ya se encuentra de espalda hacia ellos intentando llegar más rápido al auto. Está cada vez más lejos. Trey muerde su labio luchando consigo mismo, no la puede matar, no quiere hacerlo.

Kath corre lo más rápido que sus tacones de punta de aguja se lo permiten, su rostro refleja algo de emoción ante la esperanza de llegar al auto y salir de ese lugar, con los planes de buscar a su hija al día siguiente, y escapar de la ciudad para siempre. Eso la emociona, una nueva vida junto a su hija, lejos de ese mundo, lejos de todo lo malo.

— ¡Dispara!

El grito del hombre causa que Trey se sobresalte asustado ante la impresión y sin darse cuenta, aprieta el gatillo.

La orden del hombre llega a oídos de Kath, quien frena en seco y se voltea con la intención de apuntarle nuevamente, pero de pronto siente un horrible dolor, no sabe de donde proviene, no puede mantenerse de pie, pierde por completo el control de su cuerpo y cae.

— ¡Vaya, vaya, vaya!— el hombre se acerca, al lugar donde Kath se encuentra tendida, dando palmadas lentas—. ¿Creíste que te dejaría ir con mi auto y mi dinero?, nadie que se burla de mí sale ileso... ¿sabes que es lo peor?, que solo iba a divertirme un poco con ustedes y luego las devolvería sanas y salvas, y con una gran cantidad de dinero, pero tú, Kath, tú tenías que comportarte como una maldita sobreprotectora, bueno ahí tienes tu resultado— dice mientas se inclina hacia ella para hablarle al oído.

Kath se encuentra tenida en el suelo, boca arriba, comienza a dar bocanadas intentando respirar mientras presiona la herida de bala en su abdomen con la poca fuerza que tiene.

—Buscaré a tu hija, aunque se me haga difícil encontrarla, mataré a la persona con la que vive y la llevaré conmigo— dice sonriendo burlón.

El hombre se coloca sobre ella con las rodillas a los costados de su delgado cuerpo; se inclina hacia su rostro, le planta un beso en los labios disfrutando del sabor a hierro que estos poseen. Se incorpora un poco y la observa directamente a los ojos, realmente disfruta la escena, disfruta ver como lentamente el brillo en sus ojos va menguando poco a poco, al mismo tiempo que su vida se le escapa.

—La haré mía Kath, yo seré su papi— continúa provocándola, su voz se escucha ronca y áspera, y eso causa escalofríos en el cuerpo de la chica.

Con la intención de arrebatarle toda idea de irse en paz, el hombre continúa con su burla, ultrajando su cuerpo moribundo al frotarse descaradamente contra ella y luego pasar su lengua por su mejilla antes de comenzar a mordisquear su cuello. Las lágrimas se desbordan de los ojos de la chica y comienzan a rodar por sus mejillas mientras lo escucha, quiere moverse, quiere gritar por ayuda, pero su cuerpo no responde.

— ¡Ya es suficiente!— ordena Trey con frustración ante la escena, cierra sus puños con fuerza al sentirse impotente—. Está muriendo. ¿No lo ves?, Maldito enfermo— señala molesto.

El hombre de traje desvía su mirada hacia el rostro de Trey, una pequeña sonrisa ladina se dibuja en sus labios mientras dirige su mirada nuevamente hacia la chica y la observa, deseando guardar eternamente esa imagen.

—Es una lástima, era una de las mejores— comenta antes de levantarse y arreglar su saco, sonríe con burla mientras pasa de lado a Trey y le da un par de palmadas en su hombro—. Busca la manera de arreglar esto, y recuerda, yo no estuve aquí— dice guiñando un ojo antes de avanzar hacia su auto, acompañado de sus guardaespaldas.

El corazón de Kath bombea con tanta fuerza que su pecho duele, todo su cuerpo duele, pero duele más la idea de que no podrá salir de esta y volver a ver a su hija. El miedo la invade de pronto y comienza a sentir mucho frio. Sabe que no puede rendirse y lucha con todas sus fuerzas hasta lograr tomar el arma, intenta incorporarse, pero solo consigue ponerse de rodillas.

Trey la observa incrédulo, se encuentra estupefacto. Ella apunta directamente hacia el hombre, pero cuando aprieta el gatillo uno de los guardias empuja al hombre con agilidad, ayudándole a esquivar la bala, y el otro, en un movimiento rápido saca su arma y le dispara a Kath dándole nuevamente en el abdomen, causando su caída.

— ¡No! —grita Trey horrorizado mientras corre hacia ella—. Kath, responde. Por favor—suplica mientras se arrodilla a su lado y la sujeta con sus brazos.

—Ugh, Marica— murmura el hombre negando con la cabeza al ver la fragilidad de Trey. Pone los ojos en blanco mientras arregla nuevamente su saco, observa en dirección algunos de los espectadores y sonríe con malicia mientras les indica a sus guardaespaldas que es momento de irse.

— Kath de verdad lo siento, no fue mi intención, de verdad lo siento, yo... yo no quise dispararte, fui un imbécil, pero no te puedes morir kath, no te puedes rendir, piensa en tu hija— dice con lágrimas corriendo por sus mejillas mientras acaricia su cabello, apartando mechones de su rostro.

Él lo recuerda como si fuese sido ayer, Kath llegó a pedir trabajo, a él le encantó la chica, se veía tan inocente y tan pequeña, sintió que debía ayudarla. Con el pasar del tiempo se fue enamorando de ella, pero cuando se le declaró, Kath lo rechazó porque quería dejar esa vida para siempre y estando con él le sería difícil. A partir de ahí, sintió mucho resentimiento hacia ella por haberlo despreciado, y como venganza, comenzó a tratarla como a todas las demás, e incluso permitió que el hombre de traje la contratara, aun sabiendo lo que le esperaría. Eso jamás podrá perdonárselo.

— ¿Kath?

Trey coloca su dedo tras la oreja de la chica en busca de su pulso, su corazón se acelera y la desesperación crece en él al no sentirlo, no hay pulso, Kath murió.

—Kath por favor no hagas esto, le prometiste a tu hija volver, ¡Kath!— grita desesperado mientras sacude con fuerza el delgado cuerpo entre sus manos.

A los lejos comienza a escucharse el sonido de las patrullas, viene la policía y Trey no puede estar allí, ya que se encuentra en libertad condicional. Las pocas personas que presenciaron todo, comienzan a correr para tratar de alejarse, se escuchan gritos, personas chocando entre sí y algunas otras cayendo con brusquedad contra el suelo. Trey permanece arrodillando sobre el pavimento, envolviendo el cuerpo de la chica con sus brazos mientras la pega contra su pecho con fuerza y de manera protectora, hasta el ruido de las personas a su alrededor cesa por completo y las sirenas de las patrullas se escuchan cada vez más cerca.

—Kath de verdad lo siento— solloza.

Lentamente la deposita nuevamente sobre el pavimento, luego de besar su mejilla, sorbe su nariz mientras observa sus manos y su corazón, se encoge en su pecho al ver la sangre sobre estas. El llanto se hace presente mientras se pone de pie, observa una última vez a la chica y luego comienza a correr, y correr, y correr lejos, dejando ahí el cuerpo inerte.

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