Capítulo 8

Habían pasado otras dos semanas, y aunque me sentía perfectamente bien, solo unos pocos calambres aquí y allá, que eran normales, estaba empezando a perder la cabeza por el aburrimiento.

Lo sé. Tenía todo lo que cualquiera podría desear en una casa: comida, televisión, un teléfono, incluso una pisc...

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