CAPÍTULO 328

ALINA

Alexander me acomodó en la cama y de inmediato empezó a trajinar con las almohadas, como si el ángulo exacto de mi cabeza pudiera determinar el resultado de todo el parto.

—¿Así estás cómoda?

—Sí.

Acomodó otra almohada.

—¿Y ahora?

—Sí.

Volvió a esponjar la primera.

—¿Ahora?

—Alexander...

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