Capítulo 30 El sabor de lo prohibido

Entré en la habitación sin llamar, Natalia estaba sentada sobre la cama, al verme, levantó la mirada.

Sonreí.—Buena chica.

Ella no apartó los ojos de mí.—Aprendí del mejor.

Mi sonrisa se amplió.

—Solo que tu hijo no me complace como tú.

La miré con atención, había algo en ella que me divertía, ...

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