CAPÍTULO OCHENTA Y CUATRO; DESTRUYENDO LA BÓVEDA

CORTANDO EL PASTO

Cortar el pasto tampoco sirve de nada, vuelve a crecer, y el único lugar que sigue despejado es donde se encontró el libro, donde se derramó la sangre de Cierra cuando la apuñalaron.

Como si pensáramos lo mismo, Cierra y yo nos miramos con el ceño fruncido. Ambos nos habíamos uni...

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