Capítulo 38 La sombra de la traidora

El apartamento de Alfama se sentía cada vez más como una celda de cristal, un refugio que olía a humedad, café rancio y la pólvora que aún parecía impregnada en la piel de Clara. El silencio de la madrugada en Lisboa solo era interrumpido por el zumbido constante del ventilador del ordenador portáti...

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