Capítulo 40 El precio de seguir vivo

El patio de máxima seguridad de Soto del Real olía a sudor, tabaco rancio y violencia contenida. Bajo el sol abrasador de la mañana, los internos se distribuían por grupos perfectamente definidos: cada metro de hormigón tenía dueño.

Pedro permanecía apoyado contra un muro, observando en silencio. No...

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