Capítulo veinticinco

Me senté en la silla preguntándome por qué estaba tan apurado. La puerta se abrió de nuevo y lo que vi me dio la sorpresa de mi vida.

Abrí la puerta. —¡Alyssa!— exclamé. Estaba sentada en una silla con las manos y piernas atadas en esa pequeña y sucia habitación. Había otro joven en el suelo desnud...

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