Capítulo cuarenta y cuatro

El día avanza a un ritmo tortuoso mientras trato de concentrarme en las palabras de los libros frente a mí, estornudando por el polvo en sus páginas y odiando el silencio de mis compañeros. Una vez que le ordené a Cosimo que se levantara del suelo y se sentara en algún lugar de la mesa, nadie más qu...

Inicia sesión y continúa leyendo