CAPÍTULO CIENTO VEINTICUATRO

—¿Irte? —preguntó el hombre con el ceño fruncido—. ¿Hay algo que no te guste? Mara, ¿por qué no estás cuidando adecuadamente a nuestra invitada? —gritó enojado a la inocente chica.

—¡No! No, no hay nada malo. Ella ha sido increíble, no es eso —protesté, sintiéndome muy mal por ser la razón por la q...

Inicia sesión y continúa leyendo