CAPÍTULO CIENTO CINCUENTA

Los últimos tres días han sido un torbellino para mí.

Desde que Alaric regresó con la peor fiebre del mundo, me quedé con él, incluso llegué a rezar para que se curara.

Estaba acostado boca abajo y cada vez que miraba esa herida que no sanaba en su espalda, mi corazón se rompía en dos.

Ningún eli...

Inicia sesión y continúa leyendo